




Fernando Gutiérrez
Los partidos tradicionales pasan apuros para posesionar sus candidaturas
presidenciales. Lourdes Flores es inflada en las encuestas. Alan García
ensaya un discurso nacionalista tardío. Paniagua arma un frente de
“centro” con fuerzas de derecha.
El pueblo peruano ya no se entusiasma como antes con estos viejos partidos
de la burguesía, a quienes el surgimiento de Ollanta Humala les complica
más el panorama. El ex militar trata de llenar el amplio espacio
político que existe en el país, en particular en los sectores
más pobres de la sierra y selva.
Sin embargo, nada está definido todavía. Las fuerzas tradicionales
tienen mucha experiencia en realizar campañas demagógicas
y cuentan con el respaldo de las grandes empresas y los medios de comunicación
de masas para intentar engañar otra vez al pueblo.
Por ejemplo, Lourdes Flores, ya adelantó su nueva estrategia mediática.
En el diario La República dice: “Hay que ser sensible con el
electorado que reacciona rechazando el sistema y al cual debemos darle,
efectivamente, un discurso de ruptura y más radicalismo” (27-11-05).
Osea, va a utilizar una verborrea demagógica más radical.
Estamos avisados.
En el mismo afán se encuentra Alan García, quien, maquillado
de “nacionalista”, se fue de boca prometiendo cambiar el Perú
en seis meses.
Paniagua, a su vez, anuncia su apoyo a la inversión privada, a la
educación y a la lucha anticorrupción, a sabiendas que solo
cumplirá con lo primero.
Los únicos que ya están “enterrados” para el 2006
son Fujimori y Toledo. El primero, está “varado” en Chile,
pagando por el mal cálculo que hizo al salir de Japón. El
segundo, asiste a la crisis terminal de su partido, Perú Posible,
producto de la descarada política pro yanqui de su gobierno.
Para derrotar a los viejos partidos, el pueblo peruano necesita contar con
una alternativa política que represente en forma genuina y consecuente
los intereses de las mayorías nacionales y del país. Esa alternativa
no es Ollanta Humala.
NACIONALISMO MILITAR ELECTORERO
Por el momento, Ollanta Humala se está beneficiando del rechazo popular
a los partidos tradicionales. Su prédica “antisistema”
le ha permitido alcanzar casi un 22 por ciento de simpatías, según
encuestas del 10 de diciembre.
El diario montesinista La Razón, levanta su figura sospechosamente.
La campaña en contra que le hacen la prensa y los políticos
tradicionales, también le ayuda, porque los sectores populares suelen
solidarizarse con quien es golpeado por los odiados partidos.
Ollanta, como su hermano Antauro, representan un proyecto político
de un sector del Ejército, que en el 2000 se rebeló contra
Fujimori y ahora pretende cobrar la factura al electorado peruano. Un sector
que quiere tener cuotas de poder, ahora que los soldados y policías
van a votar; además, porque han visto que en el Perú es muy
fácil hacerse de privilegios por la debilidad extrema del sistema
político y la corrupción generalizada en los poderes públicos.
Se presentan como nacionalistas para tratar de capitalizar el repudio de
los sectores más desprotegidos contra los quince años de entreguismo
neoliberal. Pero la experiencia internacional demuestra que el nacionalismo
militar nunca jugó a favor del pueblo, sino en pro de intereses privados
de generales y almirantes. Y, en épocas críticas, asume la
defensa del régimen capitalista y retrocede al entreguismo proimperialista.
Para el caso de Ollanta Humala, ya se ha visto que su nacionalismo es endeble
e inconsecuente: condena las privatizaciones y al neoliberalismo, pero se
compromete a respetar la inversión privada y la economía de
mercado; osea, acepta el contexto económico que favorece los negocios
de las transnacionales en el Perú.
Dice defender la soberanía nacional, pero no denuncia las Cartas
de Intención firmadas con el Fondo Monetario Internacional, que restan
soberanía al estado peruano a la hora de elaborar el presupuesto
de la república.
Tampoco rechaza el pago de la tramposa deuda externa, que impide invertir
en educación y salud; solo propone que las cuotas sean menores.
De otro lado, promete pactar con los empresarios, lo que induce a pensar
que dejará pasar sus planes para arrasar con los derechos laborales.
Ambos hermanos, el “diplomático” y el “combativo”,
solo están jugando cartas electoreras, al estilo de los partidos
tradicionales. Ollanta, negocia una alianza oportunista con UPP; Antauro,
se engancha como candidato en Avanza País, un membrete en alquiler.
Sería lamentable que dirigentes populares integren las listas parlamentarias
de los Humala, pues estarían colaborando con la consumación
de un nuevo engaño a los pueblos del Perú.
En esta situación, adquiere toda su importancia la decisión
de fundar el movimiento político ARDE-PERU, por parte de Nelson Palomino
y la directiva de la Confederación Nacional de Productores Agropecuarios
de las Cuencas Cocaleras del Perú, CONPACCP.
Esta opción sí es un proyecto nacionalista y democrático
auténtico, porque nace de un sector social que viene luchando duro
contra las agresiones del imperialismo yanqui y el gobierno de turno; y,
es producto de la decisión de un gremio que ha llegado a comprender
la necesidad de contar con una representación política propia.
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* Publicado en el periódico Kuska Nº
2 de Diciembre 2005.