




Las riquezas de los pueblos
La riqueza fundamental de un pueblo está en los seres humanos que habitan su territorio, pues son los únicos que pueden crear soluciones para problemas nuevos, incluyendo el propio problema de descubrir los elementos que generarán futuros problemas. En otras palabras, son los únicos que pueden prever el futuro creativamente, en base al conocimiento del pasado y del presente, e incluso anticipar soluciones para problemas futuros que podrían estarse generando fuera de nuestra propia historia.
En gran parte de la historia de la humanidad, que en realidad es su prehistoria, y en los tiempos presentes, los economistas tratan el factor humano como el ser humano y su acción productora, como “recurso humano”. Esta es la suprema cosificación del ser humano: es animal de carga o de cultivo, es productor y reproductor de fuerza de trabajo, es siervo dócil, es máquina inteligente, es máquina peligrosa cuando pierde la paciencia y reclama sus derechos, etc. Solamente pocos religiosos y humanistas consideran al ser humano como un todo inmensamente perfeccionado y perfeccionable, dotado de voluntad, de creatividad y del sentido de los valores, que no puede ser cosificado sin grande desmedro ético y sin pérdida de la comprensión de la tarea humana.
Consideramos así a los seres humanos que viven en el Perú, en su conjunto y en cada caso individual, como los actores del drama consistente en vivir aquí y ahora plenamente pero de modo que sea posible construir creativamente las posibilidades de existencia de los peruanos de las generaciones futuras. Así, nuestra alegría de vivir no puede llegar hasta agotar el patrimonio de quienes vivirán después.
Los pueblos pueden supervivir a la pérdida de su territorio, al agotamiento de sus riquezas y hasta a la persecución, pero se extinguen en el momento en que sus seres humanos mueren o renuncian a seguir construyendo el futuro de sus descendientes. Los seres humanos -es necesario redundar para descubrir que es obvio- son indispensables en la noción misma de pueblo, son condición esencial de su existencia.
Los seres humanos que vivimos en el Perú disponemos de los recursos naturales necesarios para la reproducción física de nuestros pueblos: sol y tierra (padre y madre de nuestros pueblos prehispánicos), agua y aire, mares, ríos, bosques, minas, etc. Este patrimonio natural pertenece a todos los peruanos, y si muchos ahora no se benefician con sus riquezas es porque éstas están en manos de muy pocos, es decir, por error en la actual organización social de nuestros pueblos.
Pero contamos además con una larga historia de desarrollo de las fuerzas productivas, es decir, del potencial productivo de la fuerza de trabajo puesta por el hombre para poder supervivir, y de los medios de producción, que deben pertenecer colectivamente a quienes los usan.
Así, la riqueza total de los pueblos se compone de dos partes: la riqueza natural y la riqueza socialmente generada. La posibilidad de que los pueblos se reproduzcan material y socialmente exige que la riqueza total de que dispongan y/o puedan generar no sea inferior a un mínimo “de sobrevivencia colectiva” por debajo del cual dicha reproducción decaerá hasta ser anulada, es decir, hasta que los pueblos se extingan.
Las proporciones de los componentes natural y social de la riqueza total pueden ser distintos en pueblos diferentes. Por ejemplo, el Mundo Andino es escaso en tierras de cultivo, es cara la extracción de sus minerales, etc., pero los antiguos peruanos hicieron de un país pobre en riqueza natural, una “sociedad de abundancia”, en base a generar riqueza socialmente. Esto exigió un largo proceso de organización social que no solamente produjo grandes cantidades de alimentos en tierras áridas y escarpadas, sino que su almacenamiento suprimió las penurias del hambre y la escasez. Se puede crear, así, una sociedad de abundancia en base a la generación social de mucha riqueza, es decir, poniendo en juego el potencial de los seres humanos.
Pero los antiguos peruanos tuvieron una condición más, que es difícil comprender en nuestra época: constituyeron una civilización aislada, salvo pequeñísimos intercambios eventuales con algunos centroamericanos. En consecuencia, la acumulación de excedentes fue posible, y se garantizó la sobrevivencia del grupo humano, porque no existió el intercambio desigual con pueblos distintos.
Lo dicho no ocurre ahora por tres motivos: 1) Porque desapareció nuestra autonomía al ser obligados a formar parte contribuyente pero no beneficiaria de la economía Occidental, a partir de la Conquista; 2) Porque los aportes individuales al producto social no son iguales (hay quienes tienen derecho a no producir, por decisión propia y con el consentimiento del poder de turno; 3) Porque algunos se apoderan del excedente generado por todos para exportarlo, mientras muchos padecen hambre y miseria. Esta situación tiende a agudizarse cada día y no promete un futuro mejor.
Habiéndose extendido estas condiciones por un período muy largo, el Perú aparece como un país inviable o imposible, en el sentido de que no se puede garantizar su reproducción material y social. Muchos de sus pobladores morirán por extinción y los restantes pasarán a ser ciudadanos de otros países (formal o informalmente).
Pensar un Perú posible significa pensar en cancelar el pasado transcurrido durante estos últimos quinientos años y ocupar un nuevo lugar entre los países del mundo, de modo que podamos disponer de la autonomía necesaria para garantizar la solución de nuestros problemas y mantener una cauta relación de conexión con los demás países de manera que éstos no puedan intervenir en la toma de nuestras decisiones ni en la ejecución de nuestros programas. Esta situación de relativa desconexión a la que necesitamos llegar exige una estrategia adecuada para alcanzarla.
2. Crematística y unidimensionalidad
Joan Martínez Alier nos recuerda en algunos de sus trabajos(2) que la diferencia entre economía y crematística fue explicada por Aristóteles en su libro “Política”. Economía es el estudio del abastecimiento material del “oikos” o de la “polis”, es decir, de la casa familiar o de la ciudad. Crematística, en cambio, es el estudio de la formación de los precios en los mercados, por ejemplo el estudio del aumento de los precios si existe un monopolio. El abastecimiento del oikos o de la polis no tenía que ser regulado por los precios. En todo caso Aristóteles quiso, posiblemente, contraponer la economía al fenómeno de expansión del comercio y el cambio monetario en la sociedad.
Pero en la secuencia de modos de producción esclavista, feudal y capitalista, los mercados crecieron y ocuparon una parte cada vez mayor de la vida humana. Es decir, la economía quedó finalmente dominada por la crematística, sobre todo en el capitalismo.
La referencia a Aristóteles nos muestra que algunos pensadores antiguos prefirieron mantener distancia entre las dos actividades: una destinada a satisfacer necesidades humanas básicas y otra dirigida a enriquecer a los comerciantes mediante los mecanismos relacionados con los mercados y los precios. Para entonces, en pleno esclavismo, muchos seres humanos ya tenían precio y eran mercancías: los esclavos.
En el siglo V comienza el desarrollo de Occidente, sobre la base humana conformada por los pueblos germánicos que en realidad constituían un grupo numeroso de etnias con lenguas y culturas similares. Además estas etnias germánicas no se distinguían mucho en su origen indoeuropeo de los latinos o de los griegos, aunque sus prehistorias hayan sido diferentes. Los pueblos europeos, así, constituyeron una base humana relativamente homogénea.
La Edad Media, en algunos aspectos, es un largo proceso de metabolismo del Mundo Antiguo por las tribus germánicas, durante el cual se perfilaron algunos rasgos de Occidente que interesan para nuestro análisis:
a) El desarrollo de algunos instrumentos
del capitalismo, nacidos siglos atrás, como el mercado, la moneda,
el interés, la hipoteca, etc., y la aparición de otros como
la banca, los seguros, etc. Estos instrumentos permitieron luego la expansión
del capitalismo mercantil y el dominio de la crematística sobre la
economía.
b) El desarrollo de la razón instrumental, a partir de la “ratio”
latina, en provecho de la acumulación de riqueza de algunos grupos
sociales.
c) El desarrollo del conocimiento y de la posición crítica
con respecto a la verdad, como continuación de viejas aspiraciones
de los griegos por desarrollar el entendimiento humano.
Todo esto se gestó en un mundo relativamente marginal a la tónica ética y religiosa del medioevo, que muchas veces favorecieron esta gesta intelectual.
En el Renacimiento eclosionan los desarrollos intelectuales y sociales precedentes, con algunos caracteres importantes tales como:
- La licitud de toda clase de actividades
que satisfagan al ego humano: poder, riqueza, sexo, honores, emociones estéticas,
etc. El ser humano ocupa un lugar privilegiado y es dueño de la creación,
amo y señor de la naturaleza.
- El conocimiento adquirido en un proceso milenario se combina con la razón
instrumental para dar una base al poder humano. Esta combinación
es expresada por Bacon como “saber es poder”.
- La licitud de la acumulación sin tasa de riquezas limitada solamente
por la capacidad y la oportunidad.
- La convicción de que el éxito es la medida de la calidad
humana: Es mejor el que más tiene. La acumulación de dinero
y poder se convierte en valores sociales. En forma simplificada esto es
traducible por las frases “tanto tienes, tanto vales” y “tanto
puedes, tanto vales” que engarzarán luego muy bien con “tanto
sabes, tanto puedes” a lo largo del proceso capitalista. No importa
cómo se realiza la acumulación, la cual se legitima por sí
misma.
Así, la sociedad occidental se ordena según un eje en el que se mide la riqueza. El orden unilineal va de los inmensamente ricos (sobre todo, dinámicamente, desde los cada vez más ricos) hasta los inmensamente pobres, pasando por los poco ricos, los de situación holgada, los pobres y los muy pobres. Resultados de este ordenamiento son las clases sociales.
La ubicación del ser humano en este ordenamiento unilineal proviene de su habilidad para obtener riqueza por cualquier medio, que luego es legitimado “ por la voluntad de Dios, que nos ha dado estas riquezas”.
El curso posterior del capitalismo, que ha desarrollado en forma gigantesca la acumulación de unos y la pobreza de otros, ha producido una también gigantesca depredación de la naturaleza y ha ampliado las brechas entre clases sociales.
Estos son ya los problemas de nuestros tiempos. El ordenamiento unidimensional de la sociedad según el eje económico asume la forma de la sociedad de consumo y convierte al ser humano en unidimensional, como ha sido denunciado por Herbert Marcuse.(3)
Así, la unidimensionalidad de la práctica social occidental está presente en las diferentes fases de su desarrollo.
Debemos decir aquí que, personalmente, no creemos ni afirmamos que la sociedad occidental o los individuos que la componen sean unidimensionales, sino que las fuerzas económicas empujan a la sociedad hacia la adopción de una unidimensionalidad absoluta. Las dimensiones no económicas son dominadas y encadenadas por el economicismo para que no impidan lo que llamaremos el proyecto occidental que tiene dos formas, una clásica, capitalista, y otra nueva, socialista-economicista. Ambos son unilinealizantes en el sentido de que el eje económico es dominante y tiende a absolutizarse, sea en primerísima y única instancia (capitalismo) o en primera, o en última instancia (socialismo europeo).
No es difícil comprender lo que significa la dominación de Occidente sobre pueblos lejanos a Europa, muy distintos de los indoeuropeos: si la dimensión económica (en el sentido crematístico) no está muy desarrollada y otras sí lo están, deben ser amputadas estas últimas hasta que tan extraños pueblos entren en el lecho de Procusto occidental. Si el amputamiento lo exige, hay que destruir a los seres portadores de tan incómodas dimensiones (convenientemente suprimida su condición de humanos). Esto explica los genocidios de los indígenas norteamericanos, centroamericanos, andinos y africanos. Pero la destrucción de esas dimensiones ha sido también practicada mediante la destrucción de las culturas, de las religiones, de las lenguas y de todos los vestigios que pudieran recordar sus tendencias anteriores, p5racticándose un gigantesco etnocidio.
El proyecto de Occidente se habrá cumplido con todo éxito cuando los pueblos dominados no solamente acepten la unidimensionalidad económica, determinada por el mercado y el consumismo, sino cuando la promuevan como un valor, y aspiren a ella con todas sus esperanzas. Entonces habrá llegado el fin de la historia , en cuyo umbral algunos de sus profetas anuncian que ya estamos.(4)
Así, la parte del Perú criolla y occidental ha desarrollado toda una mística unidimensionalizante, tanto desde el mercado (economicismo capitalista) como contra el mercado (economicismo socialista).
Sin embargo, una parte importante del país resiste todavía la penetración de esta mística occidentalizante.
3. Un proyecto posible para el Perú
Un proyecto histórico que deba tener muchos años de vigencia debe ser, en primer lugar, fuertemente distributivo, con propiedad común de los escasos recursos naturales y con propiedad social de los medios de producción. En otras palabras, por su naturaleza económica (no crematística) deberá ser un proyecto socialista.
En segundo lugar debe reflejar las características más importantes de nuestra estructura social: la coexistencia de los muchos pueblos de distintos orígenes (quechuas, aymaras, más de 50 grupos amazónicos, etc., así como descendientes de africanos, asiáticos, europeos, etc.). No es posible reducir el ordenamiento social en el solo eje económico, pues frente al dato de la posición económica puede exhibirse un número de datos fundamentales que diferencian a las personas: etnia de origen, color de la piel (fuente de un agudo racismo), concepción del mundo, religión, cultura, etc.
Con el propósito de ensayar un modelo bidimensional para la sociedad peruana, asumiremos provisionalmente que lo étnico subsume toda la información no económica, lo cual es solamente una asunción metodológica y provisional.
Lo étnico, en esta acepción particular y provisional del término, tiene caracteres fundamentalmente cualitativos, habitualmente no cuantificables. El criterio de lo étnico puede distinguir, por ejemplo, entre quechuas hablantes e hispánicos, etc.
Muchas de las etnias peruanas tienen ya plena conciencia nacional por su voluntad política y su solidaridad grupal, constituyendo verdaderas nacionalidades. Otras están en proceso de constitución.
Lo económico, en cambio, es caracterizado por datos cuantitativos referentes a la economía (eventualmente la crematística) de cada peruano. Si bien su expresión social habitual es la clase social, la gigantesca hipertrofia de los muy pobres ha determinado en el Perú un enorme número de movimientos espontáneos y auto organizados que llamaremos organizaciones sociales. Estas son las células de la sociedad civil y van desde las organizaciones de trabajadores, sindicatos, partidos, frentes de defensa, asociaciones de pobladores, clubes departamentales, etc hasta los clubes deportivos. No dudamos que hay organizaciones sociales importantes en la clase adinerada, como la Cámara de Construcción, o la Sociedad Nacional de Industrias, pero la inmensa mayoría está en los sectores más empobrecidos.
La bidimensionalidad del modelo que estamos presentando(5) , y que no debe ser el único, proviene de que cada peruano puede ser ubicado en el “plano social” por dos datos: un dato numérico y cuantitativo, de organización social, y otro dato cualitativo, de carácter étnico. En tal “plano social” hay pues dos ejes ordenadores: el eje económico y el eje étnico.
En el “plano social”
es posible interpretar conceptos para los cuales un solo eje es insuficiente.
Por ejemplo la democracia representativa, ingrediente aún irremplazable
en un nivel macrosocial, podría generarse a partir de la democracia
directa ejercida en dominios parciales, donde ya es viable. La “agregación”
de las democracias directas parciales podría lograrse a nivel global
mediante organismos constituidos con representaciones adecuadas.
QUEREMOS UN PERÚ NUEVO
1. Queremos vivir en un Perú que sea un país humano,
andino y moderno.
1.1. Queremos un país humano
Un país es, ante todo, un conjunto de pueblos. Un elemental sentido ético exige que los diversos pueblos se respeten mutuamente y alcancen la satisfacción de sus necesidades básicas, sin utilizar mecanismos de dominación sobre los otros pueblos. El respeto a la dignidad del ser humano debe ser el precepto de mayor jerarquía que deba regir en un país.
Pero además del sentido ético de la conducta que vincula a los seres humanos, hay numerosos derechos que deben ser tomados en cuenta. El más importante de ellos es el derecho a la creatividad, que permite a los pueblos alcanzar importantes objetivos de bienestar, resolviendo los problemas que los limitan. Así, la mayor riqueza de un país no está en sus recursos materiales, sino en la creatividad de sus habitantes y de sus pueblos. Todo rechazo o marginación del aporte creativo de los pueblos es un atentado contra el desarrollo colectivo.
Pero el ser humano crea en condiciones favorables: cuando percibe que su aporte es bienvenido, cuando no sufre las miserias sociales, cuando se siente libre de aportar lo suyo para beneficio de todos. Es decir, cuando su dignidad es respetada por todos. Así, el carácter único del ser humano como creador solidario, como sujeto capaz de desarrollar y practicar valores, NO permite que sea tratado como un recurso, sino como un agente creativo que, en última instancia, es el beneficiario de la actividad social general y del uso racional de los recursos.
El sentido de país humano
debe entenderse como el de un conjunto de pueblos donde cada ser humano
es libre y solidario con los demás, y donde su libertad se manifiesta
en un máximo esfuerzo de creatividad.
1.2. Somos un país andino, y así lo queremos
Todos los pueblos que constituyen un país aspiran a
tener un territorio propio o colectivo, y su destino está ligado
inevitablemente a éste. El Perú está situado en la
zona central del sur oeste americano, en donde el mayor accidente geográfico
es la Cordillera de los Andes.
Llamamos andino a todo territorio
en que el comportamiento de la naturaleza está ligado a los Andes
1.3. Queremos un país moderno
Por influencia de la cultura occidental traída por los europeos, hoy “lo moderno” constituye un valor por sí mismo, absoluto, y lo tradicional es un desvalor. El presente, sin embargo, se nutre del pasado –sin el cual no será explicable- y apunta hacia el futuro que llegará inexorablemente. Esta realidad que entrelaza dialécticamente pasado, presente y futuro, no debe ser mal comprendida y peor tratada en base a un esquema maniqueo tradición contra modernidad como polos de una contradicción irreductible.
Desde este punto de vista, un Perú moderno no tendría que cancelar la tradición sino surgir de ella. En efecto, toda modernidad de un pueblo es endógena y auténtica. El sello propio es claramente perceptible. Posiblemente la última modernidad experimentada por nuestros pueblos haya sido la de Pachacútec. Posteriormente ha habido grandes cambios, pero en su totalidad han sido exógenos. Es decir, nuestros pueblos han pasado por sucesivas modernizaciones: la española, la francesa, la norteamericana, y hasta podría ocurrir una japonesa, pero no han producido una modernidad, como era de esperar.
No queremos al Perú como un país modernizado, situación en la que se le ha tenido durante los últimos quinientos años, sino como un Perú moderno en el que se aprovechen los avances de todos los demás pueblos de la tierra, pero orgánicamente instalados en la matriz andina que fue creada, en el grandioso escenario geográfico y biológico que la naturaleza nos ha dado, por pueblos extraordinarios que otros continentes envidiarían si los conocieran.
2. El Perú actual sufre un agudo proceso de deterioro material y espiritual que es ajeno a la naturaleza de sus pueblos.
Nuestro país aparece hoy como una sociedad en involución por el retroceso de los indicadores económicos y sociales (PBI, nivel de vida, educación, salud, seguridad, etc. ). A estos se suma un creciente deterioro moral: el robo, el asesinato, la traición, la crueldad, la impunidad, la delincuencia, la prostitución, el soborno, la marginalidad, la venalidad, el dolo y otras lacras se muestran hoy con una crudeza escandalosa hasta en los más altos niveles gubernamentales. La “viveza criolla” es un triste factor antieducativo heredero de un mundo “criollo”, hoy “chicha”, que ha llevado a nuestro país al borde de la anomia. “ El vivo vive del tonto y el tonto de su trabajo” es una máxima instalada ya en muchos millones de cerebros peruanos, a pesar de que proviene de una clase ociosa que ha dominado pero no dirigido a nuestro país. Como sin trabajo no hay producción, sin producción no hay riqueza, y sin ésta no hay qué distribuir, en el Perú de hoy rugen ya los vientos desatados por los caballos de los cuatro jinetes del Apocalipsis.
Con la misma dureza con que las capas dominantes azotaron a los pueblos peruanos durante medio milenio los peruanos de hoy se asesinan los unos a los otros. Decenas de miles de familias están de duelo, impotentes, mientras el país se hunde en la miseria y la anomia. Hoy, ni quienes dan las leyes las cumplen o las respetan.
Este es el Perú que no queremos
3. Tres políticas fundamentales
Es muy grande el conjunto de todas las políticas por adoptar para revertir la situación del Perú actual, pero en nuestra opinión hay tres fundamentales:
3.1. La política de desarrollo humano
Por todo lo dicho, es el ser humano como individuo y como célula de la sociedad el que sufre en forma más aguda la situación actual. Es indispensable tomar medidas urgentes y establecer políticas de largo y mediano plazo para librar a los peruanos de la miseria material y moral en que vivimos.
En primer lugar es necesario volcar todos los recursos no intangibles al desarrollo humano: se requiere justicia, solidaridad, alimentación, reconocimiento efectivo de derechos inalienables y seguridad para que los peruanos generen más riqueza y bienestar mediante su trabajo y una nueva convicción optimista frente al futuro.
Proponemos que se adopten las siguientes medidas fundamentales para la política de desarrollo humano:
a) El reconocimiento efectivo de
todos los grupos étnicos, y su incorporación a la producción
y a la toma de decisiones de gobierno.
b) El reconocimiento efectivo de los derechos de las diversas organizaciones
sociales, y su incorporación también a la producción
y a las decisiones de gobierno.
c) El desarrollo de la producción destinada a cubrir las necesidades
básicas utilizando los recursos no intangibles
d) El desarrollo de una educación generalizada y solidaria en cada
grupo humano, según sus propios criterios y necesidades, respetando
la diversidad –sobre todo lingüística- tan característica
del Perú
e) La liquidación de las relaciones de dominación interna
y externa, que permita la expansión de la capacidad productiva de
todos.
f) La garantía de justicia imparcial
g) El manejo racional de la economía en un país con agricultura
de alto riesgo y acumulación actualmente nula o negativa.
h) La expansión de la capacidad creadora en la ciencia, la tecnología
y en todos los campos de la cultura
i) La mejora sustancial de los servicios preventivos y la atención
de salud para todos.
Como gran parte de las políticas de desarrollo humano inciden en los aspectos sociales, se señala como fundamental el carácter histórico de los fenómenos sociales, enfatizando que nuestra historia no comenzó en 1532 sino varios milenios antes.
3.2. La política de convivencia con la naturaleza
Contrariamente a la práctica occidental, según la cual el hombre está frente a la naturaleza para dominarla, para servirse de ella y para destruirla si así conviniera a sus intereses, el hombre andino comprendió que él es parte de la naturaleza, y que su supervivencia como grupo humano depende también de la existencia de ella. De ahí el trato respetuoso y afectivo a la Pacha Mama.
Hoy los occidentales, habiendo alcanzado “ los límites del crecimiento”, tratan de llegar a acuerdos mundiales para hacer lo que fue una práctica milenaria en el Mundo Andino prehispánico.
Así, los recursos naturales deben ser considerados como intangibles no porque deba prohibirse su uso, sino porque deben ser controlados y recuperados según las leyes de la propia naturaleza.
Todo lo contrario a la depredación occidental, es necesario generar nuevas tierras de cultivo y de bosques, como se hizo durante milenios en el Mundo Andino.
Las políticas de utilización y reposición de los recursos naturales deben estar fuertemente influenciadas por una activa investigación científica y tecnológica con desarrollo de conocimientos muy avanzados, a fin de reponer lo que puede agotarse y reconstruir los ecosistemas marinos, montañosos y boscosos deteriorados por cinco siglos de depredación y destrucción.
La política económica del país debe referirse fundamentalmente a la producción y distribución, atendiendo a demandas básicas, hasta lograr un nivel de satisfacción compatible con la dignidad humana. Las variables financieras deben ser secundarias, y manejadas con gran cautela.
3.3 La política de coexistencia internacional
Habiendo perdido el Perú su capacidad de negociación en los mercados mundiales debido a su debilidad económica y a su aislamiento, y habiendo perdido toda credibilidad externa con un manejo arbitrario del país, con suplantación y manipulación de poderes del Estado, el Perú debe replegarse en sí mismo por el tiempo que sea necesario para restañar sus heridas materiales y sociales, y recuperar un nivel de salud espiritual y económica que le permita manejar su posición internacional con un alto grado de autonomía. Sin embargo, será necesario:
a) Reforzar antiguas solidaridades
con países con los que el Perú está ligado históricamente.
b) Mantenerse en los bloques de países en los que tradicionalmente
estuvo el Perú: Acuerdo de Cartagena ALALC, etc., respetando y ratificando
los tratados internacionales.
c) Intercambiar solamente excedentes, una vez que las necesidades básicas
de la población estén atendidas.
d) Establecer nuevos contactos con los demás países del Sur,
a fin de intercambiar conocimientos científicos y tecnológicos,
así como experiencias económicas.
UNA ALTERNATIVA POST INDUSTRIAL PARA EL PERÚ
1. La industrialización mítica
Quisieramos presentar algunos argumentos explicativos de las dificultades que ha tenido la puesta en práctica de los procesos de industrialización en el Perú. Esto exige una breve base histórica:
1.1 La base material y social de la industrialización
El Perú, como otros países vecinos, forma parte de los pueblos herederos de una de las seis grandes tradiciones agrarias del mundo: la andina. Aquí tuvo lugar un neolítico sumamente exitoso si se tiene en cuenta las características difíciles de su base material: tierras escasas ubicadas en ecosistemas heterogéneas y frágiles, con regímenes hídricos y climáticos fuertemente inestables, suelos pocos profundos y escasez de animales de tiro y de carga. La construcción de una de las civilizaciones más prósperas del Mundo Antiguo fue posible por el gigantesco desarrollo de tecnologías sociales capaces no sólo de cultivar tierras inhabitables en otras partes del mundo, sino también de producir los excedentes necesarios para garantizar la erradicación del hambre y construir una sociedad rica en el sentido auténtico de la palabra, es decir, en el sentido del abastecimiento de los alimentos, la ropa, la habitación, etc. que sus habitantes fueron necesitando.
A pesar de los errores introducidos por la colonización occidental, el Perú republicano pudo autoabastecerse de alimentos durante la mayor parte de su historia. El gran productor de la diversidad biológica que permitiría mantener la calidad de los productos alimenticios fue el agricultor serrano, que gran parte de ese tiempo se negó a migrar hacia la costa afincándose en su parcela con el amor a la tierra característico del campesino. Este, por otra parte, era quechua o aymara hablante, sin mucho interés por aprender el castellano, idioma que le había sido impuesto con dureza por la dominación extranjera.
Si bien la costa peruana tiene diferencias geomorfológicas y climáticas con la sierra, sus características agrícolas son también limitadas por la extensión de los valles, la tendencia a la salinización de las tierras, la calidad de los suelos, la escasez de agua, etc. Sin embargo, durante la época republicana fue desarrollada una agricultura costera de exportación en base a la caña de azúcar y el algodón. Si bien los pobladores de la costa eran usuarios de la lengua castellana, su domino de ella fue limitado debido a que la tradición oligárquica impidió el desarrollo de una escolaridad que no podría traerle otra cosa que problemas para proseguir sus métodos de explotación tradicionales.
En síntesis, la base material hacia los años veinte estaba constituida por una agricultura rica en variedad pero limitada en cantidad que, sin embargo, satisfacía sin mucho esfuerzo las demandas del país a pesar del alto grado de labilidad de los ecosistemas. La base social estaba constituida por una pequeña población hispanohablante, en la que una parte pequeñísima tenía formación profesional y técnica de corte occidental, y por una inmensa mayoría de la población (no menos de un 80%) campesina, quechua o aymara hablante, con un fuerte sentido étnico. En cuanto a la población amazónica, su aislamiento del mundo serrano-costeño no permitía considerarla como integrable en los proyectos de corto o mediano plazo.
Es sobre esta base material y humana que aparece el sueño de la industrialización.
1.2. Los factores históricos y sociales de la industrialización
Tanto los dominadores occidentales como los criollos y mestizos peruanos sintieron siempre la nostalgia de un Perú occidental, sin plantearse siquiera algunas otras alternativas que hubieran podido hacerlos más prósperos e independientes. Así sus políticas fueron siempre fuertemente imitativas de las europeas. Hacer de Lima o Trujillo ciudades cien por ciento españolas, de San Marcos una Universidad de Salamanca, del Perú un país capitalista, de la gente culta unos europeos con refinamiento francés o inglés, etc., fueron aspiraciones desarrolladas por la educación de la familia y de la escuela entre los hispanohablantes. Es así como todos ellos se sintieron occidentales hasta la médula de los huesos. La actitud hacia la industrialización lleva a que su tendencia esté apoyada en factores sentimentales más que racionales. Por este motivo la designamos como industrialización mítica, más que utópica, aunque muchas veces haya sido presentada como una utopía -en el mejor sentido de la palabra- como por ejemplo en las ideas de Santiago Antúnez d Mayolo.
Entendemos utopía como la elaboración racional que abre mejores perspectivas para un grupo humano. Es característico de la utopía su carácter propositivo. Lo mítico, en cambio, es una elaboración inconsciente que se orienta a reafirmar el modo de ser del grupo y está profundamente enraizada en su cultura. Las utopías pueden ser compartidas por varios, y hasta por muchos pueblos, pero los mitos reflejan aspectos tan característicos del inconsciente colectivo de un grupo que difícilmente pueden ser compartidos por otros grupos de distinta base cultura.
Repetir la historia de Europa en el Perú fue una aspiración de tirios y troyanos entre los peruanos occidentalizados y, obviamente, era necesario repetir el proceso de industrialización. Esto lo sostenían abiertamente los sectores conservadores, pero también los socialistas que seguían a Lenin al pie de la letra y consideraban un deber histórico desarrollar la industria pasada también en el Perú.
Pero "la historia se da una primera vez como drama y una segunda vez como comedia": nuestro proceso de industrialización resultó -desde el punto de vista ideológico- una mala copia, y hasta una caricatura, de la industrialización europea.
El mito arrastró luego a operaciones mayores, pues hubo un masivo proceso de inversión de recursos en la industrialización. Así, la modificación de la base material para la industrialización tomó la forma de "modernización", por ejemplo el casco urbano de las ciudades, de la red de transportes y carreteras, de las condiciones de sanidad de las ciudades y de los campos aledaños, etc. Esta inversión fue pagada por la inmensa mayoría de la población vía impuestos indirectos, gravando principalmente los productos del campo que eran de mayor consumo.
Pero no todo fue mito: los diseñadores de la industrialización, que habrían de ser también sus grandes beneficiarios, transmitieron sus capitales de la agricultura a las instalaciones industriales apoyadas por políticas excepcionales: exoneración de derechos aduaneros e impositivos, precios bajos de los combustibles, mano de obra barata, créditos, etc. Todos estos beneficios fueron transferidos como costos también a la mayoría del país, de manera que las inversiones provenientes de la agricultura y de la minería alcanzaron una tasa de rentabilidad mucho más alta que la de los sectores de los que procedían.
Es en la década del treinta cuando comienza este proceso que se acelera en al década del cuarenta y del cincuenta produciendo un efecto demográfico totalmente fuera de control. La pobreza del campo producida por esta inversión involuntaria en industria, la demanda de mano de obra -que se estimaba ilimitada en esa época- y con salarios más altos que en el campo, la facilidad creciente para desplazarse por carretera, y otros factores coyunturales, determinaron la gigantesca migración hacia las grandes ciudades, que quedaron así inundadas por una marejada humana que colmó todas las demandas en la década del sesenta y que entró en crisis en la década del setenta, época en que la ola migratoria es enfrentada por la ciudad con desempleo, marginidad social, tugurización del casco urbano y expansión de las barriadas, etc. Una parte de los migrantes que no tuvieron ya espacio en el paraíso a pesar de poseer educación secundaria y hasta universitaria, y que escaparon a los horrores de la anomia, conforman la guerrilla de hoy. Esta es pues ya una consecuencia de los fenómenos descritos.
1.3. Los contextos tecnológicos de nuestra industrialización
Si dejamos de lado aspectos discutibles de la industrialización,
como fueron los deseos del civilismo de la época de Manuel Prado,
o las inversiones extranjeras en plantas de extracción y procesamiento
de minerales, la problemática de la industrialización promovida
por los propios peruanos podría ser presentada en dos contextos:
el interno y el externo. En cada uno de estos hay etapas relativamente bien
marcadas. Veamos el contexto interno:
En una primera etapa en los años treinta, aumenta la transferencia
de capitales del campo a la industria. Se invierte en la producción
manufacturera en base a productos agrícolas, como pro ejemplo la
desmotadora de algodón y las fábricas de tejidos, sustituyéndose
importaciones y apuntando al mercado interno (lo que generalmente no se
toma en cuenta cuando se señala a la CEPAL como autora de la política
de sustitución de importaciones dos décadas después).
Aumenta la demanda de mano de obra, y grava mucho el producto agrícola,
marcando el comienzo del descenso de la producción del campo. Todo
este fenómeno amortigua sensiblemente los efectos de la crisis de
1929-1930, de la que el Perú sale por sus propias fuerzas. El proceso
prosigue en los años cuarenta, durante la segunda guerra mundial,
aunque disminuyendo en intensidad por la falta de proveedores de bienes
de capital extranjeros.
En una segunda etapa, la post guerra que se extiende hasta la década del 60, aparece la producción de bienes de capital no solamente porque escasean los importados sino también porque algunos migrantes europeos con experiencia industrial estimulan el diseño y la producción de máquinas. En una primera etapa estas máquinas producidas por empresas peruanas van al sector minero, pero luego atienden las demandas del propio sector industrial. Entre tiempo, el capital transnacional -recuperado de los años guerra- penetra buen número de las empresas industriales peruanas. A fines de la década del 60 empiezan a aparecer los síntomas de una crisis cuya incubación data de la década del 30, que podríamos caracterizar así: Transnacionalización de la propiedad de las empresas y fuertes remesas de capital al extranjero, fuerte dependencia tecnológica -sobre todo debido a los insumos industriales- y poca innovación, pérdida de importancia del sector agrícola, desproporcionada migración de trabajadores del interior que han empobrecido con la baja rentabilidad de la agricultura, falta de capacidad de absorción de mano de obra por la industria, etc.
Una tercera etapa comienza con el Gobierno Militar, en la década del 70, y se extiende hasta comienzos de los 90. Se producen grandes cambios contradictorios, como lo fueron una gran inversión para desarrollar tecnología propia, estatizar industrias básicas y afirmar la voluntad de controlar nuestra economía con el uso simultáneo y masivo de tecnología importada en una "primera fase", con la rebaja de las barreras aduaneras que inició la quiebra de empresas industriales en una "segunda fase", con la quiebra masiva, privatización y transnacionalización de empresas en una "fase restauradora" en la década del 80, y con un estado de deterioro muy grande producido por la recesión a comienzos de la década del 90.
Puede decirse ahora que la crisis incubada desde la década del 30 con la tesis de la sustitución de importaciones primero, de exportación luego, y de la competencia en los mercados externos más recientemente, ha hecho encallar el proceso de una industrialización mítica que vemos como disfuncional al desarrollo del país.
En cuanto al contexto externo, el sueño de la industrialización se ha transformado en pesadilla. En efecto, a mediados del siglo pasado era dudoso, aunque no imposible, que pudiera aparecer un proceso de industrialización autónoma fuera de los países centrales del capitalismo. Entonces perdimos una oportunidad que no era del todo improbable. Desde fines del siglo pasado, con la puesta en juego del capital transnacional, solamente una voluntad política muy grande podría crear un capitalismo nacional en algún país muy especial. Tal no ha sido el caso del Perú por diferentes motivos, entre los que se puede mencionar el factor ideológico que lo lleva a "integrarse" a occidente. Una integración con gigantes, infelizmente, lleva a una entrega total, etapa a la que hemos llegado con el actual gobierno del país. No será posible incursionar en mercados externos a menos que sea "competitivo", es decir, que se posea una tecnología de calidad similar a los de los países industrializados. Esto significa, simple y llanamente, que sólo es integrable un país cuando tiene capitales para comprar la tecnología occidental, pues toda pretensión de producirla por su cuenta es ilusoria debido a sus altos costos, en todo caso superiores a los del mercado occidental. Por esta vía encontraremos una situación crónica de endeudamiento externo, incapacidad de pago, embargos, pérdida de créditos, recesión y crisis.
Todas estas condiciones llevan pues a pensar que toda salida propia exige del país un período de "desconexión" de los mercados manufactureros externos, un desarrollo "endógeno" con recursos no industriales para cubrir la demanda de divisas extranjeras, y una "reinserción verdadera" pasado cierto tiempo.
2. El desarrollo endógeno
En algunos artículos anteriores(1), (2) hemos señalado que el desarrollo de nuestro país no puede prescindir ni de sus características físicas (geomorfología, climas, heterogeneidad, diversidad biológica) ni de su más valiosa riqueza: el factor humano, que en nuestro país tiene características muy especiales. Justamente, un desarrollo imitativo de lo occidental lleva necesariamente a adoptar una "racionalidad" distinta de la exigida en nuestro país. En el parágrafo No 1 hemos hecho una breve historia del mito de la industrialización, ensayado durante unos sesenta años, y de su quiebra. Proponer otra alternativa de desarrollo endógeno lleva a superar la industrialización, de efectos sociales traumáticos, y proponer un modesto post industrial.
¿ Porqué llamar "post industrial" al nuevo modelo? ¿ Es que no debería haber industria en el Perú? Explicaremos cómo entendemos el término "pot industrial".
2.1. La generación de riqueza
No parece muy sensato, en el actual contexto mundial, prescindir de métodos que han sido probados con éxito durante milenios. Desde tiempos inmemoriales la biomasa ha sido obtenida de semillas o de hijuelos de plantas. Las proteínas, hidratos de carbono y aceites vegetales han permiyido la existencia de una humanidad relativamente sana cuyos alimentos fueron estos productos vegetales. Pero éstos no solamente alimentaron seres humanos, sino tamnbién animales, que actuaron como procesadores de los productos vegetales para transformarlos en proteínas y grasas más fácilmente asimilables por el hombre.
La energía necesaria para fijar el nitrógeno y los minerales que permitieron el crecimiento de las plantas provino del sol a través del proceso de fotosíntesis. El sol sigue produciendo energía y la fotosíntesis se realiza a diario si es que no se le permite algún proceso de urbanización o de industrialización. No tiene sentido dejar de usar esta enorme fuente de energía para sustituirla por petróleo u otra forma que exige procesos más complejos que la fotosíntesis para aprovecharla.
Así, la riqueza se genera apartir de la información contenida en las semillas o en los cromosomas de los hijuelos de una planta y de la energía que necesita esa información para generar biomasa.
Esta es la forma más simple, natural, económica y saludable de generar riqueza. Es más, probablemente es la única fuente de generar riqueza si es que se piensa en otras pretendidas como la minería, que disminuye recursos agotables, o la industria, que solamente transforma recursos de una forma a otra.
Si bien la riqueza vegetal se genera espontáneamente, el crecimiento poblacional ha exigido obtener de la naturaleza un mayor producto. Han aparecido así dos actividades interrelacionadas, consistentes en observar los fenómenos naturales (la ciencia) e influir los procesos naturales para aumentar la producción vegetal (la tecnología). Estas dos actividades, conjuntamente, constituyen la agricultura. Los métodos agrícolas son fuertemente dependientes de las características locales y, cuando existe una gran heterogeneidad geomorfológica y mucha variedad biológica, debe haber muchos métodos agrícolas.
Finalmente, los procesos agrícolas son diseñados por la inteligencia humana. En nuestro tiempo se necesita pues de la capacidad creativa del hombre para asegurar la supervivencia de los grupos humanos.
En nuestro país han existido durante miles de años todos los elementos mencionados anteriormente. Debemos concluir que nuestra fuente de riqueza debe ser la agricultura, a pesar de los deteriores sufridos por acción de la industria y la minería, tanto en la forma de instalaciones como de productos que han arruinado terrenos (desperdicios y productos químicos que interfirieron en el proceso biológico).
Por otra parte, un desarrollo ya comenzado de la investigación en microbiología y biología molecular controlada por los propios peruanos, permite desarrollar otras formas de agricultura cuando es necesaria, y otras formas de procesamiento de las biomasa. Es nuestra reserva de inteligencia para cubrir necesidades futuras.
2.2. La transformación
Los dos procesos de transformación que han tenido lugar en gran escala en nuestro país son el minero y el industrial. El primero en comenzar fue el minero, desde la época de la colonia. De extraer riqueza no renovable del subsuelo de pasó a un primer grado de elaboración en forma de metalurgia extractiva, cuyos subproductos y desechos contaminaron campos y aguas, echando a perder la agricultura y por lo tanto la auténtica generación de riqueza. La venta de los productos mineros en los mercados internacionales produjo una economía dependiente cuya liquidez permitió un crecimiento interno desequilibrado que se sumó a las distorsiones producidas por el monopolio de la tierra.
La industria comenzó aportando productos de uso difundido en el país que sustituyeron importaciones onerosas. Pero su crecimiento significó una mayor distorsión de los procesos económicos y sociales, como se ha visto más arriba. La exageración del industrialismo, con la tesis de la incursión de nuestros productos en el mercado mundial trajo la urgencia de competir en los mercados externos, exportando lo mejor de nuestros productos y explotando la mano de obra para reducir los costos. La crisis actual es consecuencia, en buena medida, de haber adoptado modelos de industrialización inconvenientes.
Este proceso, así como la copia de procesos agrícolas también inconvenientes, han incentivado el desarrollo de una ciencia y una tecnología dependientes que son de poca utilidad para el desarrollo del país. Sin embargo, de la inteligencia de los científicos y tecnólogos, y de los principios generales de sus disciplinas, el país debe sacar los métodos necesarios para ser viable.
3. Necesidad de una alternativa post industrial
Si es necesario reabrir las posibilidades de existencia de un Perú mejor, es inevitable volver a las fuentes de nuestras propias ventajas. Dichas fuentes son:
3.1. El profundo conocimiento de
las posibilidades de nuestros ecosistemas y de su biota (tarea de la ciencia).
3.2. La prosecusión milenaria de los procesos de generación
de riqueza: aumento de la diversidad biológica, audaz adaptación
de plantas a condiciones adversas, control de los fenómenos naturales,
domesticación de especies, repoblación de territorios aparentemente
inhóspitos, etc.
3.3. Vuelta a los procesos autónomos de creación de tecnología,
sin por eso despreciar todo lo razonable que tenga el conocimiento moderno.
3.4. Reconstrucción de una relación sana con la naturaleza.
3.5. Vuelta a un desarrollo fundamentalmente endógeno, como una manera
de mejorar nuestra posición de negociación en los mercados
externos.
3.6. Desarrollo mínimo indispensable de la industria en función
de las aspiraciones sociales, culturales, científicas, y tecnológicas,
utilizando insumos y tecnología propios que no perjudiquen la naturaleza.
3.7. Reducción progresiva de la explotación minera, hasta
el punto de satisfacer solamente nuestra demanda interna.
3.8. Utilización de tecnología biológica avanzada para
exportar productos de alto valor agregado solamente en al medida en que
se deba cubrir un stock de divisas indispensables.
3.9. Organización de una sociedad de productores que sea estable
en la medida en que se respeten los derechos de cada uno y de las aspiraciones
étnicas y económicas legítimas.(3)
Trascendido el proceso de industrialización dependiente y limitado la futura industrialización al mínimo indispensable, la generación de la riqueza se basaría en el mecanismo más razonable: la agricultura de alta calidad científica y tecnológica, característica de un país que enfrenta el futuro de coexistencia internacional proponiendo un modelo superior de desarrollo. Se trata de crear una sociedad post industrial que no haya pasado por un largo proceso de deterioro producido por la industria, sino que corrija errores fa suficientemente claros.
LA POLARIZACIÓN ENTRE TRADICIÓN Y MODERNIDAD
En los últimos años se ha desarrollado entre nosotros una
discusión sobre la modernidad que ha dado la oportunidad de analizar
matices no estudiados suficientemente, tales como:
1. El tema de discusión
¿De qué clase de modernidad hablamos?
“LA” MODERNIDAD occidental
¿es la única posible?
Esa modernidad ¿ha sido lograda por sucesivas olas de modernizaciones
que, por fin, han creado conciencia moderna?
¿Es esa MODERNIDAD deseable? ¿Ineludible? ¿Es un valor por sí misma? ¿Llena las aspiraciones de todos y es apetecida por todos?
Siendo la MODERNIDAD occidental – generada por un largo proceso histórico en Europa- única en su género ¿debemos adoptarla porque somos “occidentales” aunque se haya desarrollado sin nuestra participación?
¿Es la POSTMODERNIDAD una evolución que cancela el valor de “LA MODERNIDAD?
¿Es que la tradición es la negación de la modernidad hasta el punto de no poder coexistir con ella? Y de ser así ¿”LA” MODERNIDAD sería la tradición contradictoria de la POSTMODERNIDAD?
¿Es que la POSTMODERNIDAD es un valor en sí misma, que es superior al VALOR-MODERNIDAD?
Estas preguntas, plenas de respuestas hipersimplificadas, y otras muchas que se les parecen, han llenado diversas páginas de libros y periódicos aunque no han calado en las motivaciones del trabajo intelectual peruano. Su discusión ¿ha sido un tiempo perdido?, ¿o es el comienzo de una discusión que llevará tanto tiempo como sea necesario hasta que ALCANCEMOS “LA” MODERNIDAD antes de que sea alcanzada y liquidada por la POSTMODERNIDAD? ¿O deberíamos quizá calcular nuestro tiempo y apuntar hacia la POSTMODERNIDAD directamente, antes que aspirar a una etapa ya virtualmente obsoleta?
Quisiéramos agregar nuestra modesta cuota de desorientación en esta situación tan típica del folclor intelectual peruano que discute durante mucho tiempo sobre términos importados de otras culturas para descubrir luego que las culturas originarias del tema de la polémica han cambiado sus puntos de vista, y piensan ya de otra manera para el momento en que hemos “aclarado” nuestras ideas hasta comprometernos a muerte con una posición u otra. Una vez más, un sacrificio estéril de una vida intelectual estéril.
2. La tradición
En alguna oportunidad (véase[1] p. 15) presentamos la tesis de que la racionalidad de un grupo humano podría ser entendida como el conjunto de estrategias puestas en juego para asegurar su propia reproducción material y social. Dichas estrategias se traducen en procesos de aproximación, conocimiento, experimentación y control del medio físico y social mediante el trabajo realizado por el grupo. Y en esa oportunidad decíamos: “En este sentido es de esperar que paisajes tan diferentes como el de Occidente y el del Mundo Andino hayan producido racionalidades distintas”.
Los procesos señalados, sin embargo, se desarrollan en el tiempo constituyendo lo esencial de la HISTORIA del pueblo que los utiliza con éxito. Así, la historia de un pueblo comprendida como el relato de cómo y por qué fueron exitosas las estrategias de reproducción material y social, constituyen la TRADICIÓN de ese pueblo, y éste no puede renunciar a ellas sin dejar de ser él mismo, sin sufrir un largo y doloroso proceso de alteridad como el que se ha frustrado después de quinientos años de renuncia compulsiva pero infructuosa a nuestra propia experiencia histórica milenaria que se expresaría en nuestra TRADICIÓN.
No sólo es imposible que un ser humano renuncie a ser él mismo para convertirse en otro, sino que le es doblemente imposible si tiene que vivir en el mismo escenario cuyas variables pudo controlar después de milenios de ensayo y error. Admitimos que varias generaciones de migrantes vayan sufriendo cambios a medida que se instalan en un escenario natural y social distinto del que vinieron sus antepasados, pero les toma algún tiempo hacerlo con éxito pues tienen que aprender a controlar otras variables, cuyo comportamiento secular ignoran.
Sostenemos pues que el dato histórico primario, constituido por la tradición, es indispensable para seguir viviendo en un escenario en el que un pueblo supervivió con éxito durante milenios. Por más recusada o repudiada que sea la tradición, es sin embargo la base cognitiva de su impugnador. Los únicos que pueden recusar una tradición son quienes partieron de una tradición distinta y hallan incomprensible, deleznable, irracional y “anticuada” la nuestra. Cuando estos migrantes tienen poder en nuestro mundo producen los gigantescos errores que hemos sufrido durante 500 años, errores que algunos migrantes actuales no ven ni quieren ver.
3. Las modernidades
El proceso histórico de un grupo humano genera un acervo de estrategias exitosas, y de conocimientos, cuyas reproducciones simbólicas constituyen la cultura de ese grupo. En particular, son hitos importantes de la historia universal los éxitos de las seis grandes civilizaciones de la antigüedad: Egipto, Mesopotamia, India, China, Maya y Andina. Posteriormente vinieron otros hitos importantes como la civilización greco-romana, la árabe y la occidental. Todas ellas tuvieron sus procesos históricos, sus estrategias exitosas y sus culturas, pero las de unas no lo fueron necesariamente de las otras.
En cualquier cultura ocurre que en un cierto lapso de tiempo se manifiestan caracteres nuevos endógenos, gestados por los propios agentes y fuerzas sociales, en las actividades sociales, económicas, políticas, culturales, etc. Diremos entonces que en ese período tuvo lugar una modernidad. No hay ninguna razón para que en un mismo proceso histórico no puedan aparecer dos o más modernidades, todas gestadas endógenamente.
Durante el desarrollo de una modernidad se asienta progresivamente en el grupo humano una nueva cosmovisión, acompañada de grandes cambios en la conciencia. Esto es posible porque el tiempo que toma la gestación, el esplendor y la decadencia de una modernidad es suficientemente largo, de modo que la conciencia tiene ocasión de ajustarse a las nuevas condiciones.
¿No fue acaso una modernidad lo que experimenta el antiguo Egipto hacia el año 2000 a.n.e. cuando se instala un Estado centralista eficiente, que desarrolla la diplomacia, la producción de alimentos, la escritura de jeroglifos diferenciando consonantes y grupos de consonantes, un calendario solar de 365 días y cuarto, en que el arte hacia los años 1300 produce las formas decantadas de la tumba de la reina Nefertiti? Entre 1570 y 715 ¿no hubo un formidable desarrollo del arte, del cual quedan muestras en los templos de Karnak y Luxor, en las estatuas colosales y en el templo de los muertos de Medinet Habu?
¿No es una modernidad la que experimentan los asirios cuando dejan como evidencia la gigantesca biblioteca Ninive con 22000 tablas de cerámica con caracteres cuneiformes dedicadas a la literatura, historia, filosofía, astronomía y comercio, todo esto hacia el año 600 a.n.e.?
¿Y no corresponde a una modernidad en la India el período védico entre los años 1000 y 600 a.n.e. cuando se desarrolla el sánscrito y se escriben los textos brahamánicos que resumen la sabiduría de una de las seis grandes civilizaciones?
De particular interés para la MODERNIDAD de Occidente habría de ser la modernidad griega clásica que ocurrió antes de la aparición de Occidente, pero que tendría influencia poderosa en este desarrollo posterior. Por tal motivo nos empeñaremos en dar algún detalle de esta modernidad, que tuvo una larga gestación y un relumbrante esplendor. Lo haremos mediante una breve cronología:
Los precursores de la modernidad griega del Siglo V a.n.e. datan de los años 750 en que Homero canta la gesta griega, y 700 en que comienza la economía monetaria. Un siglo después aparecen las discusiones fundamentales del pensamiento griego a propuesta de Tales de Mileto (624-546) y Anaximandro (611-546). Finalmente eclosionan la modernidad griega con Parménides (540-470), Pitágoras (580-500), Heráclito (535-470), Solón (que en 594 hace el reordenamiento económico y social que permitiría el control de los poderes que impedían el desarrollo de las fuerzas sociales, abriendo así un proceso que culmina con la Reforma de Clístenes en 509-507). Es la época en que producen sus grandes obras Anacreonte (570-488), Píndaro (518-447), Esquilo (525-456), Sófocles (597-406). Finalmente, el proceso culmina con los tiempos de Pericles, contemporáneo de las grandes figuras de la Grecia Clásica: Herodoto (484-425), Eurípides (480-400), Aristófanes (445-385), Tucídides (460-396), Jenofonte (430-354), Fidias (498-432), Sócrates (496-399), Platón (427-347) y Aristóteles (384-322). Todo este ciclo se habría cerrado con la gigantesca expansión territorial lograda por Alejandro el Grande (356-323).
Epígonos de esta extraordinaria modernidad serían quienes desarrollaron la cultura helenística en Alejandría y otros lugares en que tuvo influencia Alejandro.
Dada la gran proximidad histórica de Roma con Grecia, país al que conquistó pero cuya tradición cultural asimiló, podría decirse que ambas conforman un Mundo Greco-Romano que constituye una única etapa de desarrollo de los pueblos mediterráneos en el Mundo Antiguo.
Antes de cerrar estos párrafos sobre las modernidades, no quisiéramos dejar de señalar que en el Mundo Andino también ocurrieron modernidades como la que experimentó la cultura Chavín entre los años 1200 y 600 a.n.e. o la cultura Moche entre 100 a.n.e. y 700 d.n.e., la cultura Wari entre 800 y 1200 d.n.e. y, sobre todo, el esplendor de la modernidad Inca en las épocas de Pachacútec.
4. Occidente y “LA” MODERNIDAD
Como también señalamos en otra oportunidad [(6), p.16)], Occidente aparece a partir del siglo V, primero como Imperio Romano de Occidente (395-476) y luego como Sacro Imperio Romano Germánico (a partir de los años 800), sentando plaza de civilización guerrera y conquistadora. La base material de Occidente estuvo formada por los territorios de Europa, los despojos del Imperio Romano y, como elemento dinámico, los pueblos germanos. Huérfanos de un desarrollo económico, político, social y tecnológico, los germanos adoptan la estructura cultural latina vía la gramática del gótico, la traducción de la biblia por Wulfila y el latín como idioma culto. Finalmente adoptan la tradición cultural greco-latina que pasa, así, a constituir la “tradición” occidental o europea.
El proceso de la Edad Media no es otra cosa que la metabolización del mundo greco-romano por los “bárbaros”. Lo que sale de ese proceso es ya cualitativamente distinto, a pesar de que los elementos esenciales que concurrieron a formarlo están presentes: la tradición bélica de los pueblos germánicos, el capitalismo cuyas raíces aparecen en Grecia (tanto en su forma de economía como de crematística), el pensamiento platónico, al que se reinyecta con fuerza el aristotélico en el siglo XII, tras su larga supervivencia entre los árabes, etc. La salida del proceso medieval, culminado hacia el siglo XV, es nada menos que “LA” MODERNIDAD. Como Occidente está constituido por países hegemónicos que dominan por las armas al resto del mundo desde los comienzos de esta MODERNIDAD, para ellos y para los pueblos dominados sólo existe una única modernidad, “LA” MODERNIDAD de los vencedores, y como consecuencia desaparece todo intento de describir otras modernidades. Esta importante actitud bastaría para caracterizar un profundo y desmesurado eurocentrismo: el mundo es moderno desde el momento en que Occidente lo es. Toda conquista o acto de rapiña será justificado como un medio por el cual los países occidentales llevan al mundo “atrasado” los beneficios de “LA” MODERNIDAD, cuyo valor cualitativo es superior a la suma de todos los valores de los conquistados, y cuyo valor cuantitativo es mayor que la suma de todas las riquezas y de todas las personas humanas que integran los pueblos del mundo que no pertenecen a Occidente.
Este curioso mundo intelectual del eurocentrismo, del que trabajosamente nos estamos liberando cinco siglos después de la conquista, creó y luego recusó la concepción lineal de la historia. Dicha concepción pretende, en pocas palabras, que el pasado es sinónimo de atraso, que el presente es superior al pasado, y que vamos a tener un futuro mejor bajo la conducción de las ideas y las hazañas bélicas de Occidente. La recusación de esa concepción dice que el desarrollo de la historia es multiforme, y que dos experiencias históricas no son comparables en cuanto a la relación unidimensional mejor-peor.
En los últimos tiempos se ha desarrollado en nuestro país una polémica entre los que se adhieren a las corrientes postmodernas y los que pretenden que la tradición tiene tanto valor como la modernidad o la postmodernidad. En las formas verbales que emplean los primeros rezuma el eurocentrismo de una manera muy clara: la tradición andina es PREMODERNA y por lo tanto es inferior a “LA” MODERNIDAD, y ésta estaría siendo superada por el nuevo aporte de Occidente: la POSTMODERNIDAD. Como ejemplo de esta actitud diremos que la revista Kachkaniraqmi , por presentar relevantes características de la tradición andina y de su conflicto con “LA” MODERNIDAD de ellos, ha sido alguna vez calificada de PREMODERNA, con toda la pérdida de valor cultural que esto significaría (y que felizmente ya no significa) en el Perú de hoy. Esta situación, que tiene resabios de Sepúlveda cinco siglos después, nos invita a hacer una breve reflexión sobre la aparición de “LA” MODERNIDAD de ellos, y cuánto le debe a la tradición de ellos.
Los occidentales explican que la MODERNIDAD pasa por un fenómeno global del mundo europeo llamado EL RENACIMIENTO (naturalmente único, pues no puede suceder fuera de Occidente ningún otro). Ocurre, sin embargo, que lo que renace, es decir vuelve a nacer, es el espíritu greco-romano que es nada menos que la tradición del mundo europeo. Así, en Florencia se aspira a desarrollar un Renacimiento de Platón impulsado por las enseñanzas sobre el lenguaje y la cultura griega clásica por Manuel Chrysoloras. En 1440 se funda la Academia Platónica, donde se renuevan las aspiraciones al libre desarrollo espiritual del hombre inspirándose en el estudio de las obras clásicas de la antigüedad. Por otra parte el poeta Petrarca (1304-1374) había propagandizado la sabiduría de Cicerón y Séneca. En 1415 Leonardo Bruni publica “El nuevo Cicerón” predicando el ideal de una formación ilustrada al mismo tiempo que actuante, como el ideal de los antiguos. Ficino (1433-1499) tradujo a Platón nuevamente. Por su parte Pico de la Mirándola (1463-1494) diseña una imagen del mundo en base a los valores culturales antiguos, cristianos y judíos. Los escultores, pintores y arquitectos de “EL” RENACIMIENTO se sumergen en el estudio del arte griego clásico y muchas de las nuevas formas adoptan las provenientes de la tradición greco-romana. Son cientos o miles de situaciones en que puede mostrarse, en toda Europa, que “EL” RENACIMIENTO es producto de la tradición clásica condicionada por las nuevas realidades de una Europa física y económicamente afincada en el capitalismo mercantil.
¿Por qué la “realimentación” de tan importantes factores de la tradición fueron buenos para la construcción de “LA” MODERNIDAD, mientras que la tradición del Mundo Andino es peligrosa y hasta vergonzosa y opuesta a la creación endógena, de una nueva modernidad en estos mundos? Esta no imposible modernidad podría no ser “LA” MODERNIDAD occidental y por lo tanto no sería modernidad ¡Caprichos del eurocentrismo!
5. MODERNIDAD y modernizaciones
Los nuevos Sepúlvedas, que consideran inferiores las culturas no
occidentales, pretenden que nuestros pueblos pueden aspirar al “progreso”
solamente adoptando “LA” MODERNIDAD (o la POSTMODERNIDAD si
son intelectuales más avanzados que el resto de su sociedad). Como
esta adopción es extremadamente difícil, pues lleva nada menos
que el problema casi insoluble de la alteridad, de la conversión
de sus individuos en otros individuos con otras experiencias históricas
irrepetibles en estos parajes, entonces tratan de producir la mutación
mediante los procesos de MODERNIZACIÓN, que en resumidas cuentas
significa “suponiendo que me convierto en europeo por arte de magia,
entonces debo obrar dentro de los cánones europeos”. Para facilitar
esta conversión nos venden “modernizaciones” enlatadas
(en provecho de la economía de ellos, por supuesto) en la forma de
perfumes, movimientos literarios, e ideológicos, máquinas
de todas las clases imaginables, recetas para el “éxito”,
etc.
Desgraciadamente para nuestros Sepúlvedas,
una modernidad no es una suma de modernizaciones, siempre alienantes, y
en consecuencia no se ha logrado el cambio en 500 años. Para estimularnos
nos llaman “occidentales” (habitantes del extremo occidental
de Occidente, por ejemplo), pero basta que vayamos a España para
descubrir que tales occidentales “sudacas” no tienen carta de
ciudadanía en Occidente. Son, pues, halagos interesados que desaparecen
brúscamente en cuanto nos lo creemos, y de suaves aduladores sobre
los progresos de nuestra occidentalización pasan al trato rudo que
suelen dar a sus inferiores. Dentro de su concepción seríamos
algo así como “occidentales de extramuros”, que incomodamos
mucho cuando atravesamos ese “muro” natural que es el Atlántico.
Referencias.-
(1) G. Ramos. A las juventudes de los pueblos andinos. Kachkaniraqmi 5 (1991
13-19. Lima
(2) G. Ramos. Un Perú Posible: el factor humano. Kachkaniraqmi 6
(1991) 13-17. Lima.
(3) Hemos hecho un apropuesta en este sentido. Ver: G. Ramos. Proyecto Histórico
y Nacionalidades. IPIC. Lima (1991) 31 p.
(4)
(5) Ramos, Gerardo. Proyecto histórico y nacionalidades. IPIC. Lima.
1991.
(6) RAMOS, Gerardo “A las juventudes de los pueblos andinos”
Kachkaniraqmi, Lima (5): pp. 13-19, abril 1991.