




Clara Rojas
El rumor, el chisme, la injuria se han convertido en materia de estudio. Han salido artículos en periódicos, existen investigaciones, se emitieron también programas de TV dedicados al tema de la envidia. El chisme compone un sistema de control social. El rumor se analiza desde la perspectiva antropológica como el momento que sirve de refugio cuando no hay forma de encausar la angustia. La envidia explica la necesidad de reconocimiento en una sociedad signada por la escasez. La injuria se convierte en un instrumento que interpela la propia identidad. Induce a mirarse a sí mismo.
Se ha recordado mucho lo escrito en el 60 por Carlos Delgado sobre el sobe y el raje en la sociedad limeña. Dos aspectos de un mismo malestar alimentado por la existencia de patrones sociales jerarquizados en extremo.
La envidia, la angurria, son sentimientos y conductas que han dado lugar a obras magistrales como El Conde de Montecristo, tan cotidianas y universales como el pan de cada día. No es exclusiva de la sociedad peruana. Entraña rupturas, negación, brechas. Se hace más visible entre nosotros por la heterogeneidad de sectores sociales, diversidad étnica, diferencias económicas. Muestra una alteridad en conflicto. Unos y otros se miran criticando sus usos y costumbres. Existe un documento del siglo XVI que describe cómo ambas naciones andina occidental se critican mutuamente:
El español: ¡Oh, salvajes, idólatras, no conocen la pólvora, la rueda, ni caballos, no saben leer!
El andino: ¡Animales!, arman sus casas en el cauce del río, malogran los andenes. Queman los quipus, destrozan los caminos!
El raje anima las veladas. Entran al círculo hombres, mujeres, mayores, jóvenes. El punto se vuelve centro de atención. La chacota divierte más. También existen juegos como el palo encebado o forma parte del anecdotario el cangrejo peruano casi por escapar de la canasta pero otros lo jalaban de la pata para hacerlo caer. Hasta hay una canción llamada la mosca que mira desde arriba al objeto de su desprecio. Se ha vuelto común escuchar que el peor enemigo de un peruano es otro peruano.
No por gusto tiene sintonía un programa de espectáculo que basa su raiting en la destrucción de la imagen. El escarnio da sintonía. Reír del drama del otro se ha vuelto entretenimiento.
La secretaria de una reconocida universidad particular celebraba las iras de su jefa, que acostumbraba a lapidar a sus colegas:
- Si no conoce algo de ti, lo inventa.
Una manera de bajarse al oponente es el ataque rastrero. Otra vez la escasez construye sus propias formas de socializar el bien perdido. Generalmente, la víctima ignora el rumor que la circunda. En ámbitos de inestabilidad laboral, donde la amenaza de despido circula cual moneda corriente es mucho más frecuente. Una equivocación ridícula se vuelve instrumento de injuria. No importa los caracteres de inverosimilitud que pueda tener:
Ni una trayectoria impecable puede detener la avalancha.Queda como una mancha indeleble.
Un error detectado a tiempo se vuelve delito, la basura en el espacio público propicia réplicas gratuitas de una jauría ávida. Nuevos denuestos convierten a un ser humano en un especimen mefistofélico, aquello que conocimos desaparece para dar paso al retrato escabroso de Oscar Wilde. Mientras el autor esconde la mano.
De ello dice un sicólogo “por proyección ves en otro lo que tienes dentro de ti”
El abogado: “tienes derecho a pensar o decir lo que quieras, siempre que no traspase el ámbito de la intimidad, cuando se llega al terreno de lo público, te puede caer un merecido juicio.
Qué dice un buen amigo: No eres responsble de lo que otros dicen de ti, sino de lo que tú dices. “un amigo no necesita explicaciones y el enemigo no las cree”.
El raje se hace un modo de existir. De tentar honduras escudados en el anonimato, en la oscuridad.
Nuevas fórmulas de quema de brujas se instituyen en círculos inesperados. Es parte de la condición humana universal. No es propiedad de los peruanos. Quizás lo que más nos distinga no es motivo de difusión: esa inmensa solidaridad de pueblo cariñoso abierto al mundo como fuente de su riqueza: he ahí el origen de nuestra diversidad. pero este inmenso valor queda sepultado por la escasez.