




PERÚ:
ELECCIONES 2006
Ganó la impunidad, por ahora
La elección de Alan García como nuevo
Presidente de la República en las elecciones generales 2006, ha significado
un triunfo de la impunidad en el Perú en materia de violación
de derechos humanos.
García tiene pendiente un juicio por el asesinato de decenas de presos
en la isla El Frontón, ocurrido en junio de 1986. Dicho delito fue
declarado 'prescrito' por los jueces peruanos, pero el caso debe ser reabierto
por mandato de la Corte Internacional de Costa Rica, debido a que los crímenes
de 'lesa humanidad' no prescriben. Además, aún
subsisten las acusaciones contra el líder aprista por la matanza
de campesinos en Cayara, ejecutada por las Fuerzas Armadas durante su primer
gobierno.
Pero, ahora, Alan García podrá evadir
a la justicia por varios años más, amparándose en los
privilegios jurídicos que ha obtenido por ser nuevamente Jefe de
Estado. Una lamentable situación que merece nuestro más
enérgico repudio.
Tanto la elección de García como la de Ollanta Humala para
que compitieran en la segunda vuelta presidencial, ambos con acusaciones
de violación a los derechos humanos, constituyen una clara muestra
de cómo el pueblo peruano fue ferozmente engañado por el sistema
político imperante.
Las cúpulas de siempre se dieron maña para que en las elecciones
generales 2006, el pueblo peruano no tuviera más opción que
escoger entre los mismos de siempre: Unidad Nacional-PPC (Lourdes Flores
Nano), APRA (Alan García), Acción Popular (Valentín
Paniagua), Perú Posible (Alejandro Toledo), FIM (Fernando Olivera)
y Sí Cumple (Alberto Fujimori), entre los de mayor protagonismo.
Para esto utilizaron la nueva Ley de Partidos Políticos y a los medios
de comunicación. Con la nueva ley impidieron que los movimientos
regionales que estaban despuntando como peligrosos rivales electorales,
pudieran presentar candidatos a la Presidencia de la República y
al Congreso Nacional. El poder mediático, por su parte, realizó
campañas para convencer a la población de que el fortalecimiento
de los partidos (de los tradicionales, sobre todo) era la 'única
forma' de asegurar la vigencia del sistema democrático.
El pueblo, sin embargo, enfrentó la patraña antidemocrática
del gobierno y los partidos atrincherados en el Congreso. Durante varios
meses ninguno de los candidatos de estas fuerzas conservadoras podía
congregar una importante adhesión ciudadana, porque un 60 por ciento
de "indecisos" se los impedía. El 9 de abril, Alan García
y Lourdes Flores apenas pudieron reunir 18.1 y 17.7 por ciento del electorado
total, respectivamente. Paniagua, Toledo y Fujimori quedaron muy lejos de
los primeros y pasaron con las justas la valla del 4 por ciento. Olivera
fue borrado del mapa electoral.
También recibieron lo suyo las tres agrupaciones de la izquierda.
Consiguieron entre el 0.2 y el 0.6 por ciento de los votos válidos.
Merecido castigo al papel de 'bomberos' que jugaron en los últimos
20 años dividiendo las luchas del pueblo.
El voto castigo contra los partidos del sistema corrupto se expresó,
además, en el respaldo que recibió el ex comandante Ollanta
Humala cuando apareció en escena. Este personaje, casi sin ninguna
trayectoria en las luchas sociales, logra atraer la atención de los
sectores más empobrecidos de la población utilizando un discurso
antisistema agresivo.
Es así que, en medio de un panorama muy confuso, el ex comandante
consigue ganar la primera
vuelta con el 22.8 por ciento de votos del total de sufragantes.
Este resultado, nada espectacular por cierto, hizo tambalear, sin embargo,
el plan de control electoral orquestado desde el Ejecutivo y el Congreso.
En la segunda vuelta, las debilidades de origen del ex militar permiten
que Alan García reuna el caudal electoral que lo llevó a la
Presidencia por segunda vez. La propuesta nacionalista de Ollanta Humala,
harto confusa y plagada de inconsecuencias, sus métodos autoritarios
contra sus propios partidarios, así como la oscura trayectoria que
ostentaba como probable asesino de campesinos en Madre Mía, sumado
al entorno de personajes fujimoristas, toledistas, montesinistas y oportunistas
que construyó como su principal soporte personal, fueron los elementos
centrales que hicieron aparecer a Alan García como "el mal menor"
ante millones de peruanos.
En suma, el pueblo peruano no pudo encontrar una opción electoral
realmente creíble, que exprese sus intereses genuinos y que haya
surgido de su propio seno, como, por ejemplo, lo fue Evo Morales para los
pueblos más pobres de Bolivia. De allí que las altas votaciones
obtenidas por García y Humala el 4 de junio, no deben ser entendidas
como apoyos militantes. Fueron las circunstancias más que la calidad
de los candidatos lo que pesó en las urnas.
Por ello, todavía queda en pie la tarea de construir un liderazgo
auténtico para las mayorías populares, capaz de ofrecer un
proyecto político de defensa consecuente de los recursos naturales
y de los intereses de los más pobres, en concordancia con el espíritu
antineoliberal que ha caracterizado las luchas de los pueblos, campesinos
y trabajadores peruanos y latinoamericanos en los últimos lustros.
EL DIRECTOR