




Clara Rojas
Introducción
Desde la perspectiva de Humberto Maturana, que observa la sociedad como
un cuerpo viviente, se desarrolla en el presente texto el análisis
sobre las consecuencias de la violencia política en el organismo
social, en el cuerpo social del Perú. Consecuencias que configuran
un nuevo país, aun cuando ahora no podamos definir con claridad el
alcance de sus efectos. Cruza el entretejido social generando nuevas brechas,
marcando límites, creando fronteras; con una necesidad casi primitiva
de sobrevivencia, construyendo nuevos sectores, nuevos perfiles. Pero, cómo
afectó esta violencia política a los sectores de oposición
que ejercían un control social al poder, aquéllos que habían
concebido como viable el camino de las armas, en cuyo seno se gestaron Sendero
Luminoso y el MRTA. Hoy, 1999, el poder absorbió en su dinámica
a importantes líderes intelectuales que fueron de esta Izquierda.
Se construye una relación de ambivalencia en un contexto confuso.
Se necesita una delimitación política,
una confrontación, un deslinde que marque esas fronteras construyéndonos
identidad. Hoy es más difícil confiar en la gente.
Son rasgos de esta violencia atroz que nos cruzó, generó otras
brechas, de la que aún no podemos sustraernos. Un horizonte extraño,
que camina en el umbral de la desconfianza, las formas típicas, el
cientificismo, los círculos cerrados y seguimos hablando de exclusiones,
nunca tan marcadas como hoy cuando el temor ha expandido sus efectos más
allá del color de la piel.
Cómo se construyen los conceptos. Cómo se construyen las mentalidades. Cuando precisamente vivimos un momento de crisis de ideas. Más allá de una crisis de organización, de crisis institucional, nos encontramos en una crisis de entendimiento, de concepciones, de modos de hacer política. Percibimos, desde hace mucho, la necesidad de una renovación intelectual en el país, las ideas han envejecido, antiguos sistemas se han desmontado. No pienso repetir el rollo de la desintegración soviética, la caída del muro, etcétera… por conocidas e innecesarias. Pero existe en estos momentos una necesidad de repensar la historia del país, de mirar el futuro a partir de lo vivido.
El mundo cambió, el país cambió
El neoliberalismo se impuso en el mundo, la globalización se impuso, el mercado se ha convertido en un movilizador social, y la revolución de los medios de comunicación (lugar común en los análisis de hoy) obligan a respuestas vertiginosas con nuevas maneras en las relaciones entre el poder político y su capital elector, los medios construyen el espacio público donde el poder se escenifica (Balandier).
La lucha electoral se trasladó a los medios de comunicación. Atrás quedaron los mítines, manifestaciones, movilizaciones. Elementos que crean cambios en la mentalidad de la gente, en su cultura. Usos y costumbres antiguos de hacer política ya no funcionan, algunos piensan que pasó el tiempo de las viejas organizaciones partidarias. La década del 90 se impone con nuevas formas de caudillismo, con el surgimiento de los políticos pragmáticos, que por encima de los programas o doctrinas, teorizan realizaciones, en una relación directa con la gente. Toman formas distintas del viejo caudillismo, del liberalismo, adaptándose fácilmente a los cambios ocurridos en el mundo, en particular en el país, y en la manera eficaz de hacer política hoy.
Estos cambios, sumados al accionar violentista, colocaron dinamita en el corazón de esta oposición marxista, que estalló dispersa en mil pedazos. Una aplicación mecánica de los principios teóricos de la Izquierda marxista evidencia la fragilidad que la sustentaba. La oposición desaparece. No existen proyectos colectivos, priman los individuales, las empresas colectivas (partidos) ceden paso a las individuales en un panorama incierto en donde el sálvese quien pueda, instaura el dominio del más fuerte. Hasta el 80, la izquierda ofrecía un horizonte, una meta, un rumbo, con la construcción de un nuevo orden.
Hoy eso no existe, se impone la lógica del proyecto individual. En este clima ideológico, es que, discursos, mensajes establecen como relación el contrato individual entre el político y el público: Yo te resuelvo tu problema. Ya no es el paradigma colectivo “nosotros trabajamos para resolver un problema común”. He allí el éxito del favorito de hoy (Fujimori), ofrece, cumple y gana. Simple y pragmático como boceteado por Weber, Hobbes o Maquiavelo y el asesor (Montesinos). La eficacia política desde el punto de vista del gobernante.
No entran en juego los fines éticos que dan origen a los movimientos políticos. Se imponen antiguas teorías eficaces como constructoras de poder absoluto, en una relación de dominio basado en la fuerza y la astucia, lo describe Maquiavelo(1): “Algunos príncipes han desarmado a sus súbditos para conservar su Estado sin riesgos; otros han mantenido divididas las ciudades conquistadas, otros han alimentado alguna oposición contra sí mismos, otros se han dedicado a ganarse a quienes les resultaban sospechosos...” (pág. 103, El Príncipe). En este caso, prácticas literales en aplicación de conceptos teóricos fundantes de la política moderna, que reconocen la importancia del poder absoluto. El concepto de dominación vigente como lo define Weber, existe una voluntad de obediencia de un grupo social que alimenta al poder absoluto.
Lo cronograma Carlos Beas(2), capítulo II, “Violencia e ideologías en la vida peruana”, en Violencia y crisis de valores en el Perú, desde Maquiavelo (1469-1527), Jean Bodin (1530-1527), Thomas Hobbes (1588-1679), Max Weber, (pág. 111), con sus diferencias, coinciden en la necesidad de concentrar el poder en el gobernante. El poder absoluto centralizado. El hombre y la bestia vigente. Concepto percibido con el mismo valor por sociedades tradicionales o modernas, en los sistemas monárquicos o en los Estados democráticos. Estado concebido como el organizador de las desigualdades.
En los términos de Evans Pritchard cuando habla de la dicotomía presente en la estructura social de los Shilluk(3), el poder político y el poder simbólico, en una ritualización de la autoridad, que lo coloca en el lugar central, la eficacia simbólica de la realeza divina es originadora de consenso, el poder que nace de los intereses de los grupos para legitimar la institución. Sociedades tradicionales con un sistema de control que impide la continuación en el poder de un rey desgastado, que atrae desgracias a su reino, se impone el regicidio o la muerte simbólica del tirano, con rebeliones, no revoluciones, pues no está en tela de juicio la monarquía como institución sino el hombre. El ritual de cambio fortalece la realeza. Fortalece la institucionalidad.
Elementos también comunes en las sociedades modernas, como dualidad indivisa encarnada, poder político y poder simbólico, el ritual de cambio: un proceso electoral que fortalece la democracia y una Constitución que sacraliza la encarnación del poder central. Promulgada(4) el 6 de enero de 1993, el artículo 3 dice “El Presidente de la República elegido en 1990, en actual ejercicio es el jefe Constitucional del Estado y personifica a la nación”. El gobernante personifica los valores nacionales, esta misma identidad es a la vez generadora y concentradora de poder. Los dos cuerpos del rey, el cuerpo físico y el cuerpo social. El hombre y la institucionalidad que representa. Una sociedad que se organiza en torno a la imagen creada por el consenso. Institucionalidad(5) que crea un orden social (pág 74 orígenes de la institucionalización), La construcción social de la realidad, Peter L. Berger y Thomas Luckman.
Este proceso político del lugar central, generador de consenso como poder, se complejiza a medida que aparecen nuevos elementos en el escenario como el surgimiento de los derechos democráticos. Sinesio López(6) lo explica: “La finalidad del gobierno es la protección de la libertad y de la propiedad del individuo. Esta concepción se consolida en el siglo XIX, cuando economistas y sociólogos, sobre la base del desarrollo del mercado, descubren y caracterizan a la sociedad”. (pág. 88, en Estado, Desarrollo y Democracia).
El surgimiento de las políticas democráticas y su consolidación en el siglo XIX, lo describe Eric J. Hobsbawm(7) en La era del Imperio, como una búsqueda de legitimidad de los regímenes y sus clases dirigentes frente a las masas “la vida política se ritualizó, pues cada vez más, se llenó de símbolos y de reclamos publicitarios tanto abiertos como subliminares, conforme se vieron socavados los antiguos métodos –religiosos– para asegurar la subordinación, la obediencia y la lealtad, la necesidad de encontrar otros medios que la sustituyeran se cubría por medio de la invención de tradición, utilizando elementos antiguos y experimentados capaces de provocar la emoción, como la Corona y la gloria militar...” (pág. 106). Nuevos paradigmas que se imponen en la creación simbólica del poder.
Los derechos democráticos y la fuerza organizada de las masas en partidos construyen el poder en el consenso. La negociación de su consenso a través del voto permite controlar su alcance, distribuyéndolo y restringiendo. El poder absoluto no es la opción natural del pueblo de hoy. Su construcción requiere de un revestimiento simbólico que lo legitime, pues las sociedades avanzan en sus aspiraciones por un gobierno democrático, representando a las mayorías.
Pero ocurriría así en un medio en donde el desarrollo de los derechos ciudadanos hubiera continuado su proceso de consolidación. Los conceptos de democracia con su contenido de poder construido en el consenso real (no el fabricado por los secuaces de Fujimori), y la presencia de una oposición con la suficiente fuerza como mecanismo de control, serían barreras claramente definidas en un país con capacidad de elección realmente libre.
La relación entre poder, violencia y oposición marcan un contexto de características propias. Según Hannah Arendt(8) la violencia no construye poder, la mina, es instrumentalizada, para Hobbes(9) es necesaria, lo sostiene, desde el punto de vista de M. Weber la violencia impone el poder, la consolida.
Es con Hannah Arendt(10) que violencia y poder se separan abriendo significaciones opuestas. Violencia, instrumento utilizado como mecanismo de dominación, en cambio poder es la capacidad de concertar, el grupo lo otorga a través del consenso. Es la construcción del poder en democracia, el grupo social es creador, generador de poder. El poder absoluto es limitado por los mecanismos de control que instituyen las minorías como oposición.
Aunque las teorizaciones sobre el poder justifican antiguos planteamientos en términos de efectividad. El poder construido por encima de los principios, valores e instituciones. El ideal del gobernante eficaz que se mantiene en el lugar central, en un juego de apariencias con imagen protectora. En un astuto manejo de los medios como escenario de creación simbólica fabricando consensos.
En nuestro caso surge el neoautoritarismo con su gran dosis neorealista, no surrealista. Neoautoritarismo porque se enmascara con hilachas democráticas, neorealista al construirse en el umbral de medias verdades. Levanta una parte de escuelas sobre las construcciones de gobiernos anteriores y la pinta como obra total propia, lo mismo ocurre con las carreteras, obras públicas, es el cínismo expuesto. Es el manejo de las apariencias como recurso manipulador refrendado y ampliado por el nuevo factor en juego: la supremacía mediática.
El gobernante no es una autoridad digna de crédito para el pueblo, lo reconocen en su dimensión total, como productor de yucas, constructor de ficciones, amigo del enigma, promotor de suspensos que no son suspensos. No es una autoridad entendida en el sentido que lo expone Hannah Arendt, construido con el reconocimiento indiscutido de aquellos a quienes se les exige obediencia, que no necesita de coerción o persuación.
Tampoco está investido con los símbolos de una autoridad andina, significantes más allá de emblemas, imponiéndose en una subordinación complaciente. José Luis Martínez Cereceda(11) describe en su libro Autoridad en los andes, Los atributos del Señor, con todo el ceremonial colocando el poder por encima del pueblo, que gratificado se enorgullece a su paso. (Legitimidad del poder central, Estado tradicional).
Tiene que ver con la ruptura de un sistema de representaciones construida por milenios como lo explica María Rostoworowski(12) en la Historia del Tahuantinsuyu, “Los incas asumieron aquel pasado y lo transformaron hasta alcanzar una hegemonía... Los naturales estructuraron modelos organizativos que asombraron al mundo europeo y sirvieron para que se creara la utopía de un Estado donde el hambre, la necesidad y la miseria estaban proscritos”, sobre esta estructura edificaron el poder de una autoridad absoluta a la que tributaban gustosos. (Subordinanción, obediencia).
Los habitantes del Perú necesitaron varias centurias para readaptarse a nuevos modelos cambiantes y cíclicos (F. Fuenzalida), cada uno de ellos vividos en procesos sumamente violentos. De aquellas reacciones frente a la destrucción de sus símbolos y de su sociedad con el surgimiento del Taki Onkoy [Mito e Historia(13)] a la inversión del orden y de la autoridad de hoy, en el sentido literal, refleja una nueva estructura mental.
El rey (Fujimori) desciende del trono para convertirse en el bufón de su pueblo, despojado de solemnidades y emblemas, se coloca el chullo, el poncho, o regala medias ajenas, calendarios con su cara, recorre en bicicleta calles provincianas, se acerca al pueblo más lejano, se regodea en sus reiteradas mentiras, y tiene la suficiente cara dura para negar lo dicho provocando risas, a cambio no pide nada más que un voto como tributo. El bufón del pueblo es la nueva figura de autoridad construida en un proceso violento y sin alternativas sino aquellas limitadas a la sobrevivencia.
Este modelo de autoridad se construye así mismo como el concentrador de un poder absoluto. Ilimitado y perpetuo, un neoautoritario, basando su fuerza en una confirmación simbólica. En un lenguaje fabricado, Bourdieu(14) lo teoriza: “Las relaciones lingüísticas siempre son relaciones de fuerza simbólica a través de las cuales las relaciones de fuerza entre los locutores y sus grupos respectivos se actualizan bajo una forma transfigurada”, (pág. 102, Violencia simbólica, P. Bourdieu).
El temor impuesto
La escalada senderista edificó ese espacio de poder absoluto pretendiendo minarlo. El concepto de que la violencia construye poder, podría no sólo afirmarse, la violencia instaura tiranías legitimadas por el consenso popular, poder otorgado por un pueblo que rechazó la violencia senderista y aceptó como necesaria una respuesta oficial mucho más violenta. El miedo empujaba a pagar la instauración del orden con un precio más violento, la respuesta oficial y el empoderamiento de un presidente mafioso.
En su reflexión sobre violencia y poder, Carlos Kenney(15) confronta la diferencia que encuentra Arendt entre poder y violencia, partiendo del enfoque de la revolución: “Según Arendt, el derrumbamiento del poder en torno a las revoluciones revela cuánto la obediencia al gobierno depende del apoyo y asentimiento de la población. Es donde el poder se ha desintegrado, que las revoluciones se tornan posibles, si bien no ocurren automáticamente. En la revolución el uso de la violencia puede ser un factor importante, pero es secundario a la situación del poder. La eficacia de la violencia depende del poder que está detrás, la violencia por sí sola es ineficaz para la dominación política”. La violencia como instauradora de nuevos regímenes, respuesta de poder construido por el consenso popular, asentimiento que genera fuerza política. Dos conceptos diferenciados a partir del triunfo de las revoluciones. Más en el caso del Perú, la provocación institucionalizó un regimen absolutista.
El poder seduce hasta el delirio, el lado animal de Fujimori (en el concepto de Maquiavelo el rey debe ser mitad hombre mitad bestia) no teme mostrar su rostro amparado y protegido por el espacio que la violencia creó, un hábitat adecuado en temperatura y atmósfera donde reina la impunidad. Como dice Hannah Arendt(16) “la paz resulta la continuación de la guerra por otros medios”, los medios que la violencia legitimó, naturalizó en década y media de zozobra, de inseguridad y muerte que trasvasó los límites de la resistencia social. ¿Estamos dispuestos a claudicar nuestras libertades por la seguridad como lo planteaba Thomas Hobbes(17) en su famoso Leviatán?.
Después de vivir como hecho cotidiano, explosiones, bombas, apagones, destrucción y muerte, se extendió una exigencia de sobrevivencia, se trataba de la defensa de nuestras vidas, todos nos sentíamos amenazados, la incertidumbre diaria invadía los hogares del país entero. La angustia corroía. La violencia entronaría a quien acabara con ella.
El derecho se impone por la fuerza. Es la justificación de la violencia como ideología, formulada en Hobbes y analizada por Carlos Beas(18) “El gobierno absoluto debe ser opresivo para estar en condiciones de poder proteger eficazmente a los hombres de males mayores como el estado de guerra constante” (pág. 109).
Aludiendo a Hannah Harendt(19), la violencia senderista generó el espacio no para destruir el poder sino para edificar un empoderamiento de la tiranía, la violencia legitimó la tiranía, instituyendo una nueva etapa al ingresar el gobierno con respuestas más violentas aún “El terror no es lo mismo que violencia, es la forma de gobierno que nace cuando la violencia tras destruir todo poder en vez de abdicar mantiene el control absoluto” (pág 51), en este caso, el poder tras derrotar a su enemigo se erigió más fuerte que nunca, luego de desaparecer toda oposición organizada, instaura la hegemonía del temor.
Si como dice Hannah Arendt el poder es consenso que otorgan las mayorías, el neoautoritarismo fabricó su proyecto continuista construyendo un consenso basado en su eficacia contra el terrorismo. En un uso de violencia constante naturalizada por la costumbre, y aceptada por la gente como necesarias. Lo cotidiano convierte en imperceptible, invisible, la agresión. Pero más allá de la violencia simbólica aceptada como norma hoy [(Foucault(20)], es la represión como respuesta, involucró a inocentes y acabó soterrada en el imaginario. Es la capacidad del poder para invertir en su beneficio lo que lo corroe o amenaza (Balandier).
El poder fusionándose con la violencia instrumentaliza los medios informativos y las instituciones para construirse como mayoría absoluta. El poder político en uso total de sus condiciones, despliega su maquinaria para darle la vuelta al derecho y a la Constitución. Formula un proyecto para continuar, planificado pacientemente, es la racionalidad del poder absolutista. “La adyacencia al poder debe ser provocado, la fuerza legítima no basta para ello” (Balandier). Edifica simbolismo, inventa tradiciones. [Eric Hobsbawm(21)]. En esa unidad indivisa, poder político y poder simbólico se apropian del inconciente, naturalizando su imagen autoritaria.
El poder simbólico
En uso de los medios necesarios ocultos o evidentes, eso ya no importa. Es lo paradójico del juego político de hoy, en este espacio ambivalente en el que deposita sus piezas, esas dos esferas, lo aparente y lo real, cruzan los límites perfilando intenciones que hasta el más ingenuo reconoce, a su vez sugiere un aparente explícito y un oculto real. En la construcción de un imaginario que coloca su proyecto político como de necesidad nacional.
Es la construcción de un poder por encima del paradigma de Maquivelo, cuando aconsejaba guardar las apariencias, la bestia-hombre está perdiendo su humanidad. Sigue el pragmatismo puro de Max Weber. El poder se impone por la ley, por la fuerza o inventando leyes, forzando medidas. Intervencionismo, control, comités transitorios, la institucionalidad oscilante. El poder centrado en el individuo. Weber totalmente Weber.
En el escenario después de la violencia, un sólo objetivo crea un discurso en el perfil político del presidente Fujimori y su séquito: continuar. Genera construcciones paralelas 1) en el imaginario, como un hecho inconciente, lo simbólico, propiciando realidades. 2) en la acción, con medidas de organización electoral.
Ejerciendo un control panóptico de la situación como lo diría Foucault(21) al referirse a la domesticación del hombre por la sociedad cuando habla de las disciplinas como formas de dominación que convierten cuerpos dóciles y experimentados hacia la obediencia. La sociedad como una prisión “Este espacio cerrado, recortado, vigilado, en todos sus puntos, en el que los individuos están inscritos en un lugar fijo, en el que los menores movimientos se hallan controlados, en el que todos los acontecimientos están registrados, en el que un trabajo ininterrumpido de escritura une el centro y la periferie, en que el poder se ejerce por entero, de acuerdo con una figura jerárquica continua, en el que cada individuo está constamentente localizado, examinado y distribuido entre los vivos, los enfermos y los muertos”.
Semeja una mirada experta en vigilancias (SIN), todo está bajo control y el proyecto se aplica por etapas, acallar, comprar o amenazar a la oposición, atraer con puestos de trabajo inteligencias en comunicaciones y líderes locales e internacionales. (Los famosos consultores). Es la creación del gobernante por Maquiavelo.
El drenaje de publicidad y la Sunat cumplen objetivos precisos con los medios de comunicación. En tiempos de crisis, la publicidad estatal (1999) cubrió ampliamente espacios televisivos, emisoras y diarios. Se implantó el estilo neorealista en los medios. Los espacios políticos desaparecen, no existe la oposición, se levanta la prensa amarilla con una fuerza despiadada, explicable aparentemente por un elevado raiting, pero la ficción se construía manejando las apariencias, mientras los miles de dólares salían del SIN.
Las instituciones se instrumentalizan, en una rueda en la que todos giran, quieran o no. El cinismo nos ha vuelto inmunes, y los medios [Balandier(22)], convirten los espacios públicos en escenarios donde se teatralizan objetivos políticos, nos acostumbran a escandalosos destapes, agresivas persecuciones sin sentido aparente, oportunas capturas para no olvidar la eficacia antiterrorista. Llegado el momento, la persecución a los candidatos opositores no sorprenden ya más, provocan una actitud neutral en un público acostumbrado a asumir víctimas. Eficacia simbólica que termina por doblegar las conciencias naturalizando la violencia. Ingresan al juego simbólico estructuras, representaciones, discursos, practicas, en un proceso lento y fabricado.“El poder simbólico, es decir, el poder de construir lo dado enunciándolo, de actuar sobre el mundo al actuar sobre las representación de éste, no radica en los'sistemas simbólicos' bajo la forma de una fuerza ilocucionaria. Se verifica dentro y mediante una relación definida que da origen a la creencia en la legitimidad de las palabras y de las personas que las pronuncian, y sólo operan en la medida en que quienes las experimentan reconozcan a quienes la ejercen”. [106, Violencia simbólica, P. Bourdieu(23)]. Un asentimiento de la dominación legitimada por la efectividad del discurso actual.
El discurso, creación simbólica del consenso
El proceso electoral, como el mito de Godelier(23), en el caso de los baruya, legitiman la construcción del consenso, es la eficacia simbólica del poder que domina y subordina: “los mitos son medios para convencer a todos, hombres y mujeres de que las cosas están bien como están, de que el orden que reina es el bueno y que implica legítimamente el ejercicio de una determinada violencia.....”. Se construyen códigos que determina el inconciente en una aceptación acrítica de una situación de sometimiento, la subordinación asumida.
“El mito legitima la violencia que contiene y trata de obtener el consentimiento, la cooperación de quienes sufren en la reproducción del orden que domina. En este sentido, los mitos son actos de violencia, pero de violencia ni física ni directamente sicológica, son creaciones del pensamiento y actúan sobre el pensamiento sin embargo, actúan como normas determinando conductas, producen acciones de segregación, subordinación, exclusiones”(94). Producción de grandes Hombres, Maurice Godelier.
Estaríamos frente a la construcción de un mito electoral. Efectos de violencia simbólica que naturaliza la subordinación y la dominación frente a sus oponentes débiles aún para enfrentar la contienda en un pacto de gobernabilidad que el mismo público observa inviable, inconsistente. Además por la experiencia del partido Unión Por el Perú, impracticable.
Con un discurso sutilmente desplegado, actuando sobre el imaginario, la imagen de eficacia de un candidato antes de ser lanzado, de quien la misma gente dice que no votaría por él pero saben que va ha ganar. Los marcos de un consenso ya fueron construidos en un orden de planificación sustentado en varios elementos mediáticos: el mensaje, el receptor y el objeto construido, con un gronograma que contiene estos elementos paso a paso.
Lo evidente convertido en enigma
La creación del consenso se vino gestando desde hace mucho tiempo atrás, en el imaginario con un sistema de producción de spot, basados, sobre todo, en su eficacia antiterrorista. Los medios se encargaban de construir en el imaginario una necesaria continuidad, imponiéndola como natural, construcción de realidades en el imaginario en un despliegue de eficacia simbólica, la aceptación normal de un candidato desgastado, tirano e inconstitucional convertido en éxitoso político sin rival.
Los famosos focus groups expandiéndose
como productores de simbología. En un marco desplegado intencionalmente.
Es necesario hacer un trabajo aparte sobre este punto.
Preguntas sutilmente lanzadas desde Radio Programas del Perú: ¿Está
de acuerdo con prolongar el feriado de fin de año un día más?
Los asalariados no son la mayoría, pero la venta de ilusiones es
una mercancía recurrente, se impone la idea de un día más
de fiestas. Justo en el momento elegido para lanzar su candidatura. Se ha
construido el contexto.Un espíritu festivo enmarcaría el re-relanzamiento
de Fujimori.
Es verdad que más de un candidato quisiera estar en las condiciones de Fujimori de este año 1999, sin oposición, sin figuras alternativas, ni proyectos ni propuestas alternativas, ni siquiera respuestas imaginativas... O es el momento de recoger los frutos de un trabajo paulatino, lento y soterrado.
En el plano público, explícito, son las condiciones propicias y circunstanciales construyéndolo como candidato único, aunque detrás ya está todo armado, sin embargo, la creación de consenso desde el imaginario, en donde fluctúa en ambivalencia, un gran sector de la población, continúa dudando.
La instrumentalización de las instituciones en el juego político mueve otras piezas operativas, en un medio completamente manejado, el controlismo, lo transitorio y comisiones interventoras mantienen latente amenazas sutiles; cada medida exige una respuesta: la inseguridad laboral, la falta de opciones independientes, empujan complicidades constantes. Se evidencian las dos características en la construcción simbólica del poder, ambivalencia y coerción.
En medio de este sistema de representaciones, la eficacia simbólica despliega objetivos precisos, naturalizar la imagen agresora en una de consenso. Con el uso de violencia explicita y simbólica en los medios de comunicación que destruye oposiciones, prestigios, en un juego utilitario de personajes e instituciones. Una imagen política en armonía con el lenguaje de los medios de comunicación. Espacio social e imaginario reproduciéndose.
La corona detrás del poder, como en todo buen gobierno real, el asesor (Vladimiro Montesinos) se frota las manos. La astucia gobierna la opinión, en la creación de un consenso basado en medias verdades, en obras magnificadas, en un uso del aparato estatal silencioso y efectivo.
La oposición como mecanismo de control
En los 80, la izquierda contenía debilidades metodológicas limitando sus posibilidades, debilidades que también le impidió construirse barreras contra el mecanicismo violentista propiciado por Sendero y MRTA, movimientos incubados en su seno, terminan por convertirse en su verdugo liquidándola, en un bumerang guillotina.
Sumidos en una formación marxista, asumiendo como natural la toma del poder del proletariado por la violencia, aunque siempre constatando que no era el momento aún, la Izquierda no percibía en el discurso senderista una decisión en las dimensiones vividas, una toma de decisión, como lo explica Carlos Iván Degregori(24) en Qué Difícil es Ser Dios, en forma vertical, transformando el dogma en principio, erigiéndose en totem autoritario y agresivo en contra de esa misma masa que aseguraba amar. Su perorata con ritmo monótono de haberlos aburrido a ellos mismos, acompañaba un sordo accionar, enloquecieron en su baño de sangre, perdiendo contacto con la realidad.
Mientras aquellos entrañables ilusos en su afán por trascender se inmolaron, en esa búsqueda desesperada de convertirse en héroes como nos enseñaron en la escuela (paradigma educativo basada en la formación católica y en el respeto a los paladines militares), sus discusiones, entrampadas en largas jornadas infructuosas, impacientaron el atado de sueños que los empujó hacia aquel horizonte, pretendiendo alcanzarlo, héroes de arena, cuya entrega y sacrificio hacía pensar en los soldados medievales en marcha por su fe. Ritualizaron su mística militante, símbolo de su vocación de sacrificio político que les permitió cohesionarse detrás del la búsqueda de igualdad.
En la mentalidad de los 80, pesaba con fuerza la construcción de un nuevo orden social; la convicción de la toma del poder por el proletariado y la urgencia de pertenecer a partidos políticos persistía como una constante de la que pocos escapaban. Sobretodo en la universidad, al mismo tiempo las debilidades de la izquierda colocaban barreras, disciplinados hasta la ceguera, coherentes intransigentes, con un sectarismo obtuso en todos los grupos, se sumaron aquellos silenciosos con su opción oculta que los atomizó, impidiéndose a sí mismos discusiones abiertas. En ellas se les señalaba por su inmadurez política, al asumir una vía de espaldas al clamor popular, éstos tomaban distancias y se ocultaban.
Terminaron encerrándose en su propia trampa, la gloria del guerrero que sugiere Clastres(25) en Arqueología de la violencia: la guerra en la sociedad primitiva, la guerra como institución en las sociedades primitivas con objetivo político de mantenerse indivisa, la sociedad contra el Estado, la sociedad construye a sus guerreros, éstos buscan la gloria que los lleva a la muerte, porque claudicar significa perder prestigio.
La violencia cercó a sus mismos gestores. Quedaron atrapados en su lógica. Por un lado, la épica de Cerpa (la toma de la residencia del embajador japonés) le impedía negociar, rechazando su salida a Cuba, optó por la gloria del guerrero, claudicar significaría estigmatizarse, perder el sueño heroicista que los impulsaba, en acciones que los diferenciaba de sendero. En el caso de Abimael Guzmán, su lógica de mesías lo llevó a capitular sin condiciones, con su captura dio por cancelada la lucha armada, al caer el mesías se acaba la guerra, cae doblegado por su propio cuento. Particularidades que tejen un tamiz extraño en la política del país.
Mientras estos sectores asumían el lado oscuro de la política, se abrían alianzas para IU de los 80, convirtiendo los frentes en organizaciones efectivas, concentradores de hegemonías, Juan Ansión(26) en su texto Autoridad y democracia en la cultura popular, lo describe de este modo “La violencia política actual desde la ultraizquierda proviene de aquellos que, en lugar de abrirse al frente, se encerraron más en su propia organización. Para el resto de la izquierda empieza un lento tránsito del espíritu de secta al de frente, de lo endógeno a lo exógeno. Ello es favorecido por la situación del país que desde las elecciones de 1980, obliga a los partidos a buscar alianzas, y que pone sobre el tapete la cuestión de la democracia”(pág. 77).
Se proyectan paradojas en la oposición, mientras unos se ocultaban, la mayoría de izquierda también marxista, ingresaba a un aprendizaje en la alteridad. Pero este proceso se vio truncado por la escalada senderista que fue en un ascenso espantoso, una 'impredictibilidad pervasiva' diría Hannah Arendt.
Cuando la izquierda como oposición se construía como una seria opción política, con miembros, líderes de una brillante trayectoria, se ven envueltos en la dinámica provocada por Sendero. Anonadados primero, sin aceptar que de su mismo seno surgiera tal calamidad, sin respuestas luego y posteriormente estigmatizados frente a la sociedad. Por más que se califique de ultraizquierda, por más que tengan víctimas, por más persecuciones que se hayan vivido, el estigma también alcanzó a la izquierda desautorizando sus planteamientos.
La pregunta parece congelarse, cómo pudo un grupo tan pequeño provocar daños de tantas dimensiones. El surgimiento de la violencia ha sido estudiada desde diferentes perspectivas, como el trabajo interdisciplinario propuesto en el libro Violencia y crisis de valores en el Perú(27), desde la ética, la filosofía, la ideología, la historia con antecedentes que Liliana Regalado de Hurtado(28) remite hasta el siglo XVI, Alberto flores Galindo(29), busca una explicación a través de Arguedas, Juan Ansión(30) y otros en La Escuela en tiempos de guerra, nos conduce hasta las profundidades andinas en donde se produce ese vacío afectivo de los escolares, lejos de sus hogares y lejos del conocimiento, representado por una escuela excluyente, segmentaria, vuelve a estos estudiantes vulnerables y asequibles a Sendero. Sin embargo, la pregunta aún se repite.
Lo que empezó con pintas y banderas en el cerro San Cristobal, como un cacareo atípico, continuó con hechos que la izquierda no podía aceptar como verdaderos. Atónitos, paralizados, incrédulos nos convertimos en testigos y víctimas de la locura senderista.
La subversión y contrasuversión acabaron con los frentes de izquierda forjados al amparo de reinvindicaciones en aquella época populares, hoy democráticos. El proceso de desarrollo ascendente que vivía la izquierda se truncó, desapareciendo del escenario.
Sus cientos de militantes, que construían esas redes de control social, de denuncias, participando como acuciosos personeros en los comicios del pueblo más distante, o están de ilegales en otro país o terminaron desconfiando de sus principios. La oposición programática, teórica desaparece, dejando vacío el espacio. Los medios vuelven invisible aquellos que consecuentes trastabillan aún en los pasillos del Congreso.
Una difusa oposición oscila, sin clara diferenciación, tratando de imitar el realismo oficial, golpeada de antemano, construye un pacto de gobernabilidad para enfrentar en esta contienda a quien ya se daba por ganador, muchísimo antes de su lanzamiento. El hábitat del consenso está listo para recibir al candidato único, fabricado a través de la orquestación sutil de los programas de los diversos canales, de las emisoras y los periódicos, en su mayoría afines al gobierno.
Mientras aquellos líderes
de izquierda, hoy personalidades democráticas, absorbidos por consultorías
estatales, limpian sus mentes de conceptos marxistas, caducos, se cuidan
de sospechosas presencias, y en una atmósfera de desconfianza levantan
nuevas murallas.
La hegemonía del temor construye el espacio del poder autoritario,
edificándose como alternativa. Las famosas redes de denuncias no
funcionan como mecanismos de control, no existe el impulso legitimador.
No sólo desde los sectores intelectuales más lúcidos
se da esta inercia de silencio cómplice, implicados también
en la fabricación del consenso, sino hasta la gente del pueblo que
ve sin inmutarse las mentiras, el robo, el fraude. La denuncia pertenece
a una etapa pasada.
La violencia terminó por destruir la verdadera oposición existente en el país con organizaciones y redes sociales eficaces. Sobre este hábitat, el poder provoca una adyacencia totalitaria, absoluta. La relación de poder, violencia y oposición invisible construye una hegemonía basada en los miedos, empujando hacia totalitarismos explícitos y democracias aparentes que la gente acepta resignada.
Dominación, subordinación , obediencia. El país en pleno parece sometido. Por qué olvidar que nuestros sueños de equidad social son vigentes aún hoy, época de postmodernidad y globalización. Conceptos construidos bajo los principios marxistas, a las que nunca podría renunciar, aunque ya no esté de moda decirse de izquierda, porque la decadencia industrial dio pase a la globalización y auge tecnológico, las teorizaciones sobre estratificación social han cambiado, de estructuralistas a posmodernistas, de... izquierdistas a democráticos, pero lo que no ha cambiado aún es ese fluyente sector social en búsqueda de desarrollo, en búsqueda de políticas inclusivas, políticas con contenidos que adscribo como lo propone la Red Peruana de Derechos Humanos 1987(31) “el criterio para evaluar el contenido y la eficacia de la política está en ver si es o no productora de vida, en esta perspectiva lo central de lo político es la vida como principio y objetivo, lo que significa que la violencia no constituye un articulador de proyecto popular” (pág. 24) Notas para un balance del discurso de la educación popular en el Perú, Luis Sime, en Los discursos y la vida, editora Nancy Palomino.
El consenso fabricado y la institucionalidad arrodillada
La violencia abrió espacios propicios para la institucionalización de la tiranía, destruyendo organizaciones populares que servían de control social al poder, impidiendo autoritarismo, absolutismos en esta época de desarrollo de los derechos democráticos. Es el concepto de poder basado en el consenso y la oposición que se construye como minoría legitimadora de éticas democráticas, marcando límites.
La democracia como utopía que construye poder y legitima autoridad, cuando existe oposición como fuerza política, es el ideal de una sociedad en desarrollo, con un Estado sustentado en principios constitucionales.
El panorama político del país es otro, inmovilización social, desconfianza a todo nivel, sin alternativas electorales, pero más allá de esto, hay una gran incapacidad para legitimar la ética democrática como regla de juego, las denuncias como mecanismos de control han caído en la inercia de un pueblo que ha optado por la hegemonía del temor.
En un uso de violencia simbólica,
el oficialismo se encarga de recordarnos como una constante la amenaza que
pende sobre nosotros, el surgimiento de brotes terroristas, reales o creados,
las noticias proyectan mensajes oscuros, opacos, traslúcidos.
Lo explícito en los medios es la presentación de una captura
magnificada: un Feliciano, para nosotros, temible. No lo podemos ver como
está, cojo, maltratado, hambriento. Esa construcción inconsciente
pesa más que la imagen real de un perseguido acorralado, que sin
la protección del anonimato, no es nada. O el anuncio de la próxima
captura de la esposa de Feliciano, otra peligrosa terrorista. Noticias repetidas
en diversas formas nos recuerdan los apagones, las bombas ...la muerte.
Aun cuando quisiéramos olvidar no podríamos... es imposible
sufrir de amnesia en estas condiciones.
Detrás de esta constante, se impone una política económica neoliberal, el ajuste estructural, alzas, intromisiones institucionales, intervenciones, a todo nivel, el sometimiento de los medios de comunicación, como estrategia política orquestada para darle continuidad a la instauración de un autoritarismo como proyecto de largo alcance, y la proliferación de agrupaciones políticas nunca antes observada, ahora sabemos que son impulsadas desde las esferas oficiales. Bajo el paradigma de divide y reinarás o divide y cosecharás... Mientras más divido está el electorado más seguro es el candidato oficial.
En el preámbulo electoral, los principios de Maquiavelo reescriben el capítulo peruano de poder, violencia, dominación (porque no existe oposición) y sin demasiados encubrimiento, en un uso de eficacia simbólica que ha creado la sensación de consenso frente al candidato oficial. criterios soltados sin 'querer queriendo' por los focus group, por encuestadores y por los medios. “Dicen que va a ganar...”
A la orquestación de los medios se suman pintas perfectas en cada cerro del país donde la mirada involuntariamente se posa “Perú, país con futuro”. Un sello perfecto recorrió las calles de las ciudades y pueblos. Una mano invisible (Consejo Transitorio de Administración Regional, CTAR), como casi todo, en este gobierno, realiza los trabajos. (la recopilación de firmas en los planillones presentados que nadie sabe en qué momento se hicieron, un millón 700 mil peruanos firmaron).
Este es lado oculto del plan, el cuerpo de aquella conciencia construida, y que producen dicotomías, los mismos que lo dan como ganador aseguran que no votarían por él. (40% según APOYO) Paradójico como la demasiada infraestructura desplegada en la propaganda de 'Perú país con futuro' que terminó desenmascarándose por sí misma al identificarse con el gobierno. Lo que empujó el surgimiento de otro nombre, no otro grupo, sino otro nombre, Movimiento Perú 2000, que sumaba a los otros grupos progobiernistas, también fabricados por los mismos personajes con el único fin electoral de obtener una mayoría parlamentaria absoluta. La dispersión y luego concentración de poder, cálculo matemático bien sustentado.
Eficacia simbólica
En la construcción de este consenso podría tomar como ejemplo a Radio Programas, tiempo de inicio del proyecto oficialista, objetivo aparente y explícito, financiamientos (Sunat y publicidad), personalidades (involucradas en empresas que brindan servicios al gobierno: Focus Group) y su propuesta oculta. Y es un solo ejemplo porque hay más. Pero no, partiré de aquello que no se nota, de lo real oculto que acompaña el concierto de los medios de comunicación en un plano orquestado con dos niveles paralelos de ejecución: en el imaginario como efecto inconsciente y lo operativo, como hecho contundente.
Las dramatizaciones efectuadas en el espacio público mediático, generadores de sutiles propuestas que por cotidianas se convierten en verdades populares, es la creación del imaginario como productores de simbologías, a su vez convierten en realidades desarrollando prácticas más allá de la propia conciencia. La eficacia simbólica naturalizando a un sólo candidato en el panorama electoral, configura un lado del aparato organizado.
El discurso público, legitimador, eficaz, constante. Un lenguaje creado por profesionales especializados en simbología (norteamericanos) para convertirlo en ganador y así captar ese público indeciso y definidor.
Estrategia política en la
construcción de una maquinaria que se mueve en esa esfera inconciente:
el imaginario. Reconociendo a Gramnsci “Los medios construyen la hegemonía
del poder”, sin embargo, lo simbólicoafianza esta construcción
de poder observado en el desarrollo de un planteamiento organizado.
Sintonizar con el público en un juego de acercamientos y generosidades
que sellan un contrato individual explícito, aparentemente, en los
términos de reciprocidades (Maus)(32) aún vigentes en la visión
popular, es su aporte político más evidente, basado en ello
y utilizando el escenario público se crean dos niveles de acciones
lo explícito (manejo de las apariencias) y lo real oculto.
Detrás de lo aparente, otra maquinaria pone en marcha el plan efectivo. Lo que dará respaldo numérico, fáctico al producto del imaginario.
Lo siguiente es una muestra de cómo el poder no es el resultado de relaciones de fuerza sino un producto fabricado en el imaginario. La ambivalencia, el manejo semiótico de realidades y su adhesión coercitiva condujeron un juego efectivo, con la cooptación de voluntades involucrándolas en su proyecto y el despliegue de mensajes sutiles en todos los ámbitos.
A continuación se presenta una muestra de cómo se instrumentalizan las instituciones al servicio de un mismo fin. Se escoge elementos que estén más cerca de elector en este análisis, el engranaje institucional partiendo de el municipio y el juzgado, porque tienen un punto de encuentro en el ordenamiento social, y otro de desencuentro, (se resuelven metonimias y dicotomías) como delatador de una instrumentalización ilegal. Además por lo cotidiano y a la vez determinante, se relaciona directamente con la unidad celular de este organismo social: el público, la masa electoral, adscrita a instituciones, el municipio y la rueda institucional que lo circunda hasta llegar a los juzgados, que a su vez son engranajes ubicados como piezas de un gran ajedrez político. Los poderes sometidos. La organización de una campaña electoral requiere de planificación, cada paso a seguir es bien pensado para alcanzar objetivos, mucho más cuando se trata de un candidato transgresor que tiene en sus manos recursos económicos vastos para ello. Implica que detrás de este personaje presidencial existe un poder instaurado desde inicios de la república, indicios abundantes son los mecanismos tradicionales que emplean para continuar en el poder.
La ruleta electoral
Como diría un cuento infantil, érase que era la historia de un candidato lobo o zorro disfrazado de hombre que en su afán por mantenerse en el trono decide convocar a muchos otros zorros también embriagados de poder y juntos planifican una estratagema aplicada punto por punto hasta llegar al momento de elegir el equipo de prensa que se encargará de la gran campaña ficción. Esto ocurre dos años, atrás., antes del proceso electoral. Me refiero a la formación del equipo de prensa de la campaña de Fujimori.
Una vez elegido a los cabezas del equipo de prensa, (cada uno encargado de un área, equipo secreto, como todo en este gobierno, (si la información es poder entonces concentremos toda la información en nosotros (SIN)) integra este equipo de prensa un respetable alcalde provincial, Guzmán Aguirre Altamirano, meses después, es también elegido presidente de la Asociación de Municipalidades del Perú (AMPE), a la vez ostenta otros cargos que tienen que ver con el medio ambiente y con la concentración de recursos económicos. Define a su posición este alcalde define políticas en los municipios, que es el tema de esta aplicación.
Pero su influencia más que económica tiene que ver con directivas, nunca jamás explícitas pero que se cumplieron lentamente, la adhesión de alcaldes independientes o de Somos Perú a las canteras del oficialismo. Aquellos que no se alinean simplemente son ignorados en la distribución de recursos correspondientes al medio edil.
Son 1814 alcaldías en todo el país, la gran mayoría ubicada en pueblos alejados, comunas con lamentable atraso político, para quienes lo más importante son los problemas económicos inmediatos, obtener servicos como agua, luz y escuelas.
La existencia de difuntos, ausentes, migrantes, presos o militares en sus registros, los tiene sin cuidado. Los datos actualizados en sus comunas carecen de importancia. O lo soslayan, pues en algún momento se sirvieron de ello, como el alcalde de Samanco en su tercer periodo, desgastado y sin apoyo volvió a salir elegido, el comentario general retrató el fraude, votó gente de otros lugares. Lo atestiguan sus mismos regidores y el pueblo entero, pero allí sigue sin un control a sus desmanes. El mismo que después de vociferar contra Fujimori hoy es fervoroso militante. De un mes a otro dejó Somos Perú, se pasó a Vamos Vecino, ejemplos como él, hay muchos más, quienes prestos a servir en lo que pidan están 'siempre listos' si ello significa asignación de presupuestos fluidos.
Estos alcaldes tienen reuniones continuas con el burgomaestre chimbotano. Bajo la apariencia de proyectos de desarrollo y la organización de obras locales se gestan sutiles alianzas. Tan sutiles que sería difícil denunciarlas sí los mismos burgomaestres no lo hacen, y aunque lo hagan, la interpretación personal de actos semejantes no constituyen prueba alguna, no son explícitas ni evidentes. Pero luego de un año de cotidianas reuniones un porcentaje de alcaldes distritales enarboló las banderas de cambio 90, Vamos Vecino, Nueva Mayoría “porque necesitamos recursos, no tenemos ni para pagar el teléfono ni al personal”. Pragmáticos como el jefe presidencial. El pedido de obras de estos alcaldes ya fueron programados, no según la importancia o necesidad de ellas, las prioridades se dan por el nivel de adhesión y cumplimiento de tareas electorales.
Lo real oculto es la organización silenciosa y eficaz de las municipalidades en torno a la campaña y a la recolección de firmas, rápidamente absueltas, entre otras tareas prácticas.
No es la suma de voluntades sino una organización pacientemente montada. Los rostros que aparecen son personalidades ligadas directamente al gobierno central, fuentes ya determinadas como públicas en el espacio abierto, Absalón Vásquez, personero del movimiento Perú 2000 y todo su equipo distribuido en diversas instancias, sin embargo hay otras personalidades semiescondidas, parapetadas en sus funciones .
El Ministerio de la Presidencia entrará a tallar desde enero próximo con el reparto de presupuestos a las subregiones. Todo previsto para crear la imagen de cumplimiento en obras. Los viceministerios de Desarrollo Regional e infraestructura se vinculan con las municipalidades, los CTAR, Foncodes, el INFES. Ingresan en esta trama otros Ministerios como Transportes con la COFOPRI y el reparto de títulos, el PRONAA con el reparto de alimentos, el Programa Nacional de Manejo de Cuencas Hidrográficas y Conservación de Suelos, Pronamachcs, directamente relacionados con la organización de las comunidades más pobres del Perú. La ruleta gira en un orden establecido de antemano.
La depuración del padrón electoral ingresa a otro terreno, en aquel lenguaje ambiguo, indirecto e íntimo, como un asunto más personal, decisión individual, persuasión eficaz ante el cumplimiento de quien debe continuar. Como un susurro al oído de un amigo beneficiado. (Ambivalencias, ambiguedades, interpretaciones) A este nivel se forjan lealtades, o complicidades abiertas, pues todo el pueblo es testigo pero no se atreven a denunciar. Es un murmullo que crece sin rumbo. Apagado por el aparatoso producto semiótico.
Según José Portilla, jefe de la ONPE, los planillones electorales están inflados con un volumen de 100 mil difuntos que no han sido depurados por los Municipios. Se suman las ausencias, gente que viajó a otras zonas o está fuera del país. El juego de medias verdades continúa, una apariencia de honestidad ocultando medidas fáciles y aplicables para terminar con este impase que ordenaría también a toda la institucionalidad jurídica del país. Existen 14 millones 470 mil peruanos en el padrón electoral, aptos si es que aún no se han tomado medidas.
Lo cierto es que esta depuración debe darse como hecho cotidiano, siguiendo las normas institucionales de ley que rige el país. Los municipios tienen la obligación de concentrar la información actualizada de las defunciones en el Archivo General de la Nación, que a su vez alimentará a los juzgados con información actualizada que permita limpiar la cantidad de expedientes pendientes, legajos existentes incluso desde sus inicios en 1823. (El Comercio 11/11/99).
Los municipios tienen la obligación de mandar todos sus patrones de información sobre matrimonios, nacimientos, defunciones al Archivo General de la Nación, aquí debe estar concentrada toda la información del país, hecho irreal. Se observa una institución interesada en mantenerse en inalterable atraso. Hubo un intento con Hernando de Soto de impulsar un orden, pero fue un intento fallido. El bagaje jurídico es muy fecundo para sustraerse de responsabilidades.
De toda esta maraña judicial, tomemos como ejemplo los juicios concluidos, los juzgados capturadores o juzgados penales en reserva, que en total son 10, en cada uno existe por los menos mil expedientes, salvo el primero, que tiene 3 mil procesos, todos ellos pendientes con orden de captura. En muchos casos, los individuos buscados murieron, pero su expediente se mantiene vigente por carecer de información No existe un registro actualizado de migraciones o defunciones.
Los casos que llegan a estos juzgados en ejecución son procesos concluidos, sólo para ejecutarse, sin embargo, los expedientes permanecen sumando acumulaciones legendarias por carecer de información confirmada y por una 'inexplicable' ineptitud. Los mismos jueces no se lo explican, en pleno proceso de modernización judicial, debido a que ahora es mucho más sencillo cruzar información con otras instituciones. En su solución han puesto énfasis en la capacidad personal, con remuneración adicional, intentado una agilización bajo el sistema de bonos por carga cumplida, más expedientes resueltos mayores ingresos, que incluye a jueces, policías y demás personal en el poder judicial,, pero no ha significado cambio alguno. Mientras F. Kafka no alcanza aimaginar estos pasillos, Balandier los observa “detrás de la fachada de las apariencias el desorden trabaja”.
Esta situación conduce a un entrampamiento judicial y da pie a una corrupción vertical en la institucionalidad, desde el policía que cobra por darlos como no habidos, sigue con secretarios, jueces, y finalmente es el poder sometido. En un enjambre de alineaciones cómplices. Desde la esfera del poder ejecutivo, se convierte en un instrumento de amedrentamiento, como todas las instituciones del país, al servicio del mismo fin, favorecer con interpretaciones legales o distribuir personalidades en ubicaciones claves para un 'proyecto continuista'. La intervención judicial ha servido a un sólo objetivo, legitimar una re-relección inconstitucional, que no tiene que ver con modernización, y retrata una imagen de total falta de autonomía, dejando el sistema de seguridad jurídica en el ámbito de las ambiguedades, arbitrariedades y clientelismo político.
La fragilidad institucional en el país es la herramienta más eficaz que maneja el actual candidato para imponerse como ganador. No sería extraño reconocer el voto militar, la resurrección de difuntos, más los ausentes o los presos que suman 26 mil 680, población nada desechable. ¿Quién tiene la suma total de este grupo social? El trabajo de Transparencia con ser bueno no alcanza las dimensiones globales del problema.
Libre las mesas de personeros acuciosos y con agrupaciones, en su mayoría afines, ¿qué control social puede haber en estas elecciones?. La imagen de Castañeda Lossio, surgida de las canteras gobiernistas no es confiable, extraña aparición que no ha causado mayor expectativa, Andrade como representante del empresariado nacional, se constriñe a la ciudad, Toledo sin diferencias, copia fujimorista no cuenta con aparato...El Foro Democrático no sale del discurso tradicional. Salvo personalidades como Javier Diez Canseco, Anel T.…. no logran construir un espacio masivo. Oposición no existe hoy.
La semiótica ambivalente
Todo este entramado, opera protegido por los medios de comunicación, manejando con maestría el espacio semiótico de ambivalencias. En esta rueda, girada por el poder, no escapa ni un medio sobrio e independiente como es El Comercio. En cuyas páginas también se construye el espectro democrático de este proceso electoral.
Noticias emitidas por funcionarios
naturalizan la anormalidad. Jueves 11 de noviembre de 1999 (Página
a10) Este es el titular sobre el desorden existente en el Poder Judicial
con sus miles de expedientes, muchos miles aún pendientes:
“Antetítulo: Documentos en Regla
Título: Clasifican legajos que datan de inicios de la República
Subtítulo: Litigantes y abogados se beneficiarán con la sistematización
de los expedientes más antiguos que existen en el Poder Judicial”
El punto de vista de un orden para
los usuarios esconde, lo más grave, la cantidad de expedientes vigentes
de difuntos. Noticia que se da, dos días antes de otra emitida también
por las mismas fuentes.
Antetítulo: Depuración oportuna
Título: Hoy se publicará padrón electoral para verificar
datos
subtítulo: El público puede avisar de incumplimiento....
Dos noticias que salieron de la misma
fuente, aparentemente sin relación, y con un mensaje de legalidad
institucional evidente. Son medios que reproducen seriamente noticias propiciadas
por un aparato estatal interesado en crear una apriencia de legalidad institucional.
Una depuración que no alcanza la dimensión nacional (municipios)
y un orden judicial ajeno a la realidad.
Los medios de mayor llegada Radio Programas y El Comercio. Cumplen su función
informativa, y caen en este juego al hacerlo, que no es el caso de los medios
de 50 céntimos crados para servir a la reelección de Fujimori.
Encadenado sobre estas construcciones, el público elector se piensa
libre de optar.
* En este retrato de la vida contemporánea de 1999, aún se
desconocía lo intrincado de la mafia en que se había convertido
el país, aún permanecía en el anonimato el asesor y
estaban preparándose para un nuevo periodo de gobierno con Fujimori
re reelecto. Era 1999. El cambio de milenio traería para el Perú
el desmoronamiento de una mafia sustentada por siglos de poder.
Bibliografía
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María Rostworowski. Historia del Tahuantinsuyo (12)
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Católica 1995. (11)
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C. I. Degregori. Qué difícil es ser dios (27)
Juan Ansión, otros. La escuela en tiempos de guerra (29)
Juan Ansión. Poder y autoridad en los andes. Allpanchis 33. (34)
Editora N. Palomino. Los Discursos y la vida (30)