




Fernando Gutiérrez
Ante las críticas y rechazo de la ciudadanía al Tratado
de Libre Comercio (TLC) que se negocia con Estados Unidos, los voceros del
régimen y la gran prensa nacional salieron en su defensa embelleciendo
las supuestas ventajas y minimizando los riesgos de manera interesada. Medias
verdades y pronósticos oscuros sobre el futuro del país si
no lo firmábamos, hicieron el marco de falsedades apropiado para
que aparezca Alejandro Toledo anunciando “su firme decisión”
de firmarlo “sí o sí”. Así se viene intentando
atemorizar y despistar a la ciudadanía para lograr su apoyo a la
firma del Tratado sin que haya una verdadera y democrática discusión
nacional, la cual, de realizarse, debe resolverse en un referéndum.
“Sin TLC nos vamos a fregar”,
dijo el Primer Ministro Pedro Pablo Kuczynski, sumándose a la campaña
de desinformación que desde inicios de año llevan cabo los
medios periodísticos, políticos y empresarios alineados con
el neoliberalismo.
Éstos han llegado a sostener, por ejemplo, que al país le
conviene permitir el ingreso masivo de alimentos desde EE.UU., sin cobrarles
impuestos (aranceles), aunque vengan baratos porque son apoyados (subsidiados)
por el Tesoro norteamericano.
También han pretendido ilusionarnos asegurándonos que dicho
Tratado nos daría, casi en forma automática, un enorme mercado
de doscientos millones de personas, lo que crearía más trabajo
en nuestro país. Pablo de la Flor, jefe del equipo negociador peruano,
afirmó incluso que un TLC con EE.UU. “generará de inmediato
100 mil puestos de trabajo”.
QUIÉN GANA, QUIÉN PIERDE
En el rubro agrario, el Estado norteamericano se niega a dejar de ayudar
con 30 mil dólares anuales a cada uno de sus agricultores. En cambio,
los campesinos peruanos no reciben nada y muchas veces tienen que vender
sus productos por debajo del costo de producción.
Es más, EE.UU. se opone a que el Estado peruano establezca una “franja
de precios” que impida que los productores agrícolas nacionales
trabajen a pérdida.
Un TLC con esta abismal desigualdad de condiciones afectará a los
millones de campesinos, pequeños ganaderos y comuneros, sus economías
quebrarán.
Los únicos que podrían beneficiarse con el Tratado serían
los exportadores agrícolas y de textiles, que podrán vender
al mercado USA sin pagar aranceles, tal y como viene ocurriendo con el ATPDEA,
vigente hasta fines del 2006.
En el tema salud, los norteamericanos ha mostrado los colmillos. Exigen
que sus multinacionales gocen de mayores derechos de patente sobre las medicinas,
más allá de los 20 años que establece la Organización
Mundial de Comercio.
El ministerio de Salud e Indecopi, ente estatal regulador de derechos de
autor, pronostican el encarecimiento continuo de las medicinas en las próximas
dos décadas, si se diera pase a la demanda yanqui.
Además, no se podrían producir medicamentos genéricos,
mucho más baratos que los de marca. Y el Estado tendría serios
problemas presupuestales para surtir de medicinas los hospitales públicos.
La agresividad yanqui en materia de propiedad intelectual pretende también
que el TLC facilite el acceso de sus corporaciones a derechos perpetuos
sobre la biodiversidad de la región andina y amazónica.
MÁS DESOCUPACIÓN Y PRECARIZACIÓN DEL EMPLEO
Por el lado del empleo, el TLC con EE.UU. tampoco traerá soluciones
sino más crisis. Un anticipo de lo que vendría lo hemos visto
hace poco, cuando el ministro de Trabajo, Juan Sheput, presentó al
Congreso un proyecto de ley para reducir las vacaciones de 30 a 15 días,
acompañado de otras medidas antilaborales.
Sheput, a nombre del gobierno, no hizo sino recoger una antigua demanda
del empresariado exportador nacional y de sus partidos políticos,
que tratan de imponer una mayor “flexibilización laboral”
para ser “más competitivos” en el futuro TLC.
A la mayor precarización del empleo se sumaría el aumento
de mano de obra desocupada en el campo, por efecto de la libre importación
de alimentos norteamericanos baratos.
PLAN COLOMBIA
Para EE.UU., el TLC no es un simple acuerdo comercial. Con él busca
obtener las mayores ventajas posibles a costa de los intereses vitales de
los países andinos.
Una prueba más de ello es que el proyecto incluye la instalación
de una Corte Internacional con supremacía sobre las normas jurídicas
de nuestros países.
Esta estrategia neocolonizadora nace de la pérdida de competitividad
de la economía norteamericana frente a sus competidores imperialistas
y ante la República Popular China.
Uno de sus sectores poco competitivos son las grandes empresas agrícolas
mecanizadas, que consumen harto petróleo, lo que obliga al Tesoro
norteamericano a destinar 20 mil de millones de dólares anuales para
mantenerlos a flote.
El ALCA (Acuerdo de Libre Comercio de las Américas) y los TLC son,
entonces, instrumentos que EE.UU. necesita para reforzar y extender su dominio
sobre América Latina y contrapesar con ello su debilidad real en
el mercado mundial globalizado.
Y el Plan Colombia es la principal cabecera de playa de este proyecto, en
cuyo país los EE.UU. tienen una importante presencia militar, la
que no dudarán en usar contra cualquier nación de la región
que consideren un obstáculo a sus planes expansionistas.
¡NO AL TLC! ¡ABAJO LOS GOBIERNOS SERVILES!
A quince meses de iniciadas las negociaciones, el TLC con EE.UU.se encuentra
paralizado, sobre todo por la debilidad actual del gobierno Bush.
Por su parte, los gobiernos andinos, se ven enfrentados a una creciente
resistencia popular al TLC y no pueden ceder tan fácilmente como
quisieran a la intransigencia de los norteamericanos para firmar el Tratado
en octubre, como es su deseo.
En el Perú va ganando mayores adhesiones la postura de no firmar
el TLC, lo que se evidenció en la jornada nacional del 14 de julio
último. En Colombia, crece el prestigio político de la Red
Colombiana frente al ALCA y el TLC –RECALCA, que cuestiona lo actuado
por el gobierno de Alvaro Uribe.
Hay que darle continuidad a este proceso, apoyándonos en los gremios
que vienen sosteniendo importantes conflictos reivindicativos.
Hay que impulsar la movilización conjunta de las organizaciones campesinas
de Perú, Ecuador, Colombia y Bolivia programada para el 22 de setiembre,
frente a la XII Ronda de Negociaciones.
¡No más engaños ni ilusiones! No es posible “un
TLC mejor negociado” como vienen pidiendo CONVEAGRO, la CGTP y algunos
partidos y parlamentarios de izquierda.
Lo que hace falta es organizar un plan de lucha nacional y unificado para
impedir la firma del TLC con EE.UU., derrotando a Toledo que quiere firmarlo
antes de irse.
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* Publicado en el periódico Kuska Nº
1 de Setiembre 2005.