




1.1.3.El PCP-SL entre 1983 y 1985
Ante el avance militar del PCP-SL, el gobierno se mostró reticente
en convocar a las FF.AA. para el combate contrasubversivo, pero terminó
aprobando la creación del Comando político militar que asumió
desde fines de diciembre de 1982 la responsabilidad de la lucha contrasubversiva.
En dos años, el PCP-SL se había instalado solidamente en
las zonas rurales de Ayacucho, contando para ello con su carácter
radicalmente autárquico pero, sobre todo, con la aceptación
o la neutralidad de sectores sociales significativos, especialmente campesinos,
convencidos del discurso de justicia e inclusión propuesto por
los subversivos, sin imaginar los estragos que iba a causar la violencia
en los próximos años.
La Infantería de Marina -denominada «los navales» por
la población local- se hizo cargo del control de Huanta el 21 de
enero 1983. Una de las primeras medidas que la Marina de Guerra aplicó
en Huanta fue agrupar a los campesinos en núcleos poblados y organizarlos
en Comités de Defensa Civil, al estilo de las «aldeas estratégicas»
organizadas por ejército estadounidense en Vietnam y las Patrullas
de Autodefensa Civil (PAC) de Guatemala. En la mayoría de los casos,
la medida provocó resentimientos y una resistencia pasiva entre
los comuneros de estos pueblos, debido no solamente a la incertidumbre
económica que implicaba su mudanza, sino también a la profunda
rivalidad que desde tiempo existía muchas veces entre comunidades
que ahora estaban obligadas a convivir.
Para el año 1983, se ha reportado a la CVR 103 muertos y desaparecidos
a cargo de las Fuerzas del Orden en Huanta que, como dijimos, estaba bajo
control de la Infantería de Marina.(1) El mismo año, en
la provincia de Huamanga, que estaba en manos del Ejército Peruano,
ocurrieron las masacres de Acocro (mayo y junio de 1983), Chiara (julio
y setiembre. 1983), y Socos, donde los sinchis mataron a 37 personas el
13 de noviembre de 1983) , por mencionar sólo las de mayor impacto
público.
En octubre de 1983, un grupo de senderistas, parte de los cuales eran
jóvenes aparentemente secuestrados el día anterior en una
comunidad vecina, se instalaron en la escuela de Umasi, Víctor
Fajardo, donde fueron sorprendidos por una patrulla militar. Ninguno sobrevivió
el ataque. Según testigos, hasta ahora se encuentra una fosa común
con 41 cadáveres detrás de la escuela del pueblo.
A pesar de la ferocidad de la lucha contrasubversiva por parte de los
militares, eL PCP-SL no se replegó de la zona. Por el contrario,
decidió dar un paso adelante, pues Guzmán consideraba que
en los primeros dos años de su lucha armada, habían ganado
una sólida base social entre el campesinado:
¿Cómo se explica que no nos han podido golpear seriamente,
incluso con semejante genocidio? El de 1983, 1984, ¿cómo
explican esto? ... Habría que ver las relaciones que hay con la
gente, ese tipo de relaciones que hay» (Entrevista en la Base Naval,
29.10.02)
En marzo del 1983, el PCP-SL realizó un Comité Central Ampliado
en el cual se acordó el «Gran Plan de Conquistar Bases»
y se establecieron cuatro tareas políticas: la reorganización
general del Partido, la formación del Ejército Guerrillero
Popular, la formación del comité organizador de la República
Popular de Nueva Democracia y la del Frente Revolucionario de Defensa
del Pueblo. Es decir, el PCP-SL decidió iniciar la construcción
de su «nuevo estado»:
En el Comité Central Ampliado de marzo 83, el Presidente Gonzalo
desarrolla más la línea de construcción del Frente-Nuevo
Estado. Plantea los niveles en que se organiza el nuevo Estado: Comités
Populares; Bases de Apoyo y República Popular de Nueva Democracia.
Las funciones de las Bases de Apoyo y del Comité Organizador de
la República Popular de Nueva Democracia son de dirección,
planificación y organización; y cada Base debe elaborar
su propio Plan específico. Establece que los Comités Populares
son concreciones del nuevo Estado, son Comités de Frente Unico;
dirigidos por Comisarios que asumen funciones estatales por encargo, elegidos
en las Asambleas de Representantes y sujetos a remoción. Son hasta
hoy, clandestinos, marchan con Comisiones, dirigidos por el Partido aplicando
los «tres tercios»: un tercio de comunistas, un tercio de
campesinos y un tercio de progresistas y sostenido por el Ejército;
aplican la dictadura popular, la coerción y la seguridad ejerciendo
con firmeza y decisión la violencia a fin de defender al nuevo
Poder contra sus enemigos y proteger los derechos del pueblo. El conjunto
de Comités Populares constituyen la Base de apoyo y el conjunto
de Bases de apoyo es el collar que arma la República Popular de
Nueva Democracia, hoy en formación.(2)
Se fijaron, además, los ejes principales y secundarios de lucha,
es decir las líneas de desplazamiento por las que deberían
moverse las columnas guerrilleras en el territorio, con el objetivo de
mantener la presencia senderista en las zonas donde las fuerzas armadas
asumían el control de la población. Se definió, asimismo,
las «4 formas de lucha y los 11 procedimientos»(3) y se acordó
«Defender, desarrollar y construir el nuevo poder». Se contempló,
además, los planes de expansión del trabajo partidario,
se abrió el trabajo en la zona del Huallaga y se impulsó
la ampliación de la lucha en las ciudades.
En 1983 acordamos el Gran Plan de Conquistar Bases una de cuyas tareas
era la conformación del Comité Organizador de la República
Popular de Nueva Democracia. A partir de allí hemos seguido la
lucha entre el restablecimiento del viejo Poder por el enemigo y el contrarrestablecimiento
del nuevo Poder, aplicando la defensa, desarrollo y construcción.
Así, el nuevo Poder atravesando el baño de sangre se desarrolla,
los Comités Populares se están templando en duro combate
contra el enemigo regándose con la sangre de las masas campesinas,
de los combatientes y de los militantes.(4)
En plena campaña contrainsurgente de los militares, Guzmán
decidió el despliegue de los «comités populares»,
que remplazaban a las autoridades locales por sus comisarios, como la
base de una vasta propuesta de creación de un nuevo poder. Los
comités populares de un área formaban una base de apoyo
y el conjunto de éstas debían formar la «República
Popular de Nueva Democracia en formación». Como puntualizaba
Guzmán, se trataba de estructuras clandestinas, que permitieran
proteger a sus militantes.
Se ha abatido a la policía no preparada para esas condiciones.
Incluso los operativos que ha realizado la policía contra nosotros
la primera vez, fue un operativo de intervalo, condenado al fracaso debido
a la extensión del territorio y a la reducida cantidad de fuerzas
que tenía. Esto obligó a que la policía fuera dejando
zonas. ... ¿Qué sucedió entonces? Vacío de
poder. ¿Qué hacemos? Está discutido en un evento
partidario, porque todas las cosas se determinaron así, como corresponde
a una agrupación como la nuestra. Entonces se planteó la
creación de una modalidad estatal. ... Pero como no había
fuerzas suficientes para atender este poder, porque es un ejercicio amplio,
de alrededor de una jurisdicción departamental, entonces ese poder
era clandestino. Es un comité clandestino, no es un poder que esté
así nomás instalado, no es así, así es como
se ha comenzado. Y con determinadas funciones, también especificadas.
Fue una necesidad de las circunstancias».(5)
En algunos casos, las nuevas autoridades tenían que preparar a
la población para la respuesta militar que preveían los
mandos senderistas, lo cual suponía construir la infraestructura
donde los comuneros deberían instalarse cuando se replegaran hacia
las zonas de refugio:
En Putucunay [distrito de Chungui, provincia La Mar, Ayacucho], SL
Luminoso asentó bases, por cuanto había personas del lugar,
en su mayoría autoridades comunales, quienes fueron mandos militares
dentro de SL Luminoso y como tal obligaron a los pobladores a participar
en las diferentes acciones y a acudir a los montes, manifestando de que
pronto llegarían los militares a matarlos.(6)
Decidir la formación de un «comité organizador de
la República Popular de Nueva Democracia», es algo que difícilmente
se plantearía una organización que creyera que hacía
frente a una ofensiva irresistible. Esta fue la ocasión para convertir
a Guzmán en el «Presidente Gonzalo», nombre con cual
sería conocido en adelante por sus seguidores y que utilizaría
en todos los documentos partidarios. El PCP-SL se lanzaba a construir
su «nuevo Estado» y el Presidente Gonzalo era ungido como
el líder indiscutible de la nueva república en formación.(7)
Adicionalmente, Guzmán fue nombrado presidente del Partido y presidente
de su Comisión Militar. La centralización del poder partidario
se iba haciendo absoluta. El Comité Central ratificó lo
que ellos llaman los «tres principios de dirección»:
1. Autoridad: en el Partido una autoridad es la autoridad del Presidente
Gonzalo, es subordinación incondicional de miles de voluntades
a una sola voluntad.
2. Selección de dirigentes: los dirigentes del Partido se seleccionan.
No se eligen. Teniendo en cuenta la política, la lucha de clases
y la lucha de dos líneas. La necesidad, la causalidad y la temporalidad
han determinado la jefatura y la presidencia del camarada Gonzalo en el
Partido.
3. Real ejercicio de la autoridad es el dirigente el que manda, no puede
convertirse en dirección informal, obedecer y no violar principios.(8)
¿Qué sentido tenía concentrar de esa manera el poder?
La explicación más fácil sería que ésta
era una manera de garantizar el control total de la organización
que dirigía. Pero sugiere también la imagen que Abimael
Guzmán tenía de sí mismo cuando luchaba por imponer
esta decisión y el papel que pensaba que estaba destinado a jugar
en la historia. En otra reunión partidaria, Guzmán recordó
ciertos atributos de Mao Tsetung, que pueden dar luz acerca de sus motivaciones:
«No olvidemos que el Presidente Mao fue Presidente de ochocientos
millones de habitantes y la repercusión de sus ideas fue mayor
que las de Lenin; y él cumplió tres funciones: como Presidente
[del Partido Comunista Chino], en el Ejército como Presidente de
la Comisión Militar y como Jefe de Estado; por ello manejaba a
cincuenta mil hombres para resguardo de la Dirección».(9)
Esta visión del papel histórico que Abimael Guzmán
se sentía llamado a cumplir alimentaría un desaforado culto
a la personalidad durante los años siguientes. A comienzos de 1983
había conseguido pues emular a la «Tercera Espada del Marxismo»,
al menos en el esquema orgánico del PCP-SL. La preocupación
por la resonancia universal de sus ideas iría creciendo continuamente
durante los años siguientes.
A partir de 1983, cuando iniciaron su campaña para «conquistar
bases», los grupos senderistas adoptaron una actitud mucho más
coercitiva frente a los campesinos, aumentando los asesinatos de quienes
se mostraban en contra; se multiplicaron los asesinatos de autoridades
comunales y campesinos acomodados identificados como «enemigos del
pueblo». Ello implicaba el aniquilamiento selectivo de los «notables»
y la imposición de jóvenes, sin formación política,
como mandos locales. Con frecuencia, éstos empiezan a mezclar la
lucha por el «nuevo poder» con intereses personales o familiares.
Su prepotencia provoca casi de inmediato el rechazo de la población.
También como nombraban así muy muchachos, estudiantes
que nada de experiencia de la vida tienen, a veces con cuentos también
hacían sus propios canibalismos, entonces la gente ya no quería
saber nada, y ya ahí empezó.(10)
Las comunidades de la provincia de Huancasancos – Sancos, Lucanamarca
y Sacsamarca – constituyeron una de las primeras «zonas liberadas»
del PCP-SL, que desde octubre 1982 había comenzado a construir
allí su «nuevo poder», obligando a todas las autoridades
a renunciar bajo amenaza de muerte. El PCP-SL fue aceptado por sectores
de la población porque proponía un nuevo orden, donde todos
eran «iguales»:
¡Carajo! Esas gentes de plata a barrer las calles, bien ordenaditos,
nada de sacavueltera, a esos que eran waqras, no había eso, a esos
al toque castigo [...], todo bien limpiecito era pues esas veces.(11)
En la memoria de los comuneros queda el castigo a los poderosos que habían
cometido abusos, y la aparente abolición de las diferencias entre
pobres y ricos. El orden que traía el PCP-SL aparece simbolizado
por la limpieza del pueblo, que debían realizar los viejos notables
de la comunidad.
Los «comités populares» en Huancasancos estaban integrados
por jóvenes, entre 12 y 30 años, quienes mantenían
el orden y controlaban los movimientos de la población. Fueron
captados por un discurso que les ofrecía el poder y la igualdad.
Estos jóvenes, varones y mujeres, empezaron a sentir el enorme
poder que les había conferido el Partido; la ilusión de
ser siempre escuchados les fascinaba.
Las nociones de jerarquía tradicionales fueron reemplazadas por
un discurso igualitario: «Sí, ellos [los jóvenes]
estaban contentos con eso ‘compañero’ no más.
Nunca señor, ni padrino, nada.‘¡Compañero!’».(12)
El «nuevo orden» provocaba un choque muy fuerte con las estructuras
andinas tradicionales, donde el poder lo detentan las personas mayores
y tienen el respeto de toda la población. Ahora jóvenes,
mujeres y niños emplazaban a los mayores: «el nuevo poder,
todo el mundo con temor porque los alumnos decían a uno lo van
a matar por defraudar, con las armas uno tiene que obedecer, el pueblo
ya no tenía autoridad frente a ellos [...] los alumnos eran pues
las autoridades. Se han convertido en activistas, trabajadores, bastante
lenguaje intervencionista».(13) «Su palabra era la ley...
¡era insoportable!», afirma otro comunero.
El descontento con esta política se fue agravando cuando el PCP-SL
restringió la movilidad de la población y ya no dejaba salir
a nadie de la comunidad, ni entrar; eso se da no solamente en Huancasancos,
sino también en otras zonas donde el PCP-SL había tomado
el control:
Ellos se comportaron, al inicio, de maravilla, pero no pasó
ni tres meses creo, empezaron a sujetarnos y no podíamos ni movilizarnos,
ni irnos a Ayacucho siquiera, ni a Vinchos, ni a visitar a nuestra familia.
Tampoco querían que vengan de otros sitios. Todo eso pues a uno
le imposibilita la vida, los campesinos somos libres y a cualquier sitio
nos movilizamos y eso es lo que les ha dolido a los demás».(14)
Una práctica generalizada y sistemática que el PCP-SL usó
desde el comienzo de su «guerra popular», haciéndose
más aguda a partir de 1983, fue la utilización forzada de
niños y niñas en las hostilidades:
Hacer que los niños participen activamente en la guerra popular,
pueden cumplir diversas tareas a través de las cuales vayan comprendiendo
la necesidad de transformar el mundo... cambiar su ideología y
que adopten la del proletariado.15
En su mayoría el reclutamiento se realizó mediante coacción,
engaños y violencia. Muchos participan bajo presión y por
temor a las represalias. Cuando las comunidades o las familias se negaron
a entregar voluntariamente la «cuota» de sus hijos, los senderistas
enrolaron a la fuerza a los jóvenes después de amenazar
o asesinar a los que se oponían.(16)
El secuestro de jóvenes, la interrupción de la vida cotidiana
del campesinado, el ataque a su economía familiar y a la economía
local, la obligación de asistir a asambleas, descuidando la atención
de sus animales, no tener la libertad para movilizarse; todo ello terminó
provocando un malestar general entre el campesinado. A esto se sumó
el creciente resentimiento por la ejecución de las antiguas autoridades,
el cierre de ferias, la obligación de producir sólo para
el autoconsumo y la conversión de los comuneros en 'masa' administrada
por el partido.
Ya a partir de fines de 1982 se habrían producido los primeros
puntos de quiebre y respuestas violentas al proyecto autoritario del PCP-SL.
Probablemente la primera, pero con seguridad la más sonada, fue
la de los iquichanos en las alturas de Huanta, quienes en enero 1983 mataron
a siete senderistas en la comunidad de Huaychao, como reacción
al asesinato de autoridades comunales. Un testimonio recogido por la CVR
en esa comunidad demuestra que la propuesta de construir un «Nuevo
Estado», al menos en la zona altoandina de Huanta, no fue bien recibida
por el campesinado:(17) Las autoridades de Huaychao, como el Teniente
Gobernador, Varayocc y Agente Municipal, empezaron a discutir [con los
senderistas], diciéndoles que ellos eran miembros del gobierno
y no podía estar en contra de éste.(18)
Días después, el país fue remecido por el asesinato
de ocho periodistas, quienes se dirigían a investigar los sucesos
de Huaychao, en la comunidad vecina de Uchuraccay.
En febrero del mismo año se produjo la sublevación de Sacsamarca,
con la cual se inicia el fin del poder del PCP-SL en la provincia de Huancasancos.
Fatigados por los abusos de los mandos senderistas, algunos comuneros
los emborracharon y los mataron a puñaladas y pedradas. En las
semanas siguientes se manifestaron reacciones similares de la población
en las comunidades de Huancasancos y Lucanamarca, en donde la población
también dio muerte a los líderes locales del PCP-SL.
Estas rebeliones tempranas contra el PCP-SL, sin embargo, eran reacciones
aisladas, locales y no coordinadas, y siempre provocaron una respuesta
violenta por parte de los senderistas. Así, en los meses después
de la matanza de los periodistas, EL PCP-SL se ensañó con
Uchuraccay donde incursionó en tres oportunidades: el 20 de mayo,
el 16 de julio y el 24 de diciembre de 1983.
En total, hubo 135 muertos en Uchuraccay de 470 comuneros registrados
en el censo de 1981, es decir, la tercera parte de la población
fue asesinada por la acción violenta principalmente del PCP-SL,
pero también de rondas de comunidades y pueblos vecinos.
El 3 de abril de 1983, un número aproximado de 80 senderistas,
entre hombres y mujeres, arremetió de la manera más despiadada
contra Lucanamarca. Conforme la columna descendía de las estancias,
iba asesinando campesinos, mujeres y hombres, niños y ancianos,
provocando al final 69 muertos. La magnitud de este evento lo convierte
en uno de los hechos más traumáticos de la violencia en
la zona, ocultando los múltiples y pequeños episodios ocurridos
a lo largo del proceso de la guerra. Algunas personas que habían
logrado escapar de la masacre acudieron a Huancasancos a pedir auxilio
al ejército mientras que, al día siguiente, otros sobrevivientes
irrumpieron violentamente en el domicilio de los padres del líder
senderista local al que habían dado muerte anteriormente, y los
asesinaron en señal de venganza.
La matanza de Lucanamarca fue reivindicada por Abimael Guzmán en
1988, en la denominada «Entrevista del Siglo», como decisión
de la Dirección Central del PCP-SL(19) frente a la rebelión
campesina:
Frente al uso de mesnadas y la acción militar reaccionaria
respondimos contundentemente con una acción: Lucanamarca. Ni ellos
ni nosotros la olvidamos, claro, porque ahí vieron una respuesta
que no se imaginaron, ahí fueron aniquilados más de 80,
eso es lo real; y lo decimos, ahí hubo exceso, como se analizara
en el año 83, pero toda cosa en la vida tiene dos aspectos: nuestro
problema era un golpe contundente para sofrenarlos, para hacerles comprender
que la cosa no era tan fácil; en algunas ocasiones, como en ésa
, fue la propia Dirección Central la que planificó la acción
y dispuso las cosas, así ha sido. Ahí lo principal es que
les dimos un golpe contundente y los sofrenamos y entendieron que estaban
con otro tipo de combatientes del pueblo, que no éramos los que
ellos antes habían combatido, eso es lo que entendieron; el exceso
es el aspecto negativo. Entendiendo la guerra y basándonos en lo
que dice Lenin, teniendo en cuenta a Clausewitz, en la guerra la masa
en el combate puede rebasar y expresar todo su odio, el profundo sentimiento
de odio de clase, de repudio, de condena que tiene, ésa fue la
raíz; esto ha sido explicado por Lenin, bien claramente explicado.
Pueden cometerse excesos, el problema es llegar hasta un punto y no pasarlo
porque si lo sobrepasas te desvías; es como un ángulo, hasta
cierto grado puede abrirse, más allá no. Si a las masas
les vamos a dar un conjunto de restricciones, exigencias y prohibiciones,
en el fondo no queremos que las aguas se desborden; y lo que necesitábamos
era que las aguas se desbordaran, que el huayco entrara, seguros de que
cuando entra arrasa pero luego vuelve a su cauce. Reitero, esto está
explicado por Lenin perfectamente; y así es cómo entendemos
ese exceso. Pero, insisto, ahí lo principal fue hacerles entender
que éramos un hueso duro de roer, y que estábamos dispuestos
a todo, a todo.
Dispuestos a todo contra civiles desarmados, había que añadir
veinte años después, no hay signos de remordimiento entre
los máximos dirigentes senderistas. Para ellos, «esas son
las cosas que decimos que son errores, excesos que se cometen. Pero no
son problema de línea».
(19) Según Óscar Ramírez Durand, «Feliciano»,
fue una decisión del mismo Guzmán (Entrevista en la Base
Naval, 4 de octubre de 2002). «Él dispuso, para mi hubiera
sido lo correspondiente un ataque a las FFAA, porque con Lucanamarca fue
la señal para todos nosotros al atacar a la población civil,
lo que comienza a divorciarnos, a quitarnos apoyo».
Abimael Guzmán: ¿Se quiere establecer que hay una política
genocida de nosotros? ¿Y cómo lo van a probar? ¿Con
Lucanamarca? Revísese el segundo documento del Partido y véase
el análisis que se hace de estos hechos.
Elena Iparraguirre: En la entrevista incluso se dice que fue un exceso,
está clarísimo allí.
Abimael Guzmán: Dicen muchas cosas, pero lo que vemos es que se
quiere tomar eso como un hecho demostrativo de una pérfida política
genocida iniciada por el Partido Comunista. Esa es la propaganda, la basura
propagandística que es negra y verde. Eso es lo que interpreto.(20)
Guzmán no sólo niega responsabilidad directa sobre la matanza:
«¿Cómo se le va a imputar a personas que estuvieron
a cientos de kilómetros de distancia?» (Ibíd..), sino
rechaza categóricamente que el PCP-SL haya aplicado una política
de genocidio
Ahora, esos métodos que dicen, de genocidio. ... ¿Nosotros
cuándo los hemos aplicado? ¿En qué documentos está
esa política? No hay ningún hecho, ningún apoyo,
ningún planteamiento que diga, ¿’aplíquese
una política genocida’, jamás lo van a encontrar,
y pueden revisarlo todo lo que deseen, los documentos (Ibíd.).
Ante la evidencia del caso Lucanamarca, argumentan que la matanza se dio
en varios momentos y en diferentes sitios a lo largo de la incursión
senderista al pueblo:
¿En Lucanamarca hubo un hecho o varios hechos? Esa es la pregunta
que todos queremos saber. Fueron varios, varios lugares, con números
distintos de personas. No fue un hecho al unísono con los mismos,
no es así, eso es adulterar las cosas. ... Pero para algunos proyectos
creen que fue todo en la plaza de Lucanamarca y allí hubo una matanza.
Esa no es la realidad... (Ibíd.)
Lucanamarca constituye un hito en la denominada «guerra popular»
de, pues es la primera de las matanzas masivas e indiscriminadas que,
a partir de entonces, caracterizarían su accionar y lo convertirían
en el grupo sedicioso más sanguinario de la historia latinoamericana.
En abril de 1984, Guzmán dispuso el inició del Plan del
Gran Salto, «cuya estrategia política es concretar y desarrollar
bases de apoyo», a través de cuatro campañas.
Poner en marcha la guerra de guerrillas generalizada, extender nuestras
zonas, movilizar a las masas; golpear a mesnadas para quitar base social
al próximo plan reaccionario y quebrarlo.(21)
El aumento de las acciones senderistas fue respondido con crueldad por
las fuerzas del orden. Entre los casos más conocidos se encuentran
el asesinato de seis jóvenes pertenecientes a la Iglesia Evangélica
Presbiteriana, en el pago de Callqui, el 1 de agosto de 1984; al día
siguiente 2 de agosto, el secuestro y desaparición en la base de
la Infantería de Marina acantonada en el Estadio Municipal, del
periodista huantino Jaime Ayala Sulca, corresponsal del Diario «La
República» y algunos días después, el 23 de
agosto, el descubrimiento de 49 cadáveres enterrados en fosas en
Pucayacu, algunos kilómetros al norte de la ciudad de Huanta, todos
ciudadanos detenidos previamente en el Estadio de Huanta por la Infantería
de Marina, y luego trasladados en una suerte de «caravana de la
muerte» a territorio perteneciente a la provincia de Acobamba, Huancavelica,
donde fueron asesinados entre el 16 y 19 de agosto de 1984.
En setiembre de 1984, fueron muertas 117 personas —hombres, mujeres,
niños— en la comunidad de Putis, en el distrito de Santillana
(Huanta), presuntamente en manos de los militares. Los antecedentes de
esta masacre tienen que ver con que la mayoría de los pueblos de
la zona habían sido obligados por el PCP-SL, que desde 1983 actuaba
en la zona, a «tomar retirada» hacia los cerros, para eludir
a las patrullas de militares que se acercaban más y más.
Bajo la custodia de columnas senderistas, fueron asentados por grupos
en puntos estratégicos de los cerros. «Cuidaban para que
la gente no saliera y avisara a los militares de San José de Secce.
Si se enteraban que alguien estaba planeando escapar, inmediatamente le
cortaban el cuello».(22) Así permanecieron alrededor de seis
meses. Cuando se instaló la Base Militar en Putis, un grupo decidió
entregarse y bajó a la comunidad, pero fueron obligados a cavar
sus propias tumbas y fusilados. Hasta la actualidad, en Putis se encuentra
una de las fosas comunes más grandes no solamente de Ayacucho,
sino probablemente del Perú.(23)
Los documentos senderistas que circulaban a nivel nacional así
como los golpes recibidos como consecuencia de la gran represión
desplegada por las fuerzas armadas, daban cuenta de esta compleja realidad.
Guzmán minimizaba estos reveses hablando de «una inflexión»
en el trabajo del partido. Como se conoció posteriormente, la estrategia
del PCP-SL consistía en dejar desprotegida a la población
frente a la represión, contando con que los abusos perpetrados
por los agentes del orden provocarían un profundo resentimiento
entre los afectados, lo cual podría ser después capitalizado
por los destacamentos armados cuando retornaran.
Si se evalúa los resultados de la estrategia inicial basada en
la represión masiva e indiscriminada desplegada por los jefes militares
de entonces, puede concluirse que no sólo no destruyeron al PCP-SL
sino que con frecuencia postergaron la ruptura entre senderistas y campesinos,
que se insinuaban en lugares como Lucanamarca o Huaychao. Así,
el PCP-SL pudo no sólo sobrevivir sino posteriormente expandir
su presencia a toda la sierra, desde Cajamarca hasta Puno, convirtiéndose
durante los cinco años siguientes en una fuerza de envergadura
nacional, que pareció poner en jaque al estado y la sociedad peruana.
La macabra dinámica de matanzas que se inicia en 1983, se sitúa
dentro de la estrategia diseñada por Abimael Guzmán de «oponer
al restablecimiento el contrarrestablecimiento».
Cuando ingresó la fuerza armada, tuvimos que desarrollar una
dura lucha: ellos aplicaron el restablecimiento del viejo poder, nosotros
aplicamos el contrarrestablecimiento para volver a levantar el Nuevo Poder.
Se produjo un genocidio altamente cruento e inmisericorde; hemos peleado
ardorosamente. La reacción y las fuerzas armadas en concreto, creyeron
que el 84 ya nos habían derrotado [...] pero el resultado cuál
ha sido, que los comités populares y las bases de apoyo se multiplicaron,
eso nos ha llevado posteriormente ya a desarrollar las bases, eso es en
lo que estamos hoy.(24)
Destruimos el poder gamonal y construimos un Comité Popular,
el enemigo quiere destruirlo, si logra hacerlo vuelve a parar el viejo
poder gamonal, eso es el restablecimiento. Nosotros no podemos permitirlo,
golpeamos y aplastamos y volvemos a parar el Comité Popular, eso
es el contrarrestablecimiento. Todo el año 83 es la lucha restablecimiento-contrarrestablecimiento.(25)
Lo que Guzmán denomina «contrarrestablecimientos»,
se concretizó en la obligación de recuperar bases de apoyo
en las zonas cercanas donde se habían establecido bases militares,
una decisión que, como era de suponerse, aumentó drásticamente
el espiral de la violencia a través de arrasamientos mutuos. Curiosamente,
para Guzmán esta particularidad era considerada como «aporte
creador» al pensamiento militar revolucionario. Es en esta época
que las provincias de Huanta y La Mar, al norte del departamento de Ayacucho,
sufren la misma cantidad de muertos que en todos los años restantes
del ciclo de violencia en la región. El mismo Oscar Ramírez
Durand, «Feliciano», reconoce que Guzmán «ha
mandado a la gente al matadero, pues era cuestión que los militares
pusieran puntos estratégicos y nos jodieran las bases, se acabó,
mandó a la masa al diablo».
Por otro lado, el PCP-SL consideraba que para lograr la toma del poder
mediante la lucha armada, había que militarizar no solamente el
partido, sino, para defenderlo, había que militarizar también
la sociedad. El PCP-SL formó e instruyó a la población
en estrategias de guerra a través de las «Escuelas Populares»,
en las cuales adoctrinaban a los comuneros desarrollando clases acerca
de la «guerra popular», y se los entrenaban militarmente en
cómo luchar frente a los militares, aunque fuese con cenizas, ají
y huaracas.(26) Las Escuelas Populares tenían también un
carácter obligatorio y estaban divididas según edades. Sendero
se preocupó por formar a quienes serían los futuros líderes,
educando niños bajo la ideología del partido y en muchos
casos, como Sacsamarca, se los llevaban de la comunidad hacia otros lugares
para entrenarlos militarmente. Así también, había
la Escuela Popular para los jóvenes, para las mujeres y las personas
mayores.
A mediados de los años ochenta cada vez más campesinos se
vieron involucrados en la guerra, con un alto costo social. Desde el comienzo,
el PCP-SL había buscado acabar con la neutralidad de la población,
y los militares respondieron de igual modo; los campesinos ya no podían
mantenerse al margen y sólo les quedó definir en qué
bando iban a participar.
Sin embargo, las respuestas campesinas al endurecimiento de la guerra
fueron diversas. Por un lado, la estrategia de «restablecimiento
y contrarrestablecimiento» decidida por la dirección del
PCP-SL provocó la fuga masiva de decenas de miles de pobladores
que huyeron abandonando sus hogares y sus posesiones, para salvar sus
vidas. Quienes no tenían recursos ni contactos que les permitieran
irse, tuvieron que quedarse en medio de la guerra, convertidos en víctimas
de las incursiones y los abusos de ambos contendientes.
El sentimiento de estar a merced de los acontecimientos, sometidos a la
arbitrariedad de los actores armados, es expresivamente rememorado por
los pobladores al hablar de este período: «Viday carajo valenñachu,
quknin qamun wañuchin, quknin qamun payakun» («Mi vida
no vale nada, carajo. Viene uno te mata. Viene el otro, te pega»).(27)
Se trataba de una especie de pesadilla atroz, de la cual por desgracia
no era posible despertar: «¿Acaso éramos como gente?
Allí estábamos como en nuestros sueños [...] Los
de SL nos mataban, los militares nos mataban, quien ya pues nos miraría»
[todos recuerdan y lloran].(28)
Por otro lado, a partir de 1984, se formaron —presionadas por los
militares o por voluntad propia de los campesinos— las primeras
rondas antisubversivas en la provincia de Huamanga y en el Valle del Río
Apurímac. Estas rápidamente ganaron protagonismo en la lucha
contra el PCP-SL y lograron en cierta medida neutralizar a los subversivos,
que reconocen el «rol nefasto» que las rondas significaron
para ellos.
Según el PCP-SL, las «mesnadas» expresaban el correlato
de la estrategia de «restablecimientos» desarrollada por los
militares, de «utilizar masas contra masas»:
[…] por el terror blanco y bajo amenaza de muerte sometieron
a parte de las masas, de esta manera surgieron masas presionadas bajo
control inmediato de las mesnadas obligadas a apoyar la guerra contrarrevolucionaria:
montando vigilancia, deteniendo y asesinando guerrilleros, integrando
operativos de arrasamiento contra comunidades o pueblos vecinos y hasta
distantes, participando en operaciones de búsqueda y persecución
de guerrillas.(29)
A partir de la imagen que tenía el PCP-SL sobre el campesinado,
no cabía siquiera imaginar que los campesinos pudieran actuar contra
ellos por cuenta propia. Si acaso se levantaban, esto debía atribuirse
únicamente a la influencia de los militares y los «agentes
del podrido orden feudal». Error de apreciación que no compartían
los propios cuadros senderistas que por entonces escribían:
En el Perú, las mesnadas al servicio del «Señor
Belaúnde» se han denominado «montoneros». Organizado
por el ejército enemigo estos grupos paramilitares hacen su aparición
en 1983 en la región comprendiendo un puñado minúsculo
y ahora han crecido enormemente y se han vuelto peligrosos para nuestras
fuerzas guerrilleras.
En tan corto tiempo estas bandas han desaparecido a miles de personas
despoblando muchos distritos. En todos los caminos que controlan hacen
difícil el tránsito de personas desconocidas. Han aniquilado
decenas de comités populares e igualmente a cientos de compañeros
de masa. Debido a esto se han perdido muchas bases de apoyo y el 90 por
ciento de nuestros combatientes han desertado o caído en manos
del enemigo. La fuerza local se ha debilitado, muchos de sus pelotones
han entregado al enemigo sus responsables y se an pasado a las filas de
las bandas paramilitares.
Con su avance masivo las mesnadas en la selva ayacuchana especialmente
han sembrado el caos y la confusión en la filas del Ejército
guerrillero popular; muchos pelotones han huido a las montañas
y actúan por propia cuenta, otros han sido cercados y están
siendo aniquiladas por el cansancio, el hambre y las mesnadas.(30)
Además de la ofensiva enemiga, el manuscrito de Suni Puni reconoce
los abusos de sus propias columnas armadas contra la «masa»:
En la región (Ayacucho, Apurímac, Huancavelica) nos
hemos debilitado gravemente, es cierto, es cierto, hemos perdido casi
todas nuestras bases de apoyo y la mayoría de nuestros combatientes
han muerto o están derrotados psicológicamente...Tantas
cabezas negras se infiltraron en nuestras filas dado a la fácil
integración de las masas. Aplicando una política errónea
muchos camaradas se excedieron en sus maneras de acabar con los enemigos
de clase, actuando a diestra y siniestra y, con una mala información
segaron la vida de muchos compañeros que en lo posterior habrían
sido quizás muy buenos camaradas. Combatientes que aún conservaban
ideologías pequeño burguesas, y otros combatientes mal orientados,
actuaron como lo habrían hecho una banda de míseros ladrones,
azotes de cada pueblo a donde llegan. Cansados de estos abusos si no fueron
a denunciar esto al enemigo, son muchos los compañeros de masa
quienes elevaron sus quejas a los mandos de semejantes pelotones del EGP...
(ibid.)
En el valle de Huanta, la iniciativa de las Fuerzas Armadas de organizar
«Comités de Defensa Civil» no prosperó hasta
1990, debido al rechazo que causaba la represión indiscriminada
de los militares. Ante la presión de formar rondas, los jóvenes
prefirieron migrar masivamente a la ciudad de Huanta, a la selva o a Lima.
Los pueblos de las provincias del centro sur —Cangallo, Víctor
Fajardo, Vilcashuamán— se mostraron igualmente reacios para
organizarse contra el PCP-SL.
Las diferencias en la respuesta campesina al PCP-SL se deben a varios
factores. Por un lado, al comportamiento tanto de los grupos senderistas
como de los militares frente a la población. En general, la agresión
del PCP-SL contra el campesinado fue mucho más cruenta en el norte,
mientras que en el centro-sur las matanzas más feroces (Umaro y
Accomarca en 1985, Cayara en 1988) fueron cometidas por los militares.
Hasta hoy en día, el acercamiento entre población campesina
y el Estado es mucho más pronunciado en Huanta y Huamanga que en
Cangallo y Víctor Fajardo.
Así, pareciera que el PCP-SL invirtió más esfuerzo
en la preparación de su guerra en las provincias del centro-sur.
El acceso al sistema educativo figura desde décadas atrás
entre las demandas más importantes del campesinado. Eso fue aprovechado
por el PCP-SL, que tenía su laboratorio de cuadros en los dos colegios
más importantes en la zona centro-sur de Ayacucho: el «General
Córdova» en Vilcashuamán, y el colegio «Los
Andes» en Sancos.(31)
También el valle de Huanta, la otra zona donde el PCP-SL se mantuvo
hasta fines de los años ochenta, logró construir una base
sólida entre los «colegiales». Son zonas como la puna
de Huanta o la provincia de La Mar, donde la cobertura escolar era menos
densa, donde primero se rompieron los lazos entre campesinos y subversivos.
Además, a diferencia de la zona altoandina de Huanta y de Huancasancos,
en la región centro-sur el PCP-SL parece haber respetado más
a las autoridades locales. En Vilcashuamán, una de las estrategias
para protegerse de la base militar y de posibles incursiones de los militares
fue mantener «autoridades de fachada». Es decir, mientras
el PCP-SL mantenía el control, el presidente de la comunidad, el
gobernador y otras autoridades actuaban de «autoridades pantalla»
para ellos, informando sobre la normalidad del funcionamiento de la comunidad,
reportándose todos los domingos al izamiento de bandera en la capital.
Esta táctica fue criticada por Guzmán desde Lima, porque
consideraba que servía para «mantener la situación»
y no atreverse a combatir al enemigo.
A mediados de los ochenta tenemos, entonces, diferentes escenarios de
la guerra en Ayacucho. En las cuencas de los ríos Pampas-Qaracha,
donde el PCP-SL había logrado consolidar numerosas bases de apoyo
a través de un trabajo de adoctrinamiento temprano, mantuvo una
presencia, aunque sumamente debilitada, hasta los años noventa.(32)
De otro lado, en la zona altoandina de la provincia de Huanta, una de
las primeras que se había levantado contra el PCP-SL, se establecieron
algunas «bases antisubversivas multicomunales». Ccarhuahurán,
centro histórico de los iquichanos, fue una de ellas. Cuando la
Infantería de Marina llegó a la comunidad en agosto de 1983,
logró instalar un Comité de Defensa Civil sobre la base
de los grupos de autodefensa que habían surgido a fines de 1982,
poco antes del asesinato de los siete senderistas en Huaychao. Los «navales»
instalaron un destacamento de 36 efectivos en el pueblo, donde se agruparon
ocho anexos —en este caso por voluntad propia— con un total
de 600 familias.(33) Chaca —ex hacienda que fue estudiada por Osmán
Morote en su tesis de Antropólogo— que como Ccarhuahurán
pertenece al distrito de Santillana en las alturas de Huanta, fue otra
comunidad resistente donde se agruparon siete comunidades vecinas. Mientras
unos se concentraron en estos centros multicomunales, otros se desplazaron
a los valles de Huanta, Tambo y el Río Apurímac, y a las
ciudades de Ayacucho y Lima. Hacia mediados de 1984 las punas de la provincia
de Huanta habían quedado casi completamente desoladas. Fue posiblemente
la zona donde el desplazamiento comprometió comunidades enteras,
desapareciendo alrededor de 68 comunidades.
En noviembre de 1983, familias de diez comunidades (más tarde se
juntarían otras de Uchuraccay o Iquicha) se concentraron en Ccarhuapampa,
en las afueras de la ciudad de Tambo, formándose la primera aldea
multicomunal de desplazados. Desde el comienzo, Ccarhuapampa se organizó
alrededor de su Comité de Defensa Civil (CDC) según una
lógica militar: el CDC estableció un rígido sistema
de vigilancia, restringiendo la movilidad de la población, expidiendo
pases, y sancionando las trasgresiones a las normas con castigo físico.
Cada vez más pueblos en el norte de la sierra ayacuchana empezaron
a organizarse de la misma manera.
En el Valle del Río Apurímac, avanzó la Defensa Civil
Antisubversiva (DECAS), como se han denominado a las rondas campesinas
antisubversivas de la zona. Las DECAS fueron la primera milicia campesina
que logró constituir una red de organizaciones que abarcaba toda
una región, en este caso el valle del Río Apurímac.
Hacia mediados de 1985, el PCP-SL estaba en pleno retroceso y las Fuerzas
Armadas y DECAS habían hecho retroceder a las columnas senderistas
del valle.
Uno de los refugios del PCP-SL en la zona fue el Comité Popular
denominado «Sello de Oro», en la localidad de Simariva del
distrito de Santa Rosa. Allí, el PCP-SL organizó «la
masa» campesina según su concepción de «nuevo
estado». Sin embargo, era un cerco humano cuya permanencia se sostuvo
bajo el ejercicio autoritario de su poder.
El temor de quedarse sin bases sociales, tanto por el descontento de la
población como por la presión que ejercían las fuerzas
del orden y los DECAS, hizo que el PCP-SL optara por oprimir aún
más a la población, que se encontraba como «masa»
en los comités populares del valle del río Apurímac:
Las familias vivían en carpas de plástico, expuestas
a la intemperie y sin ropas de vestir. La alimentación era todavía
un problema mayor. En los últimos años casi dejaron de probar
sal, azúcar, verduras, menestras. En los diez años, habrían
muerto alrededor de 100 niños y adultos por falta de alimentos.(34)
Cuando, el 24 de octubre 1993, la «masa» de Sello de Oro mata
a los mandos senderistas y se entrega a la Base Militar de Santa Rosa,
«el 100% padecía de anemia, muchos tenían tuberculosis,
bronquitis aguda, paludismo. Muchos niños, por la desnutrición,
a los dos, tres años aún no podían caminar».(35)
Una forma similar para controlar a la población fueron las «retiradas»
en la zona denominada «Oreja de Perro», en el distrito de
Chungui (Ayacucho).(36) Las «retiradas» consistían
en desalojar el centro poblado y refugiarse en los cerros y en el monte
de la ceja de selva, en zonas de difícil acceso. En otras palabras,
el PCP-SL traslada sus «bases de apoyo» radicalmente, para
evitar su arrasamiento, e implanta un férreo orden y control total,
que convirtió la vida en las retiradas en un tormento infernal:
Tuve mucha pena. En mi base quedamos pocos y escapamos hacia la puna
donde comimos papas. Al enterarnos que los Sinchis se fueron, volvimos
los que quedamos de mi base al sector de Achira, donde volvieron a venir
los senderistas para organizarnos nuevamente. Nos dijeron: Nosotros somos
bastantes, como la arena del río y los militares son como las piedras
grandes del rio. La organización de las masas en mi base era: las
señoras se ocupaban en cocinar y – si los adultos trabajaban
en la chacra, llevar la comida, los adultos y jóvenes participaban
en la fuerza principal y a la vez eran agricultores. Todos trabajaban
para todos. No había individualismo. Los niños mayorcitos
ayudaban en lo que podían y a los más pequeños, el
senderista SF nos enseñaba a leer, escribir , nos hacían
cantar y jugar.
Yo tenía siete años en ese entonces. Lo que me duele recordar
es cómo las masas morían porque no podían escapar
de los ataques que hacían los militares. La Fuerza Local y Principal
casi nunca caía. Eran jóvenes a partir de los 12 años
y los adultos hasta los 40 años de edad, quienes podían
escapar fácilmente de los militares, pero no podían enfrentarse,
porque sólo eran veinte combatientes y estaban armados con palos,
hondas, dos escopetas y dos fusiles. Así iban muriendo muchas masas
y quedábamos pocos.(37)
Durante los años 1983-1985, Ayacucho siguió siendo la zona
más convulsionada; sin embargo, no fue la única región
donde se notaron las consecuencias de la «guerra popular».
También en Huancavelica, sobre todo en las provincias de Angaraes
y Acobamba, el PCP-SL aplicó la estrategia de vaciamiento del campo:
asesinato de autoridades que no habían renunciado y hostigamiento
a los puestos policiales, así como amedrentamiento a poblaciones,
asesinando a quienes eran sospechosos de «soplones», aunque
no se registraron «arrasamientos» de comunidades. Sin embargo,
las fuerzas del orden enfrentaban más directamente a columnas senderistas,
produciéndoles numerosas bajas.
En Pasco, particularmente en la provincia de Daniel A. Carrión,
el PCP-SL llegó a tener numerosas bases de apoyo. En 1983, la zona
no estaba aún declarada en estado de emergencia y el PCP-SL continuaba
la estrategia de «batir» el campo asesinando autoridades locales
y propietarios de tierras. En mayo de ese año un contingente de
200 campesinos conducidos por un pelotón de senderistas armados
ingresa al distrito de Páucar, arenga a la población y amenaza
a las autoridades. Un mes después, en un nuevo asalto al pueblo,
son asesinadas las autoridades y el director del colegio por no haber
renunciado. Luego, cuatro autoridades más son asesinadas en el
vecino caserío de San Juan de Yacán. Los testimonios refieren
a niños y adolescentes en el contingente del PCP-SL, desfilando
con cintas rojas y dando vivas al Presidente Gonzalo. El distrito queda
en manos del PCP-SL, cuya fuerza principal la encabeza Oscar Ramírez
Durand (luego conocido como «Feliciano»). Recién en
julio de 1984 la provincia de Daniel Alcides Carrión es declarada
en emergencia y pasa al control militar. Poco a poco el ejército
restablece orden y autoridades, a través de la implantación
de bases contrasubversivas. Ello provoca el repliegue del PCP-SL, sin
mayores enfrentamientos.
Otra zona de expansión en este período es el valle del Mantaro,
tanto por la realización de acciones de sabotaje, como de penetración
en la Universidad. El 20 de enero de 1983 se produce allí la primera
aparición pública de militantes armados del PCP-SL: cuatro
militantes irrumpen en el comedor universitario, y piden colaboración
económica. Irrupciones de ese tipo se hicieron frecuentes en los
años sucesivos en el campus universitario.
El espacio municipal y de partidos políticos es también
objeto de atentados. Saúl Muñoz Menacho, alcalde IU de Huancayo,
es asesinado el 16 de julio de 1984. En marzo y abril de 1985 se producen
atentados dinamiteros a los locales partidarios de Acción Popular,
del Partido Popular Cristiano, del APRA y de Izquierda Unida, y al Registro
Electoral Provincial. Las acciones siguen en alza todo el año.
En la selva central, los testimonios de asháninkas del río
Ene declaran que se recibieron noticias de la presencia del «partido»
desde 1982, y en 1984 se inicia un trabajo sistemático de penetración
y captación de líderes de comunidades nativas y de jefes
de clanes familiares. En octubre de 1984 ya se produce un atentado, el
incendio de la Misión franciscana de Cutivireni (Río Tambo),
una granja y viviendas aledañas. En 1985, las noticias de que el
PCP-SL ajusticia proxenetas y otros delincuentes despiertan simpatía
en sectores de la población.
En la cuenca del Huallaga, las acciones violentas se inician en 1983,
con la muerte de un trabajador del Ministerio de Agricultura y un estudiante
secundario acusados de apoyar a la policía. En 1984, el PCP-SL
toma dos veces la ciudad de Aucayacu atacando el puesto policial con un
saldo de veinte muertos. El 19 de abril asesinan al alcalde de Tingo María,
Tito Jaime Fernández, y el 20 de septiembre al alcalde de Pumahuasi,
de las filas del APRA. El mismo año, tres cooperativas son atacadas
en el distrito de Crespo y Castillo. El PCP-SL incursiona en la ciudad
de Tocache, ataca la Estación Experimental de Tulumayo, el puesto
de la Guardia Civil en Santa Lucia, y las instalaciones de la empresa
Palma del Espino, en Uchiza. En ese contexto, se decreta el estado de
emergencia en el departamento de Huánuco primero y luego en San
Martín.
En Lima, la campaña del PCP-SL creció gradualmente, aunque
con altibajos. Las operaciones en Lima Metropolitana se estabilizaron
en 1981 y 1982, luego tiene un pico en 1983 para paulatinamente ir creciendo
en los años siguientes.
¿Cuál fue la intención de los planes urbanos? Según
McCormick, «las acciones de SL en la ciudad sirvieron para amplificar
el desempeño del Partido en el interior del país y atraer
la atención internacional. Si la publicidad fue el objetivo —y
fue un importante objetivo en el inicio de la lucha armada— una
buena operación en Lima era mucho mejor que un gran número
de acciones `invisibles´ en el interior».(38)
En efecto, la campaña urbana jugó un rol importante para
colocar al PCP-SL tanto en las primeras planas como en la imaginación
popular. Mientras que la red del movimiento urbano durante este periodo
sólo comprometía algunos destacamentos y milicias, no tomó
mucho tiempo para cultivar la imagen de ser una fuerza a la que debía
tomarse en cuenta. Sus operaciones urbanas golpearon en el corazón
de la creencia, sostenida por la elite urbana, que Lima estaba separada
y era distinta del resto del Perú: una isla de civilización
rodeada por un mar de «cholos».
Consideramos que una de las manifestaciones de presencia senderista en
la ciudad que mayor impacto produjo fueron los ataques contra las redes
de fluido eléctrico, con la intención de generar «apagones».
De igual manera, el trabajo barrial fue haciéndose más evidente
en lugares como El Agustino, en donde el MOTC captó a pobladores
que residían en zonas como Nocheto, los cerros San Pedro y San
Cosme, alrededores de los mercados mayoristas, entre otros. Asimismo,
en Ñaña y otros asentamientos de la carretera Central ocurrió
lo mismo.
En 1984, el Comité Metropolitano estaba constituido por la célula
de dirección y tres zonales: Este, Oeste y Centro. Hubo dos destacamentos:
el especial, que realizaba sus acciones en la zona este de Lima y el destacamento
Centro. Como organismos generados estaban el Movimiento Intelectuales
Populares (MIP), MOTC, Movimiento Clasista Barrial (MCB) y Movimiento
Juvenil (MJ).
Al iniciarse la lucha armada, de los tres aspectos organizativos contemplados
(Partido, Ejército y Frente), el concerniente al Frente fue el
que mayor interés tuvo para los ámbitos urbanos. Se impuso
como tarea la captación de los pobladores a través de los
organismos generados, que fueron creándose de acuerdo a los sectores
de la población objetivo. Asimismo, fue en este periodo que se
crea también Socorro Popular, inicialmente concebido para asumir
lo concerniente a la salud y apoyo legal a los militantes senderistas.
Entonces, el Comité Metropolitano empieza a desarrollarse y, como
parte de este proceso, el movimiento buscó ampliar su rango de
acción y la importancia de sus militantes dentro de la organización,
fortaleciendo sus posiciones en las universidades —notablemente
San Marcos, donde el PCP-SL había establecido sus primeras células
hacia finales de los años 70— y extendiendo su red organizativa
hacia los barrios marginales de Lima.
Aún cuando el inicio de la lucha armada pareció cumplirse
a cabalidad en Lima, pronto surgieron serias críticas al Comité
Metropolitano que mostró hasta 1985 una clara tendencia decreciente
de sus acciones en relación con la evolución de la presencia
senderista a nivel nacional.
Esto revelaba que la organización regional no estaba respondiendo
según los criterios que estimaba la dirigencia central y en las
evaluaciones partidarias empezaron a surgir los «cuellos de botella».
Un aspecto al que Guzmán le tomó especial consideración
fue la sospecha de que entre los integrantes del «Metro»,
un regional que siempre le había resultado problemático,
no había el suficiente compromiso con la lucha armada.
La situación, como podrá notarse, se volvió difícil
para que el «Metro» siga combatiendo. En otras palabras, el
PCP-SL aún no había resuelto cómo debía ser
la militarización del Partido en las ciudades y la creación
del EGP para constituir la guerrilla urbana, así como tampoco tuvo
claridad sobre la naturaleza de la política de frente con eje en
MDRP.
Los aspectos operativos en Lima, además de los organizativos, eran
una cuestión que venía contemplándose desde el inicio
de los 80. En 1981, durante la tercera sesión plenaria del Comité
Central, los representantes del «Metro» expresaron sus problemas
en cuanto a la conformación de los destacamentos especiales (la
«fuerza principal» en el caso de las ciudades). Había
cometido el error de seleccionar los destacamentos por zonas, en lugar
de agrupar a todos los militantes y luego destinarlos a zonales distintas,
para evitar así que se conocieran entre ellos. Esto facilitó
enormemente las capturas por parte de las fuerzas policiales.
Es decir, el PCP-SL en Lima buscaba, por un lado, reponerse de los reveses
que tuvo durante 1982 y, de otro lado, buscar fórmulas organizativas
que garanticen la debida operatividad en este ámbito. En función
a esto, el «Metro» debía potenciarse para que actúe
en la capital como «tambor de resonancia», tomando en cuenta
que cualquier acción en Lima, por mínima que sea, repercutiría
a nivel nacional e internacional.
1.1.3.1. El Gran Salto
Entonces, en la Tercera Conferencia del Comité Central de 1983
se aprueba la fase «El Gran Salto», que debía cumplirse
a partir de junio de 1984. Tuvo cuatro campañas:
- Construir el Gran Salto (junio-noviembre de 1984)
- Desarrollar el Gran Salto (diciembre de 1984-abril de 1985)
- Potenciar el Gran Salto (junio-noviembre de 1985)
- Rematar el Gran Salto (diciembre de 1985-setiembre de 1986)
Estas campañas fueron muy importantes para el trabajo senderista
en Lima. Bajo la consigna de militarizar el Partido, el PCP-SL se planteó
como objetivo la reorganización total de sus diversas instancias.
Dada la debilidad del aparato limeño, esta reorganización
lo alcanzó de manera especial, con el propósito de impulsarlo
a través de un plan de crecimiento de las zonales, subzonales,
destacamentos especiales, centros de resistencias, organismos generados
y grupos de apoyo.
Así, se concibe un plan piloto de seis meses para el «Metro».
Con este plan se aspiraba a generar una nueva etapa de captación
de masas en los asentamientos humanos, urbanizaciones populares, tugurios
y fábricas. Además, se puso especial atención en
el desarrollo del trabajo adecuado para atraer la «pequeña
burguesía» (intelectuales, artistas, maestros, estudiantes).
Una cuestión particularmente importante fue remarcar la importancia
que tenía la captación de empleadas del hogar, al haberse
dado cuenta de que podían ser buenas informantes.
Fue entonces que un organismo generado, Socorro Popular (SOPO), empezará
a adquirir una importancia inusitada. La dinámica empleada por
los dirigentes encargados de SOPO bajo el mandato de militarizar totalmente
el Partido, opacó al Comité Metropolitano.
NOTAS:
1 Los infantes eran en su mayoría personal de origen costeño,
de habla castellana, que desconocía la sierra y la selva, y tendió
a reproducir con frecuencia patrones discriminadores contra la población
indígena.
2 «Línea de construcción de los tres instrumentos
de la revolución», 1988.
3 Los 11 procedimientos son: acción guerrillera, contrarrestablecimientos,
cosechas, arrasamientos, emboscadas, sabotaje al sistema vial, invalidar
troncales, aeropuertos, guerra sicológica, hostigamiento para quebrar
movimientos, terrorismo selectivo. (PCP-SL, «1ª Sesión
Plenaria, 1984).
4 «Línea de construcción de los tres instrumentos
de la revolución». PCP-SL, 1988.
5 Entrevista con Abimael Guzmán, Base Naval, 27.1.03.
6 Testimonio 202370. Base de datos de la CVR.
7 Según diversos testimonios, fue su esposa, Augusta la Torre,
la c. Norah, quien defendió la propuesta de entronizarlo como «presidente»
del Nuevo Estado en formación.
8 PCP-SL, «1ª Sesión Plenaria», 1984.
9 PCP SL. «Reunión Nacional de Dirigentes y Cuadros. Reunión
Preparatoria», p. 9.
10 Testimonio de un rondero de Chupacc. Base de datos de la CVR.
11 Comunero de Sancos, 70 años. Base de datos de la CVR.
12 Comerciante de Sancos.
13 Comunero de Sancos, 68 años.
14 Comunero de Paqcha, Vinchos, Huamanga.
15 PCP-SL. «Bases de discusión, línea de masas».
16 Ver capítulo sobre violencia contra niños y niñas.
17 Ver también el informe sobre Uchuraccay.
18 Testimonio 201700. Base de datos, CVR.
20 Entrevista en la Base Naval, 27.1.03.
21 «Sobre bases del nuevo plan», abril 1984.
22 Testimonio 200919. Base de datos de la CVR.
23 Véase capítulo sobre la matanza de Putis en el presente
informe.
24 «Entrevista del Siglo», 1988.
25 Informe sobre el desarrollo de la lucha armada durante último
año, actas del Congreso del PCP-SL, 1988.
26 Ver estudio sobre Lucanamarca.
27 CVR. BDI notas de campo P17, informante anónimo.
28 CVR. BDI grupo focal Loqllapampa P30, junio de 2002, Accomarca. Vilcashuamán.
29 PCP-SL. «Desarrollar la guerra popular sirviendo a la revolución
mundial». Agosto, 1986.
30 «Plumas y montañas. Suni Puni». Manuscrito de militante
del PCP-SL, 1985, p. 1.
31 Véanse las historias representativas sobre Pampas y Lucanamarca
en el tomo V.
32 Véase el Informe sobre Comité Zonal Fundamental –
Cangallo/Víctor Fajardo
33 Coronel, José: «Violencia política y respuesta
campesina en Huanta». En Carlos Iván Degregori, José
Coronel, Ponciano del Pino y Orin Starn, Las rondas campesinas y la derrota
de SL Luminoso. Lima: IEP, Lima, 1996, p. 51).
34 Ponciano del Pino: «Familia, cultura y ‘revolución’:
Vida cotidiana en Sendero Luminoso». En Steve Stern (ed.), Los senderos
insólitos del Perú, Lima, IEP-UNSCH; 1999, p. 178.
35 Ibíd.
36 Véase la historia representativa sobre Oreja de Perro, en el
tomo V.
37 Testimonio 202014. Base de datos de la CVR.
38 Gordon, H. McCormick: From the Sierra to the Cities. Rand´s National
Defense Research Institute. Santa Mónica, 1992.