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ARTÍCULOS DE CLARA ROJAS
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LA PIEDRA DEL DIABLO: EL ESTIGMA DEL SÍMBOLO

Clara Rojas

El pueblo cuenta su historia en relatos que se convierten en referencia y nos alcanzan a través de los tiempos, son las tradiciones orales describiendo el imaginario del antiguo Perú. Llega a nosotros cubierto con los velos de la superstición, aporte occidental frente a una visión incomprendida como fue la andina.

Esta mezcla andina occidental recrea viejos mitos que nos sorprenden por la fascinación que ejerce sobre la población. Los cuentos de fantasmas y aparecidos se mezcló al diálogo abierto de los curacas con sus apus. La fuerza de la naturaleza hablaba en armonía a esa costumbre de convivir con sus muertos, sus huacas sagradas. Visión profana para los colonizadores que arremetieron contra ellas destruyéndolas. Surge la noción de lo diabólico estigmatizando las prácticas andinas.

SANTIAGO DEL CERCADO

Lo simbólico y el estigma se fusionan. El temor y la fascinación se mezclan, ahí donde los restos prehispánicos evidencian su poder. Los relatos proliferan cuando se cruzan dos o más mundos, como ocurrió en Barrios Altos.

Este distrito surge, como una necesidad de agrupar a los nativos que andaban dispersos por la ciudad y sus valles, así lo describe en “Lima y sus suburbios”, Sergio Velarde, libro editado por Carlos Enrique Paz Soldán (1957). El 11 de noviembre de 1566, el Gobernandor Lope García de Castro ordena que el Corregidor de Lima, Manuel Alonso de Anaya y Diego Porres Sagredo ubiquen un lugar para la fundación de un pueblo de indios. Ellos escogen la tierras de Encomienda de Casahuasi, a un cuarto de legua al este de la ciudad de Lima, por las que se pagó 15,320 pesos.

Se dividió la zona en 35 manzanas, con sus solares repartidos por encomiendas según el número de indios de cada encomendero, a quienes se les entregaba a cambio de un pago de 337 pesos. Según el texto de Sergio Velarde Vargas (1956), esta zona se amuralla para impedir la salida de los indios, tenía dos entradas una hacia el lado de Lima y otra hacia el valle de Ate, paredes altas que dan el nombre al pueblo conocido desde ese entonces como El Cercado. El virrey Toledo inaugura la iglesia con el nombre de Santiago en 1571, así es como Barrios Altos asume la nominación de Santiago del Cercado.

Los datos históricos nos permiten ubicar el contexto en el que se agrupan andinos y occidentales en Barrios Altos, la convivencia de vencidos y vencedores que da origen a un imaginario reproducido en relatos, danzas... en la interpretación que nos llega hoy de aquella historia no escrita.

NATURALIZANDO LO DIABÓLICO

Concentrados en esta zona, nuestros andinos no se desprendieron de lo suyo produciendo una mitología abundante en figuras que sus danzas recrean, enriquecido además por la llegada de contingentes negros. Los carnavales y fiestas religiosas nos muestran una herencia mágico religiosa. El Diablo de la Huayrona, Al son de los Diablos, son danzas surgidas de mirarse así mismo, asumiéndose profanos. Danzas de resistencia.

En el seno de Barrios Altos, entre Junín y Cangallo una piedra preinca traduce este sentimiento trasvasado. La piedra del diablo, su leyenda recorre las calles impregnada de un inexplicable temor. "En esa piedra se esconde el diablo, sale por las noches a recorrer las calles, se le presenta a inocentes, a cualquiera no. Es una piedra horadada que nadie pudo sacarla a pesar de los intentos que han hecho, hasta con dinamita han querido destruirla. El diablo es más poderoso”. Versión de Natalia, 16 años (2000).

La nociones implícitas en el relato contemporáneo aluden a un símbolo del pasado inca, la piedra. Ese sentimiento de temor y fascinación hacia el poder inca pervivió a través del mito, poder transfigurado en el diablo, como un espíritu metido en la piedra, cuyas raíces no han podido ser extirpadas. El estigma convierte el símbolo en una obra diabólica. No olvidemos que en los mitos andinos sus fundadores se petrificaban convirtiéndose en dioses tutelares, se comunicaban con los suyos cuando querían y eran poseedores de un poder temible. El pasado retorna a nosotros revestido pero vibrante de historia en su contenido. Actualmente, pobladores de la sierra aseguran que los gentiles aparecen por los caminos antiguos... Lo ven por las noches en sus literas.

Lo cierto es que el símbolo, conocido oficialmente por el Municipio de Lima como la Piedra horadada, dado el hueco en la parte inferior, fue motivo de discusiones entre especialistas para determinar su procedencia y edad. La Sociedad Geológica del Perú aseguró que tiene decenas de millones de años. Es preinca, reutilizada en todos los tiempos, desde los primeros habitantes del Valle de Limac.

Según las declaraciones de la historiadora, María Rostworowki no podría considerársele como el oráculo de Limac, como lo planteaba el investigador Javier Tenorio, porque la famosa Huaca Grande fue arrasada por los españoles ante la excesiva adoración de los andinos. Por otro lado, existe un documento del Archivo de Indias de 1558, en él se indica que las piedras horadadas servían en algunos casos de linderos, adujo la doctora, sin dejar de reconocer que también podría tratarse de una huaca. (El comercio, 9, set. 1996)

El misterio de la piedra es intenso, ni las construcciones coloniales, ni las de hoy como el grifo que la arrinconó en una oscura esquina, han podido atenuar su fuerza. El Director de Patrimonio Histórico Monumental de la Municipalidad de Lima, Edgar Gargurevich comentó que se ha dado una resolución protegiendo los restos de posibles depredadores.

Símbolo o estigma, esta piedra contiene un enorme valor testimonial reivindicada por la leyenda popular, traspuso las puertas del tiempo a través de la oralidad local manteniendo vivo el recuerdo del pasado prehispánico.