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ARTÍCULOS DE CLARA ROJAS
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El sonido andino de las cuerdas:

UN TRÍO DE SOLISTAS TEMPLANDO LA HISTORIA

Clara Rojas

Ayacucho no tiene minas, ni industria, tampoco una producción agrícola o ganadera notoria, pero aquí nacieron célebres artistas con trabajos que han recorrido el mundo, retablos, filigrama o melodías surgidas de las cuerdas del arpa, la guitarra, el charango. Manos prodigiosas dibujan el rostro del país desde lo más profundo de nuestro ser andino.

El dominio de la cera, madera o metal de los artesanos es tan impecable como el de los interpretes rompiendo el silencio, espacio donde el sonido de las cuerdas se enseñorea. Sus nombres nos alcanzan con la generosidad de una vida entregada a la difusión de nuestra música folclórica. El doctor Raúl García Zárate en la guitarra, Florencio Coronado con su Arpa, y el Charango de Jaime Guardia, encarnan un valioso testimonio vivo de música tradicional.

Bajo su tutela, las escuelas de folclor de Ayacucho crecen incentivando nuevas promociones de jóvenes orgullosos cultores de la música andina. Ellos se forjaron entre montañas, cobijados bajo el azul límpido del cielo serrano, en respetuoso silencio, las estrellas asistían sus ensayos, eran sus primeras notas, notas de infante. Las clásicas serenatas ayacuchanas foguearon su maestría.

Con ellos, los instrumentos de occidente, volvieron a su medio teñidos de sabor andino, fusionados en melodías propias del Perú profundo. La belleza interpretativa, sensibilidad y la técnica de estos connotados maestros mostraba al mundo nuestra música.

LA GUITARRA CON ALMA DE RAÚL GARCÍA ZÁRATE

El huayno es una danza precolombina vigente a través de los tiempos, se toca en todo los pueblos, debería ser la música representativa, símbolo del Perú, explica Raúl García Zárate, con esa transparencia propia de los virtuosos, habla de los géneros musicales. De la dualidad andina observada en la música. El huayno canta su pena y termina con una ironía alegre en la fuga. Así es el mundo andino. “Uno empieza un huayno con tristeza ‘yo me muero de amor por ti...’ y en la fuga dice ‘aunque me vean con dos con tres más cariño ve vas a tener’. Es la chispa de ironía que da un sabor especial a nuestra música.”

El famoso concertista viajará a Estados Unidos en estos días, fue convocado para la celebración del 7º aniversario de un diario latino. Aún tiene frescos sus éxitos en el último festival Internacional de Guitarra en donde lució su maestría en un sexteto con los mejores del mundo. Las partituras de música vernacular recopiladas en paciente trabajo persuadieron a los concertistas de música clásica, quienes pidieron interpretarla junto al maestro de maestros como cierre del evento. El público vibró en Lima. De Francia, Norteamérica, Inglaterra, Bolivia, Argentina juntaron sus manos con el Perú en una magistral interpretación.

Con 74 años, su vitalidad lo empuja a nuevos proyectos, la grabación de su segundo CD, incluye 16 temas, en el que actualiza canciones antiguas y otras nuevas.

En este trabajo intenta mostrar la imagen cultural del país, de las diferencias regionales del género musical andino como el huayno; la muliza, haru chuqay, el pasacalle de Ancash, se parecen en cuanto a estructura, pero mantienen características propias según la región. El yaraví de Ayacucho, de Arequipa (sur), y el triste del norte (yaraví) presentan diferencias.

Su preocupación actual es dar a conocer los géneros de acuerdo a la zona de procedencia descubriendo sus diferencias. Esas diferencias no son identificadas por los interpretes, los músicos no tienen el afán de investigar, de averiguar, lo presentan como si fuera igual, lo uniformizan, lo que confunde y desinforma.

En sus grabaciones el doctor García Zárate plantea su visión musical, “quedarán como testimonios para los mismos músicos e interpretes del futuro. Con mucha pena tengo que decir que algunos géneros de nuestro folclor están en proceso de extinción como el yaraví.” Es la influencia del contexto global, la música foránea tiene más impacto comercialmente hablando en nuestro país. Lo nuestro está postergado, subestimado, si es que se cultiva se está tratando de adaptar a las características foráneas, se distorsiona nuestra música, enfatiza.

Aún cuando reconoce la importancia de lo comercial, no acepta que el músico se deje absorber por ello. “Para el músico es muy difícil subsistir sólo del arte, la mayoría de los interpretes que no tienen otros ingresos, se someten a las condiciones de las empresas comerciales, ya sea radial o de espectáculos. Cuando los llaman, el público se impone, para complacerlos cambian los instrumentos antiguos por los modernos, hoy se emplean batería, percusión, órgano”, dice.

Ayacucho se distingue por su fecunda producción artística. Al explicarlo, el doctor se remite a su infancia. “La música hay que vivenciarla, dice, en Ayacucho nos permitimos rodearnos de nuestra música, crecemos sintiéndola muy cerca, es un impulso interno que se mantiene vivo y nos empuja, aunque muchos que llegan a Lima olvidan sus raíces. En la mayoría de casos el provinciano no deja de interpretar sus canciones, ni olvida sus comidas, su vestimenta, sus fiestas tradicionales. En sus reuniones habla su quechua, ojalá que las nuevas generaciones no pierdan sus raíces".

Sobre la difusión de la música tradicional andina comenta la escasa programación, se constriñe a emisoras con programas de provincianos, instituciones regionales en las que dan a conocer su música, sus eventos sociales. Es un medio convertido en un nexo con los provincianos. En otros países el incentivo hacia el folclor parte desde las mismas escuelas, desde infantes. Aquí en el Perú debería darse un curso de música y danza peruana como parte de la currícula, que ya lo hacen en algunos colegios privados.

“Tenemos una riqueza cultural tan grande, tan diversa que se hace necesario una formación seria. Todos saben bailar una salsa pero digan ¿quién sabe bailar un huayno aquí? Todavía no se ha superado el predomino de lo costeño sobre lo andino, el serrano es objeto de burla, lo vemos en los programas cómicos. Son mensajes constantes en la mente de nuestros niños”.

Desde que empezó a los 6 años en el año 1932 en Ayacucho, la música lo acompañó, en premio, su música y el público nunca más se separaron, al final de cada presentación querremos escuchar como si fuera por primera vez “Adiós pueblo de Ayacucho”, convertido en himno identificatorio.


EL RITUAL DE FLORENCIO CORONADO Y SU ARPA

Cómo atrapar en palabras una melodía, describir emociones movilizadas por la magia de Florencio Coronado cuando interpreta en su arpa “Vírgenes del sol”. Con ella entabla un ritual de vida, de continuidad, de vitalidad que lo mantiene maravillosamente firme, a sus 83 años, su alegría toma forma de juventud y es un volver ha empezar porque para cada presentación él se prepara, ensaya los temas que harán al público aplaudir de pie.

El arpa surgió en el antiguo Egipto, pasó Asia, recorrió Grecia, Roma, España, llegó al Perú para quedarse en lo más profundo del ande, con los Danzantes de tijeras, instrumento inseparable de sus números. Ahora es parte de nuestro escenario.

Pero quien le devolvió a occidente pintada de Perú fue Estanislao Medina, pionero ya fallecido, lo siguió Don Florencio Coronado, él encarna el testimonio vivo de la historia musical andina.

Su primera arpa tenía cuerdas de tripa de res. Después de recorrer el mundo, sus cuerdas son alemanas, en ella ensaya nuevos registros aplicando la técnica aprendida en Hamburgo.

Conversar con él es recorrer el tiempo, encontrar los nudos de nuestra historia, enriquecidos por una experiencia en constante búsqueda como es la vida de don Florencio Coronado.

Le robó al destino su arte, impulsado como estaba por su afán de tocar el arpa, aprendió a escondidas de su padre, desde los 7 años. Vio surgir, desarrollarse y desaparecer los discos de carbón. Sus anécdotas impregnadas de gracia son páginas de nuestra historia.

En aquella época de su aprendizaje no había orquestas, ni equipos estereofónicos, el Arpa era indispensable en las reuniones, la tarea de tocar empezaba a las doce hasta las 8 de la noche, infaltable en reuniones familiares, cumpleaños, bautizos. Eso cambió con el ingreso de los equipos, los discos. El Arpa desapareció del medio. Tampoco hay ejecutores. Los danzantes de tijeras lo mantienen vigente en Puquio, Parinacochas, Huancavelica. Las cuerdas de tripa han sido reemplazadas por alambres.

Con su arte recorrió Venezuela, Cuba, México, y América toda, tuvo presentaciones como solista, llegó a Europa, España, Alemania. Su memoria recorre importantes figuras de época como Lola Beltrán, Luis Aceves Mejía, el Trío los Panchos. Dámaso Pérez Prado fue mi gran amigo, dice.

Su ética artística lo impulsó a profundizar la técnica en Alemania, donde afirma mató la monotonía de su ejecución. Tomó parte en el primer festival iberoamericano, evento en el que Perú no envió ningún representante, y coincidió con su estadía en España, se presentó ganando el primer lugar en su género: Solista en Arpa.

Lo hicieron interpretar sus temas por siete veces, los estudiantes peruanos bajaron paseándolo en hombros por todo el escenario.

Sus recuerdos fluyen. “Así me presentaron esa noche: Hijo de América has venido hasta tu tierra, España te recibe con la ternura de una madre, has hecho flamear orgullosamente tu hermoso bicolor obteniendo el primer puesto como solista de arpa. Nos referimos al representante del Perú, Florencio Coronado. Me entregan una medalla, un hermoso diploma y un sobre blanco tamaño oficio que pesaba, a eso le tuve más estimación”, sonríe el concertista, después de ello, obtuvo varios contratos para la costa vasca francesa, San Juan de Luz, Burdeos, París. “Lugares hermosos, un sueño con ojos abiertos”, cuenta. En estos viajes aprendió el alemán y el francés, apremiado, sobre todo por comunicarse con una chica que le interesaba. Viajó por Italia, Venecia, Alejandría. Un año después regresa al mismo hotel donde estuvo en Alemania convocado para un trabajo, encuentra que la alemana de sus sueños continuaba trabajando allí, sin pensarlo dos veces la abordó más seguro de su alemán, ella entusiasmada le correspondió.

“Intimamos, yo hablaba mal, ella me corregía, fue una gran escuela para mí, lo que me sirvió en otras ciudades de Alemania, que son muy exigentes”.

Técnica, constancia y su sensibilidad lo ubicaron en un lugar sin rivales. Con cinco long play en su haber, aún espera la oportunidad de grabar en CD sus interpretaciones. Sobre la afición de los ayacuchanos por la música nos dice “el que no tocaba un instrumento, por lo menos tocaba la puerta”. Sus recuerdos mantienen fresco el presente, acaricia su arpa, una joya en plata con motivos que simbolizan el poder inca, desde 1942 es su fiel confidente. La toca entregado a ella en un ritual que parece empezar ahora.

EL CHARANGO ENCANTADO DE JAIME GUARDIA

Por el sur de Ayacucho, en Pausa, Parinacochas nació Jaime Guardia hace 63 años. De pequeño solía ir a la chacra de sus abuelos con su charango. Mientras los animales comían, él tocaba. Compañero de andanzas desde entonces, con quien recorrió toda América en diversas oportunidades. EEUU, Japón, Londres, Alemania, aplaudieron sus interpretaciones. Y es que su música toca fibras muy profundas del ser humano.

La melancolía andina es interpretada magistralmente con el charango encantado de Jaime Guardia, sus dedos arrancan melodías de las cuerdas, fragmentan el silencio, en un lamento escapado de lo más profundo de nuestra tierra. El Yaraví ayacuchano cala hondo. Las mulizas, los huaynos brotan uno tras otro, o lo que usted le pida, la sencillez de este hombre noble enmarca la grandeza de su arte. Más allá de los debates que pueda generar su estilo, éste forma parte del universo musical andino.La tristeza como la alegría es parte de la vida.

En estos días descansa en Cusco, recuperado de aquellas dolencias que mantuvieron muy preocupados a sus seres queridos, a sus amigos y a ese público que constantemente lo reclama. El Charango de Jaime Guardia se ha metido en nuestras vidas. Con más de 50 años en los escenarios, su imagen crece como el sonido en las montañas cuando el eco las retorna. Así retorna a nosotros su música desbordando sensibilidad.

Tres grandes artistas, tres instrumentos y un mismo origen. La música andina interpretada por estos maravillosos solistas nacidos en Ayacucho, cuya sola presencia es un testimonio vivo de una historia no escrita aún.