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El mundo moderno nos ha habituado a observar los objetos materiales bajo diferentes luces: iluminados con luz ultravioleta vemos con otros matices los detalles de un objeto bien conocido que hemos visto habitualmente bajo la luz natural. También la luz infrarroja nos muestra otras características del mismo objeto, y así todo cambiará si usamos otras luces. Podríamos parodiar el dicho popular escribiendo “todo se ve del color de la luz con que se mira”.

Durante los últimos tres siglos los países han sido vistos bajo la luz del pensamiento económico, mostrando clases sociales, capital, circulación y acumulación de riqueza, recaudación y redistribución de impuestos, etc. Otras importantes estructuras sociales han llegado a ser casi invisibles, de modo que su mención parece aludir a fenómenos inverosímiles. Hay, si embargo una visión de siempre, que queda oculta por períodos de tiempo pero que resurge tercamente por lo mismo que se la disimula o francamente se la niega: es la visión étnica, que subyace a todas las otras estructuras y que está anclada en las zonas más profundas de los grupos humanos. Cuando rompe las barreras de la censura y de la autocensura puede presentar un juego de fuerzas sociales olvidadas que pueden incluso ser conflictivas como ocurre hoy en los Balcanes, en el País Vasco o en el Afganistán.

Entre los grandes problemas de hoy están el resurgimiento étnico y el desarrollo de etnias dominadas, variables que solamente pueden ser conjugadas con otras variables sociales mediante la constitución de un Proyecto Histórico nacido de uno o de varios proyecto étnicos.

En 1991, desde la marginalidad obligada de quien escribe desde afuera del paradigma vigente (véase la Sección II) lanzamos un Mensaje a las juventudes de los pueblos andinos. Tratábamos de invitarlos a que tomen conciencia de que en el Perú no somos occidentales porque el proceso histórico seguido por nuestras culturas estuvo condicionado por el grandioso escenario de los Andes y sus efectos en los territorios aledaños (costa y selva amazónica), y no por las planicies europeas, y de sugerirles que tenemos a nuestra disposición amplios caminos para recorrer sin intentar copiar lo incopiable.

En los diez años transcurridos, otros pueblos han madurado su reflexión sobre situaciones análogas y se han echado a andar con sus propias fuerzas: los indígenas ecuatorianos y los mexicanos. Exigen aceptar la pluralidad de nacionalidades reconocida por la Constitución y por la vida política real. Bolivia, donde se había conseguido desde hace algunas décadas lo que necesitamos en los demás países con fuerte población nativa, prosigue el proceso de consolidación del aymara como lengua oficial y la aceptación generalizada de una sociedad étnicamente plural.

En los momentos en que escribimos esta Introducción hay dos procesos que ocupan lugar destacado en las noticias:

El primero de ellos es la Marcha de los zapatistas recientemente realizada en México, desde Chiapas hasta la capital del país, reclamando la inclusión en la Constitución mexicana de diversos dispositivos que tienden a nivelar realmente los derechos de las poblaciones indígenas con los de los ciudadanos “criollos”, reconociendo un status adecuado para los indígenas.

El segundo es muy reciente: el 8 de abril del presente año ocupó el primer lugar en las elecciones presidenciales del Perú, en “primera vuelta”, Alejandro Toledo, economista surgido de los estratos más pobres de Cabana y provisto del origen y los rasgos marcadamente indígenas, ocupando los siguientes lugares Alan García Pérez y Lourdes Flores Nano, claros representantes de la etnia hispánica. Más significativa aún es la llegada al Congreso de Paulina Arpasi, mujer aymara nacida en Puno, que habla su lengua nativa y usa las ropas de las etnias de su región. Esto, que ocurre por primera vez en la historia republicana del Perú, puede ser interpretado como el avance de la punta del movimiento de recuperación del país por las etnias nativas.

En esta colección de artículos casi todos publicados en diversos momentos de la década que termina, expresamos nuestro deseo de que el Perú pueda ser visto en sus potencialidades materiales y humanas, no solamente como un país viable sino también como un país estabilizable socialmente cuando los diferentes grupos humanos hayan aprendido a respetar a los otros y a convivir con ellos en un diálogo fecundo.

Agradecemos a la Universidad Ricardo Palma por haber dado cabida a nuestra ideas en el presente libro.

Lima, 12 de abril del año 2001

Gerardo Ramos

Una visión alternativa del Perú / Gerardo Ramos
INTRODUCCION ACTUAL
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