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MENSAJE:

Quienes hemos nacido y vivido sesenta años en estas tierras queremos hacer llegar nuestro testimonio y nuestra esperanza a los jóvenes que pronto asumirán la conducción de los pueblos andinos. Esperamos que ellos nos escuchen, sin que esto recorte su plena libertad de asumir o desechar lo que decimos.

1. Lo que hemos recibido

Queremos decirles que durante los cuatrocientos años anteriores a nuestra llegada y durante las seis décadas que hemos vivido, voces interesadas, omnipresentes y monocordes nos han dicho que:

• somos occidentales
• la cultura nos viene de occidente
• el atraso nos viene de nuestra herencia indígena
• la ciencia occidental es la única verdadera por estar basada en la razón
• la tecnología occidental es la única exitosa por estar basada en la ciencia occidental y por lo tanto, en la razón
• la producción material debe crecer incesantemente para hacer ricos a los hombres
• la naturaleza está al servicio del hombre y éste tiene sobre ella derecho de vida y muerte
• la pobreza nos viene de la sobrepoblación de nuestros países

Y muchas cosas más, algunas de las cuales comienzan a desaparecer lentamente de la expresión oral o escrita, pero permanecen en las mentes, tales como que quinientos años de saqueo apenas compensan el beneficio de recibir una lengua occidental y culta, o que las razas de tez oscura producen países pobres.

Reconocemos que no hemos escapado al hechizo de la riqueza y el poder, ni al deslumbramiento de los metales niquelados y cromados, ni al embrujo de musicalidad de las lenguas europeas, ni a la admiración por los superhombres, generalmente guerreros con uniforme o sin él. Pero mirando con menos ingenuidad, casi quinientos años después de la llegada de Occidente tenemos que pensar cómo recibimos el mundo en que deben vivir nuestros hijos y nuestros nietos. He aquí algunos datos:

• Ecosistemas destruídos o contaminados, suelos erosionados, tierras de cultivo perdidas, bosques despoblados, aguas envenenadas, especies de flora y fauna extinguidas. Todo esto como producto de cierta razón y de la tecnología occidental.

• Hambre crónico, desnutrición, naturaleza muerta por acción del hombre, alta morbilidad, fuerte mortalidad infantil, insalubridad, inaccesibilidad a los servicios médicos, producción que crece pero cuyos beneficios no llegan a la población, a la que no solamente no enriquece sino empobrece cada día más. Todo este atraso llega con la cultura y la ciencia occidentales pues, antes de la llegada de Occidente, el Mundo Andino* no era así.

• La densidad de población de los países andinos es notablemente inferior a la de los países europeos, pero éstos son ricos y los nuestros pobres. El mismo factor juega de distinta manera en el norte que en el sur. Esta es la lógica, es decir, aquella razón occidental.

• Somos occidentales pero el atraso nos viene de la herencia indígena. Entonces, con tamaña herencia, no somos occidentales. Otro buen ejemplo de la lógica occidental.

Igual cúmulo de cosas extrañas aparecen en relación con las lenguas nativas: para poder pensar y crear debemos aprender las lenguas occidentales y olvidar las nuestras. Pero nadie puede pensar y crear si no es en el sistema cognitivo de su propia lengua. Así, para poder pensar y crear debemos dejar de pensar y de crear.

Y podríamos proseguir el análisis por largo tiempo.

2. Lo que podemos explicar

¿Creemos que los hombres occidentales son torpes y no ven lo evidente? No. Nuestros viajes por Occidente nos han permitido apreciar que los occidentales son ambiciosos y este defectillo puede llevarlos a algunos excesos, tales como la depredación y la contaminación o a los holocaustos durante su juego preferido, la guerra. Pero no son torpes como para no ver lo que es evidente en el norte. Sin embargo, por diferentes motivos que sería largo enumerar, ven en el sur lo que es evidente en el norte y no justamente en el sur.

Veamos algunos factores claramente diferentes entre Occidente y Mundo Andino pero que han sido percibidos como iguales durante casi quinientos años:

FACTOR
OCCIDENTE
MUNDO ANDINO
Geomorfología Grandes planicies. Montañas bajas. Muy quebrada. Pequeños Valles. Montañas muy altas.
Ecosistemas Homogéneos. Muy heterogéneos.
Climas Pocos climas diferentes. 80% de los climas del mundo.
Suelos Profundos. Pantanosos. Delgados. Muy secos. 3 a 6% de área cultivable (escasos).
Ríos Anchos,escasa pendiente. Poco
erosionante del suelo.
Muy grandes pendientes. Muy erosionantes del suelo.
Temperaturas Estables durante estaciones. Inestables. Gran variabilidad en una misma época del año.
Agua Regímenes estables. Mucha agua por cortos períodos.
Vientos Fuertes y estables Inestables, con direcciones cambiantes.
Flora y fauna Pocas especies. Animales de carne, de carga y de tiro. Muchas especies. Animales menores.

Podríamos decir que el trabajar con un paisaje determinado habitúa al grupo humano que vive en él a ciertas ideas y determina concepciones técnicas y sociales que resultan características para tal paisaje y tal grupo humano. Es como si la razón de los seres humanos se acondicionara para resolver el problema planteado por su medio natural. Dentro de este orden de ideas podríamos definir la Racionalidad de un grupo humano como el conjunto de estrategias puestas en juego para asegurar su propia reproducción material y social. Dichas estrategias se traducen en proceso de aproximación, conocimiento, experimentación y control del medio físico y social mediante el trabajo realizado por el grupo. En este sentido, es de esperar que paisajes tan diferentes como el de Occidente y el del Mundo Andino hayan producido racionalidades distintas. En efecto, también a título de comparación, podríamos establecer algunas diferencias entre ambas racionalidades.

FACTOR
RACIONALIDAD OCCIDENTAL
RACIONALIDAD ANDINA
Uso del suelo Intensivo y extensivo. Conservacionista y generador de nuevo suelo
Flora y fauna Uniformación de la producción. Pocas especies. Diversificación de la producción. Manejo de muchas especies
Agricultura Cultivos uniformes y masivos, con pocas variedades vegetales y uso de grandes potencias. Gran variabilidad de cultivos. Adaptación de especies. Uso de pequeñas potencias
Ganadería y
Piscicultura
Animales de gran tamaño, demandan mucho forraje y exigen cultivos masivos. Peces, moluscos, etc. Auquénidos (de alimentación sobria en base a pastos superficiales), cuy, pato, peces variados, moluscos, etc.
Explotación de recursos Explotación intensiva de pocas especies. Socavones mineros. Depredación. Uso de recursos renovables. Adaptación y diversificación de especies. Conservación.
Manejo de ríos y agua Regadío, navegación. Obras hidráulicas. Regadío. Control de velocidad del agua. Obras hidráulicas originales.
Uso de la
energía
Masivo, tanto de energía hidráulica como fósil y de biomasa. Pequeña escala, en base al sol y a biomasa reproducible.
Herramientas Fuertes. Exigen animales fuertes o máquinas. Simples. Livianas.
Nutrición y dieta Preferencia por proteínas animales e hidratos de carbono. Poca variedad alimenticia. Preferencia por proteínas vegetales. Pocos hidratos de carbono. Alimentación variada.
Organización del trabajo Jerarquizada. Forzada. El trabajo es castigo. División del trabajo Colectivista. Bien planeada. El trabajo es una forma natural de vida.
Economía Acumulación individual Explotación. Concentración. Escasez. Monetización. Equilibrada. Colectiva. Trueque. Abundancia.
Previsión social Acumulación individual, y por cortos plazos, de medios de subsistencia. Períodos de hambruna Acumulación colectiva, y por largos plazos, de alimentos, semillas y ropa. Previsión de desastres.
Organización social Fuertes relaciones de explotación: servidumbre, proletariado (feudalismo y capitalismo). Individualismo. Estamental. Grupal. Reciprocidad. Complementariedad.
Cosmovisión “Saber es poder” Comunión con la naturaleza

Pero al lado de la racionalidad, y conectados con ella, aparecen importantes factores históricos. En efecto, la base humana de Occidente está formada por pueblos germánicos originarios del norte de Alemania y de la península escandinava cuya actividad principal era la guerra, los cuales satisfacen sus necesidades en base a conquistas. Estos pueblos dominan a romanos y griegos que habían desarrollado la agricultura desde sus orígenes sumerios y habían construido culturas avanzadas. A partir del siglo V se establece Occidente, primero como imperio Romano de Occidente (395-476) y luego como Sacro Imperio Romano Germánico (a partir de los años 800), sentando plaza de civilización guerrera y conquistadora que toma la riqueza de otros pueblos para concentrarla en los suyos. Lo mismo haría luego occidente con el mundo andino, a partir del siglo XVI, con la diferencia de que, estando éste ubicado en un continente lejano que no podía anexar, estableció regímenes coloniales en los cuales la expropiación de la riqueza fue seguida por la depredación de todo tipo.

El desarrollo de los pueblos andinos, en cambio, partió de la necesidad de supervivir y reproducirse en un suelo árido y con recursos escasos. Por tal motivo fue necesario domesticar 112 especies de plantas (aproximadamente el 50% de las domesticadas en el mundo), controlar el agua, cuidar e incrementar la escasa tierra de cultivo y subordinar la guerra a las necesidades de supervivencia (interrupción de las campañas en épocas de siembra y cosecha). Estudios recientes apuntarían incluso a comprender las “guerras de conquista” como una necesidad de formar en determinados estadios históricos, horizontes panandinos que permitieran compensar por medio de amplios intercambios los fuertes cambios climáticos que hacían improductivas algunas zonas extensas durante períodos largos.

Así pues, aún incorporando la guerra como factor de análisis de las racionalidades, habrían fuertes diferencias entre las dos que hemos presentado.

Al comienzo de estos párrafos nos preguntábamos si los occidentales fueron torpes en su trato con el Mundo Andino. Creemos que sí lo fueron en el sentido de que, aunque incorporaron inmensas riquezas andinas a su acumulación originaria en Inglaterra, Francia y Alemania, en cambio un mejor manejo de la agricultura, los rebaños, las minas y los obrajes les habría producido riquezas mayores y por mucho más tiempo. Consideramos que el peor error que cometieron fue el de menospreciar el factor humano (la población cayó en 1590 al 15% de la población de 1530). Pero los conquistadores prefirieron imponer su racionalidad occidental sobre las condiciones naturales que evidentemente serían destruidas por ésta. La soberbia de los países más poderosos del mundo les hizo creer –ayer como hoy- que su ciencia, su tecnología, su religión, su cultura y su orden social eran los únicos posibles. No vieron pues en el sur lo que era objetivamente evidente.

3. Lo que tenemos

La campaña ideológica desarrollada durante quinientos años por las voces interesadas –a las que aludimos al comienzo– ha penetrado en las conciencias de muchas generaciones. Así, después de varios siglos, ya no es necesaria la dominación política de Occidente para que su racionalidad perviva sobre el Mundo Andino. Bastan los procesos de dominación económica y la manipulación de las conciencias apelando a la “modernidad” y sus aparentes beneficios, traducidos en la sociedad de consumo, para que personajes no occidentales (debido a su herencia andina), que somos los andinos de hoy, estemos dispuestos a defender la “cultura occidental” que no es nuestra, la “tecnología occidental” que solemos llamar simplemente “la tecnología” porque no admitimos que pueda haber otra, etc, en contra de nuestros propios intereses.

Tememos que esta absurda ideologización de los andinos prosiga el tiempo requerido para liquidar toda variedad biológica, arruinar todos los ecosistemas, desaparecer todas las tierras de cultivo y convertir a nuestros países en gigantescos desiertos llenos de máquinas que trasudan aceite, devoran insumos importados y excretan veneno.

Por todo esto, que tenemos, queremos decir a los jóvenes que conducirán nuestros países que no pueden dejarse arrastrar por la ilusión de que son occidentales, pues los occidentales no lo creerán y no los tratarán como a sus iguales: les cerrarán las fronteras de sus países si intentan establecerse en ellos. Les aplicarán aranceles aduaneros desmesurados a sus productos, a fin de que la riqueza que se llevan quede en occidente y no vuelva al mundo andino. Les prestarán dinero en condiciones usurarias y les cobrarán por la vía coactiva, declarándolos “inelegibles”. Les enviarán sus empresas transnacionales para succionar su riqueza lo más rápidamente posible. Los despreciarán, los invadirán y castigarán con sus fuerzas expedicionarias y sus armamentos nucleares. Les contaminarán sus tierras con abonos sintéticos y pesticidas. Les envenenarán sus mares y su atmósfera. Enrolarán a sus juventudes en las guerras para defender la rapiña de Occidente en Asia, Africa y en todo el hemisferio sur. Y mucho más.

Todas estas cosas malas no son producto de la imaginación afiebrada de quienes apareceríamos como enemigos de Occidente, sino un breve listado, incompleto de lo que desde hace siglos Occidente practica con los países del sur, y en particular con los de nuestra región. No es, pues, ficción. Por esto rechazamos de antemano cualquier cargo de enemigos de Occidente, de fundamentalista o de aislacionistas.

Pero tenemos algo más. Los socialismos históricos, inspirados por Occidente –sobre todo los europeos– se mantuvieron dentro de la racionalidad occidental en sus procesos económicos y sociales. Son parte y expresión de Occidente aunque con un proyecto mejorado en algunos casos.

Todos han depredado su naturaleza. Han practicado genocidios – placer muy occidental– en nombre de la razón. Han aplicado las tecnologías occidentales en el campo (cultivos extensivos, uniformes y mecanizados) y en la industria (producción masiva, creciente y, si es posible, automatizada). Han agotado sus recursos. Han ampliado mercados para luego romper sus compromisos (como el caso de Cuba, abandonada a su suerte por la Unión Soviética). Han ideologizado a pueblos ajenos para establecer sus propios mecanismos de poder.

Si bien el proyecto socialista de Marx es aún promisorio, su aplicación dentro de las relaciones de producción y de dominio de la naturaleza clásicamente occidentales conduce al colapso de las propias sociedades socialistas y su vuelta al capitalismo tras penosos procesos de ruina y frustración colectiva.

Otros paradigmas socialistas deberán rebrotar o emerger. Otros, en que la palabra solidaridad no devenga hueca en diez años; en que no se persiga el poder como un objetivo autónomo o como un botín, ni se aplique la dominación inmisericorde de los compañeros que lo ganan sobre los que lo pierden; en que no se expropie la voluntad de los demás; en que todos los individuos tengan efectivamente los mismos derechos; en que la especie humana sea lo más valioso y en que se favorezca el que cada ser humano alcance su máximo perfeccionamiento como fin y como medio para el máximo perfeccionamiento de toda la vida social.

4. El socialismo que queremos

La “promesa de vida” republicana fue incumplida por los capitalismos durante los casi doscientos años de vida políticamente independiente de nuestros países. El cambio del mercantilismo al liberalismo no solamente no nos trajo una vida mejor, sino que hizo de países pobres –con grandes masas en situación de extrema pobreza– países exportadores netos de capital. No queremos más capitalismos. La “reinserción” en la economía mundial capitalista no puede traer para nuestros pueblos sino sangre, sudor y lágrimas. En el caso de que tal reinserción ocurra hoy, a ese precio, lo más probable es que nuestros países tengan luego que perder esta “ventaja” cuando el mercado mundial les haya devorado lo que queda de sus economías.

Queremos ensayar un nuevo socialismo con rostro humano que no solamente incorpore los valores de todos los socialismos sino que, además, tenga en cuenta los antecedentes colectivistas –muchos de ellos de naturaleza claramente socialista– de nuestras propias civilizaciones, truncados por la catástrofe de la dominación occidental.

Queremos un socialismo en el cual participen en pie de igualdad todos los seres humanos y no tengan preferencia los que fueron educados en Occidente. En que participen con plenos derechos las culturas de todos los pueblos andinos y reciban particular apoyo aquellas que fueron perseguidas, desvirtuadas y agredidas durante los últimos cinco siglos. En que tengan igual desarrollo nuestras muchas lenguas y sus dialectos, y sean apoyadas para que puedan emular a las lenguas occidentales. En que estén integrados a la vida social y a la producción todos los grupos humanos que la historia ha formado en nuestros países, conservando sus propias estructuras sociales y productivas. En que el tan relegado factor de heterogeneidad biológica, cultural, humana, lingüística y productiva sea asumido como una ventaja y convertido en la fuente de la riqueza de nuestros pueblos.

Queremos, en fin, reabrir la búsqueda de las utopías porque el excesivo pragmatismo de los “realistas” nos ha conducido al hambre, a la miseria moral y a la vida infrahumana en que mueren cada día los mejores valores de nuestra especie en un mar de podredumbre creado y cultivado por nuestros gobernantes y por sus clases dominantes. Queremos paz, alegría, creatividad de todo género, justicia y belleza, aún dentro de los límites de la relativa pobreza material que impone la escasez de nuestros recursos.

5. Lo que podemos

Tenemos que asumir una conducta individual de hombres libres en la que –aceptando provisionalmente los límites que nos imponga la fuerza bruta que ahora campea en nuestros países– usemos en primer lugar nuestra libertad de pensar, libertad en la que no puede interferir ninguna fuerza externa a nosotros mismos.

• Podemos pensar de otra manera nuestros países, nuestras sociedades y nuestras culturas, sin subordinar nuestro pensamiento a las corrientes de moda. No estamos obligados a tomar partido ni por la modernidad ni por la post-modernidad, que son ajenas a nuestras necesidades. No estamos obligados a seguir ejemplos foráneos. Estamos obligados, sí, a aceptar y armonizar las tendencias de nuestros grupos humanos y de nuestras fuerzas sociales.

• Podemos pensar de otra manera nuestras economías. El Mundo Andino es ajeno a las ventajas que han dado poder a Occidente. Nuestros ecosistemas no soportarían procesos de industrialización devastadores de la naturaleza. La metalurgia y la industria química masiva serían más destructivas aquí que en el norte. Podemos, en cambio, pensar en la inmensa variedad genética que poseen la flora y la fauna de nuestros Andes y hacer la agricultura más variada –y por lo tanto la más rica– del mundo.

• Podemos pensar de otra manera a nuestros pobladores. De extraordinarios agricultores, experimentadores, pastores, criadores y creadores, Occidente hizo masas de siervos hambrientos. Repensemos la incorporación total de nuestra población a la producción y busquemos la manera de reabrir las compuertas de su creatividad de siempre.

• Pensemos en nuevas formas políticas de gobernarnos y administrarnos. Podemos pensar también en superar el estado de “balkanización” que nos impusieron los dominadores.

• Podemos llevar una relación sana y estimulante con Occidente e intercambiar con sus países y pueblos las experiencias y las creaciones que necesitemos o necesiten de nosotros, pero en condiciones paritarias, sin desequilibrios en la justicia, ni en la balanza de pagos, ni en los cambios de moneda, ni en las barreras aduaneras.

• Podemos aceptarnos como poseedores históricos de los valores de Occidente que no hayamos recusado, sin aceptar que les debemos por ello deferencia particular o fidelidad incondicional. Los valores incorporados a título de positivos son nuestros, como si no nos hubieran sido impuestos en medio milenio sino como si los hubiéramos elegido libremente, con la misma libertad con que ahora recusamos y expulsamos los desvalores y todo lo malo de Occidente.

• Podemos tomar en nuestras manos nuestros destinos sin subordinados al Fondo Monetario Internacional, ni a las Naciones Unidas, ni a la Real Academia de la Lengua.

Podemos, en fin, volver a fundar nuestras sociedades como hicieron una vez Pachacútec y otra vez Pizarro, pero para vivir en armonía con nosotros mismos y con la naturaleza.

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MENSAJE DE 1991

A las juventudes de los pueblos andinos
Una visión alternativa del Perú / Gerardo Ramos
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