CLAMA LA TIERRA
Clara Rojas
25.4.2010. Un sentido intenso de comunicación existe y es notorio entre los originarios y la tierra. Todo el entorno tiene un lenguaje legible, entendible que da cuenta de hechos que para otros ojos son absolutamente crípticos. Esta capacidad contemplativa de la naturaleza fue convertida en ciencia por los antiguos peruanos que desarrollaron los medios de estudiar los fenómenos de la naturaleza y sus cambios.
Efraín Cáceres Chalco detalla en su trabajo El llanto del Zorro los observatorios levantados para este efecto: “cumplen funciones de observatorios astronómicos, o centros de oráculos: Moray (Earls: 1989),Tiahuanaco, Qurikancha (Bauer y Dearborn: 1998), Las Islas del Sol y de la Luna(Bauer, Stanish: 2003) y últimamente el observatorio de Chankillo (Grezzi y Ruggles:2008). Todos estos lugares fueron centros de observación con el fin de tener una información rigurosa del “tiempo” y su conducta con fines productivos en la chacra y el cuidado de los animales”.
A pesar de no existir ya un sistema semejante, en nuestros pueblos se mantiene vigente ese diálogo con la naturaleza. El entorno platica con su gente. Cuando aún nadie hablaba del cambio climático, me encontraba con Martha Ramírez en Puerto Pizarro. Ella me decía que hacía poquito nomás cruzaba rauda por las tardes la distancia entre la orilla de puerto y la Isla del Amor, a un km de distancia. ¿Porqué será que ahora ya no se puede? La marea ya no baja más, lo hacemos en lanchas que nos llevan y nos recogen. Era maravilloso sentir la arena húmeda al correr por ese tramo, podías ver pececillos aleteando alegres.
Berni Zapata ya no puede cruzar a pie al tramo a la isla del amor y disfrutar de la arena al caer la tarde.
Le preguntamos de ello a los mayores del lugar. Ésta fue la respuesta: La tierra clama por tranquilidad! No entendí. Tampoco pregunté más. El tono de tristeza hondo me dejó muda. Imposible enterdelos en esos momentos, en medio de un paisaje incomparable, Juancho un cocodrilo de 80 años retozaba plácido en su lagio, Manglares, aves exóticas, únicas, un bosque surgiendo del mar, como en cuentos fantásticos, absolutamente increíble. El paraíso encontrado. Con todos su frutos en flor, dispuestos en la mesa con la generosidad de la gente norteña. De unas y otras lanchitas nos lanzaban pescados, moluscos, conchas para el almuerzo en la Isla. Al llegar, la anfitriona se ofreció a preparlo en el acto. Sin ningún costo, todos disfrutamos de esta naturaleza pródiga. Como viejos conocidos y era aquella la primera vez que llegaba.
Poco después me enteré que Pastorruri (cinco mil m de altura), Huaraz, ya no estaba tan dispuesto a recibir visitantes porque el deshielo lo estaba minando. En esos momentos le echaban la culpa a las bolsas de plástico tiradas por negligentes.
Expertos daban la siguiente medición en Pastoruri: 1,8 kilómetros cuadrados de superficie cubierta de hielo en 1995. En 2001 pasó a 1,4 kilómetros cuadrados y en 2005 llegó a 1,1 kilómetros cuadrados. En 25 años este espacio no existirá más.


Pastoruri desaparece como el paraje de nieve en donde jugábamos felices.
La naturaleza era nuestra.
El nivel del mar aumenta, gana más y más terreno. Solíamos veranear en Embajadores cuando el espacio ahí permitía armar sendas sombrillas, ahora a las justas hay una tripita de orilla que casi siempre desaparece.
En todo el litoral puedo ennumerar la cantidad de playas que habían sido nuestras en algún momento. Desde Nazca hasta Tumbes. Ahora están devoradas por una creciente marea cada vez más alta.
Deshielos
Los deshielos están provocando el desborde de ríos, lagunas. Hay peligro de desprendimiento no solo como ocurrió ultimamente en Huaraz, sino en diversas partes del país y del mundo.
El hielo se desprendió del nevado de Hualcán de la coordillera Blanca sobre La laguna 513, en la quebrada Shonqui y Rajupaquina provocando la inundación de Hualcán, Acopampa, Obrabaje, Queshquipachán y Pariacaca, carhuaz en Ancash. El río Chucchun convertido en un inmenso flujo de lodo arrasó con todo a su paso.
Amazonas, Cajamarca, Huánuco se mantienen en alerta, las inundaciones han causado pérdidas inmensas. Cusco sufrió de inundaciones en diferentes puntos.
Tendríamos que tomar atención a la sabiduría de los mayores originarios que están en sintonía con la naturaleza. Con su sabiduría ellos consideran que la naturaleza y el hombre es un mismo ser. Lo que haga tendrá un efecto sobre la tierra. Y lo que le pase a la tierra recaerá sobre el hombre.